Anda estas últimas semanas dando una penosa imagen Susana Díaz, arrastrándose por el barro del PSOE para proteger la nómina que lleva a su casa. Lejos quedan los tiempos en que Pepe Griñán la señalaba como sucesora al trono de San Telmo. Tan lejos que ya no son más que sueños de una noche de verano en Triana. De tenerlo todo a perderlo todo. De Khaleesi del Tardón a estar en los minutos de la basura del PSOE de Andalucía
Aunque ganó, perdió. Y perdió el trono de hierro de los 38 años de absolutismo del PSOE en Andalucía. Y eso conllevó a despidos de cargos y de títulos repartidos por toda la región. Desde las entrañas de la Junta –asesores incluidos– hasta la administración paralela llena de conocidos y allegados al partido. La antigua Khaalesi del Sur aun no entiende que todos esos la tienen en el punto de mira por dejar a tantos tirados en las frías colas del paro. Y su partido es un partido que mide la fuerza en los congresos por la capacidad de manipular los brazos de madera que sujetan nóminas. Si no hay nóminas no hay lealtades. Esa es la lección que aun le queda por aprender.
Ella fue capaz de deconstruir la herencia recibida, de arrasar con el modelo que se fue edificando desde los lejanos días de Rodríguez de la Borbolla y Camoyán, de pactos de sangre y de poderes cosidos con el hilo del poder provincial. Borbolla se fue, pero le buscaron acomodo en una interinidad en la Universidad de Sevilla cuando Alfonso Guerra dinamitó San Telmo y colocó a Carlos Sanjuan al frente de las tropas del Sur. En eso, el bueno de Manolo, el candidato a palos, vino a poner orden a unas huestes que eran levantiscas y donde Pepe Caballos sacaba su libreta llena de nombres en la era de la renovación. Emilio Carrillo se quedó él solo con aquello de la turborrenovación. Eran los tiempos en los que Felipe decía que el candidato a la Junta debía ser el secretario general del PSOE de Andalucía.
Luego se inventaron las primarias y en Madrid las ganó –gracias a la gota ácrata- Borrell frente a Almunia, y no pararon de moverlo hasta que le obligaron a irse. Luego descafeinaron las primarias y los primarios. El PSOE entró en barrena, y tras la dimisión de Almunia se enfrentaron el bueno de Bono y el desconocido de Zapatero. Bono llevaba de secretario de Organización al famoso Pepe Caballos que los señalaba a todos con el bolígrafo y su libreta. Era el momento también en que, como ahora, Francisco Toscano, alcalde perpetuo de Dos Hermanas, se enfrentó a caballos, ponis y los que se le pusiera por delante. Y ganó Zapatero.
Y llegó la oscuridad
Tras la huida de uno de los peores presidentes de la historia de España, desde la llegada de los visigodos, peor incluso que el gobierno de Fernando VII, llegó la oscuridad al PSOE de Madrid que intentó levantarse nombrando a Pedro Sánchez heredero de todas las haciendas y títulos. Y en eso llegó el famoso No es no, que tanta sangre costaría. Hubo rebelión de los ninis, encabezados por los del Sur, con Susana desbocada exigiendo todo el poder para los soviets del Sur que ella comandaba. Y esperó a Pedro en un comité donde Verónica Pérez dijo: «Aquí mando yo». Y le mostraron a Pedro la puerta de salida para que gobernara Rajoy con la abstención.
La gestora fue tomada al asalto. Mario, que no aquel de la historia de Roma que tanto dio que hablar en su lucha contra Sila, sino el de apellido Jiménez, se puso como organización y como fontanero del Susanato manos a la obra. Congreso extraordinario. Y surgió de nuevo Toscano para salvar los muebles del partido. En Dos Hermanas empezó todo. Muchos firmaron por avalar a Susana, muchos la apoyaron en los mítines, en las fotos y en sus agrupaciones, pero Susana se había olvidado de aquella máxima del sufragio universal: un hombre, un voto. Y las bases se alzaron contra los cargos nombrados a dedo de su estructura. Contra los ninis de partido que habían sustituido a la primera generación que ganó en 1982. A esos que nunca tuvieron nómina fuera de los cargos del partido. Aunque Pedro, el elegido, fuese uno de ellos. Pero la masa social del PSOE no quería a Susana en la silla del trono de Madrid.
Susana tomó conciencia de que, si se iba, no tenía trabajo al que volver ni nómina en la que refugiarse
Y ella, cabizbaja, se vino a Sevilla a poner orden en sus filas. Pensando que su destino se había roto cuando cruzó el Rubicón de Despeñaperros. Ella, que nunca fue derrotada en congresos a la búlgara como acostumbraba. Marchó señalada por Pedro Sánchez. Y luego llegó la aciaga noche del 2 de diciembre de 2018 cuando perdió la silla de presidenta de la Junta de Andalucía. Ella, que era como la princesa que escribió Rubén Darío. Ese día sintió lo que sintió Boabdil el Chico cuando dejó atrás la Alhambra y a Granada. Como se sintió Aníbal Barca tras la triste jornada de Zama. Pero ella no es tan grande como para estar en los libros de historia.
Tomó conciencia de que, si se iba, no tenía trabajo al que volver ni nómina en la que refugiarse. Que toda su vida había vivido de la paga del partido. Si se iba, acabaría en las largas y frías colas del paro. Y se aferró con más ahínco a la silla del partido y al escaño parlamentario andaluz. Aunque eso supusiera hundir el partido hasta sus cimientos en la peor oposición de la historia andaluza. Si ella se iba, el partido se iba con ella por los vagantes y las alcantarillas de la política andaluza. Las bases seguían sin importarle, solo los cargos orgánicos puestos por ella a dedo. Aun no ha aprendido la lección de las primarias de Madrid. Los siervos de la gleba. como considera a su militancia. también votan, y dejaron una vez, alto y claro, que no la quieren a ella. Ahora se aferra al último tren que le pasa, sin saber que ese tren va ya por vía muerta. Porque mientras ella siga, el PSOE de Andalucía se hunde cada día más. Porque aun no ha entendido que el problema es ella.
No se entera porque es tonta del culo
Magnífica exposicion de hechos D Antonio, espero que la entiendan hasta los mas tarugos
No creo que a esta le vaya a faltar alguna puerta giratoria cuando se vaya.