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El parlamentario andaluz Nacho Molina.

Política

Nacho Molina: «El PSOE es una empresa en la que ahora, los que mandan, son los hijos de los que mandaban en los años 80»

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El parlamentario andaluz de Adelante Andalucía, fuera del grupo «por decisión de Madrid», describe minuciosamente todo el culebrón de las izquierdas y se reafirma en la necesidad de un proyecto político con identidad propia y sin ataduras ni intereses creados

El sevillano Nacho Molina ha vivido en sus propias carnes las típicas traiciones y estrategias maquiavélicas en la sombra que se dan en la política desde tiempos inmemoriales. Asegura que está fuera del grupo parlamentario «por decisión de Madrid». En esta primera parte de la entrevista con EL LIBRE, Molina habla de conciliábulos, tristes realidades, esperanzas de futuro y pone a cada uno en su sitio, incluido Pablo Iglesias.

-¿Cómo es posible este divorcio entre las dos izquierdas que más esperanza generaban en el votante?

-La figura del portavoz juega un papel fundamental. Nosotros éramos 11 y ellos, seis. En el acuerdo de distribución de responsabilidades dentro del grupo, se decidió dar la portavocía a Izquierda Unida, porque nosotros nos quedábamos con las dos portavocías adjuntas y la presidencia del grupo, que es más testimonial que práctica. El portavoz es el que traslada a la Mesa los acuerdos y las decisiones que toma el grupo. Esa potestad la utilizó Inmaculada Nieto para registrar el papel en el que nos consideraba tránsfugas por no pertenecer ya a Podemos. También le avalaba el acuerdo que acababan de firmar en Madrid los partidos para renovar el Pacto Antitransfuguismo. En el reparto de las comisiones también fuimos absolutamente generosos. Todo esto lo considero una bomba lapa que esta gente le ha metido a Adelante Andalucía.

-Tuvieron ustedes la ocasión de relevar a Inmaculada Nieto de la portavocía, pero decidieron perdonarle la vida, ¿no?

-Efectivamente. Un mes antes de esta bomba tuvimos algunos motivos serios para haber planteado el relevo de Inma como portavoz del grupo, porque había mantenido, sin conocimiento del grupo, algunas reuniones con el PSOE y con el Gobierno para algunos temas presupuestarios. De hecho, en los últimos meses hubo algunas declaraciones que eran claramente divergentes y aquella situación nos hizo reflexionar. Pero entendimos que relevar a Inma como portavoz del grupo era una decisión demasiado brusca y que el motivo que nos había dado para su relevo, aun siendo suficiente, nos parecía suficiente con sacarle tarjeta amarilla y advertirle que no podía hablar en nombre del grupo sin que el grupo lo supiera. Preferimos templar antes de dar la estocada y decidimos dejarla como portavoz. Y fíjate lo que pasó después.

-Ustedes están preparando un recurso de amparo para presentarlo en el Tribunal Constitucional. ¿Cómo va ese trámite?

-Nosotros somos 11, más grande que Vox y que Adelante Andalucía. Tenemos la capacidad de hacer un poco de ruido. También hay un elemento que los que han promovido toda esta locura tienen en la cabeza (me refiero a los partidos que no son PSOE ni IU y que han empujado a nuestra expulsión del grupo en la Mesa): el recurso de amparo que vamos a presentar en el Tribunal Constitucional. El equipo de abogados que lo está preparando lo está haciendo con cariño y con detalle y, en ese recurso, solicitamos medidas cautelarísimas, es decir, le pedimos al Constitucional que, antes del pronunciamiento definitivo, adopte una decisión previa que nos permita restituirnos en la legalidad. El Pacto Antitransfuguismo no es derecho, es un acuerdo entre partidos, que se autoimponen un código de regulación para aplicarlo en los ámbitos institucionales donde cada uno esté. Desde hacía 10 años no se reunía y Podemos y PSOE promueven apresuradamente dos sesiones en dos tardes, celebradas casi a marcha martillo, en las que deciden incluir el texto nuevo que se incorpora al acuerdo, aprobado solo por la mitad de los partidos que forman el pacto. Y ni siquiera dejan que se siente el partido de nuestra senadora, Pilar Sánchez, legalmente constituido como es Primavera Andaluza y que, como tiene representación en el Senado, tiene toda la legitimidad de sentarse en esa Mesa. Le veta Enrique Santiago, del Partido Comunista, la mano derecha de Pablo Iglesias en la fontanería de Unidas Podemos. Hay mucha gente interesada, dentro del PC, en que Izquierda Unida se diluya y Unidas Podemos es un magnífico contenedor para que se disuelva IU.

Nacho Molina en una intervención en el Parlamento de Andalucía.

-¿Esta separación tan brusca, este conflicto político televisado tan inesperado para los andaluces de izquierda, le pasará factura al partido de Alberto Garzón?

-Seguro. Hay mucha gente de IU en Andalucía muy enfadada, por un lado, porque entienden que la decisión de reventar el grupo parlamentario (y lógicamente la coalición) la toman tres personas: el secretario general del PC en Andalucía, Ernesto Alba; la portavoz del grupo, Inma Nieto; y el coordinador general de IU en Andalucía, Toni Valero. Había diputados del propio grupo parlamentario, que son de IU, que no tenían ni idea de lo que se estaba cocinando. La decisión se ha tomado a espaldas de las bases de IU y de la dirección andaluza y de la colegiada. En ese ámbito no había casi nadie que supiera lo que se estaba cocinando. A mí me ha dicho gente de IU de algunos pueblos de cierta relevancia que no nos ven como tránsfugas.

-Habida cuenta del presidencialismo que caracteriza ahora a Pablo Iglesias, ¿todo aquello de las confluencias, círculos locales independientes en plataformas ciudadanas y agrupaciones de electores que defendía Podemos fue un espejismo? ¿Ha fagocitado también a Izquierda Unida?

-Le explico: los que realmente han cambiado de posición política son los de la dirección de Izquierda Unida en Andalucía, que firmaron con nosotros algunas líneas rojas: no cogobierno con el PSOE y construir un sujeto político andaluz capaz de llevar la voz de Andalucía al Congreso en igualdad con los compañeros de otros territorios en un marco federal, pero con independencia orgánica, jurídica y financiera de Madrid para acabar con el centralismo de partidos. Pero Podemos nos ha tenido asfixiados, porque hemos estado batallando por tener una identidad orgánica dentro de Podemos y ha sido imposible. Al final, no teníamos acceso ni al censo de inscritos en Andalucía: tenía que pedirle a Madrid por escrito la comprobación de datos de compañeros. Así hemos estado tres años. No teníamos ni CIF propio, algo que sí tiene Ciudadanos.

«Pablo Iglesias decidió meterse en el Gobierno y lo van a devorar. Esto le va a pasar factura electoral a Podemos de manera importante»

-¿Qué papel juega Andalucía en el Congreso?

-Andalucía pesa mucho y, si consigue tener autonomía de funcionamiento con grupo parlamentario propio, por ejemplo dentro de Unidas Podemos, lo sumas a catalanes y gallegos y al final Pablo Iglesias se quedaría en minoría dentro del grupo. Y eso les da mucho miedo, ya que Andalucía supone el 17% del Congreso.

-¿Podría el votante pasarse a la derecha viendo las catastróficas desdichas de la izquierda andaluza?

-Podría pasar que el descontento se proyecte en la ultraderecha y eso hay que evitarlo. Veo mucha gente joven que está viendo que Andalucía sigue siendo la chacha de la película y a lo mejor ya nos toca desempeñar un papel protagonista. Hay espacio político para una fuerza de izquierdas, socialista de verdad y andalucista. Porque el PSOE no es un partido socialista, sino una empresa que funciona como una sociedad anónima donde ahora los que mandan son los hijos de los que mandaban en los años 80. Por eso estamos intentando construir algo interesante con Adelante Andalucía.

-¿Se siente liberado tras el divorcio con IU?

-Sí. Personalmente, siento una cierta liberación política, porque la relación política con IU ha sido difícil en el ámbito de la coalición y del grupo parlamentario. El hecho de que ellos viraran para abrazarse al PSOE y meterse en el Gobierno (IU tiene deudas importantes con los bancos y una fontanería que tiene que sostener a muchos liberados) ha pesado más que las verdaderas razones políticas que les llevaron a hacer la coalición. Ahora ya se han trazado los caminos y cada uno sabe lo que quiere. Es como cuando te desembarazas en la fiesta de esa persona tan pesada que te está amargando la reunión hasta que te quedas con tus amigos y dices: ahora voy a pasármelo bien. Vamos a construir lo nuestro, que nos dejen trabajar y competiremos electoralmente.

-¿Con la fragmentación de la izquierda andaluza pierden todos?

-Eso sí, nos va a tocar hacer mucha pedagogía para contarle a la gente nuestro programa y lo que queremos hacer. Mientras más fragmentes, menos consigues. Eso es impepinable. Y muchos votos se desperdigan y se pierden. Pero, por honestidad política, dijimos que no al Gobierno con el PSOE en Madrid y decimos que no aquí al Gobierno con Susana Díaz. Y cuando le dijimos a Pablo que no se metiera en el Gobierno, que apoyara la investidura y, desde fuera, seguiríamos haciendo crecer el proyecto, al final decidió meterse dentro y lo van a devorar. Esto le va a pasar factura electoral a Podemos de manera importante.


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