Simplicidad administrativa, por favor

Actualizado 17/03/2026 15:42

Comparte este artículo:

Voy a montar una frutería, pero como yo soy un tipo muy serio, mi frutería también lo va a ser, así que, para comprar fruta en mi frutería, usted tendrá que hacer una solicitud con abundante documentación

Obviamente, si hay algún error en la documentación que usted me presente, yo se lo comunicaré y le daré un plazo para subsanar su solicitud, volveré a revisarla y si todo está correcto, procederé a cursar su solicitud para la compra de fruta. Como ya he dicho que soy un tipo muy serio, pues no podré ser yo mismo el que revise la solicitud y el que la conceda y ejecute. Si así fuese, es probable que a mis amigos les acelerase el proceso y al resto se lo mantuviese igual o se lo hiciese más lento. Total, si usted quiere 1 kg de naranjas aprovechando que estamos en temporada, igual se las entrego el año que viene, o a otro, vaya usted a saber. Y una vez entregadas, por descontado solicitaré documentación justificativa que me asegure que esa fruta ha sido correctamente empleada y no se ha asignado de forma fraudulenta. Por descontado, para gestionar tal volumen de documentación y un proceso tan complejo, necesitaré contratar a muchas personas. El coste de estos contratos inicialmente lo pagaré yo, pero lo repercutiré en el precio de la fruta, por lo que lo acabarán pagando los osados clientes que entren por la puerta voluntariamente u obligados.

¿Es un despropósito verdad? Cualquiera en su sano juicio se dará cuenta de que el párrafo anterior es una absoluta barbaridad, una aberración. No hace falta ser un gurú de los negocios para vislumbrar que ni el tato iba a comprarme fruta, que, habiendo otras fruterías y supermercados, nadie en su sano juicio iba a cruzar la puerta de mi negocio.

¿Seguro? Un momento, hay una posibilidad, que la mía sea la única frutería en muchos kilómetros a la redonda o que el gobierno por ley les obligue a entrar a mi frutería o a dejar de comer fruta, con lo sana que es y lo buena que está, vaya por Dios. Y si ya quieren el despropósito absoluto, igual si tienen un huerto y se les ocurre la osadía de tener árboles frutales, el gobierno les cobrará una tasa, porque me están haciendo la competencia desleal produciendo fruta sin ser tan serios, tan rectos y justos como yo. Sí, ríanse, pero esto en España ya lo hemos visto: se llamó impuesto al sol.

Subvención sin papeleos

Pues bien, sí que existen una (o muchas, según se mire) fruterías de este tipo, se llaman administraciones públicas y no, usted no puede elegir. No puede elegir si pagarlas o no, los impuestos son de obligado cumplimiento. En parte esto es bueno, aunque lo convierte a usted en ese cliente que no quiere entrar a la frutería voluntariamente, pero tiene que entrar obligado. Además, como la Administración no es elegible por el ciudadano, pues o vas o no vas y te quedas sin comer fruta, no hay otra posibilidad.

Revoluciones aparte, vamos a intentar arreglar o mejorar esta situación de la forma más razonable y sosegada posible. Si una administración quiere conceder una subvención para que compremos coches eléctricos, para que mejores la eficiencia energética de tu casa, negocio o comunidad de vecinos, para que instales sistemas de autoconsumo eléctrico… total para lo que nuestro gobierno estime oportuno, hoy no vamos a abrir ese melón. ¿No sería más fácil que aplicasen esa subvención instantáneamente, sin papeleos? O al menos de forma mucho más sencilla de lo que se hace actualmente.

Se me ocurre, por ejemplo, las ayudas del Plan Moves para la compra de vehículos eléctricos, ¿No podrían ser un descuento directo en el IVA? Vale, que sí, que siempre podrían existir empresarios choricetes y, si le bajan el IVA, mantienen el precio del producto y aumentan el beneficio. Sin embargo, aquí ya hay competencia, tú te compras el coche de la marca que tú quieras, y digo yo que todas no van a mantener el precio de venta para quedarse con la bajada del IVA. Valgan como ejemplo positivo siete marcas que adelantan las ayudas del Plan Moves actualmente, haciendo una labor que deberían hacer nuestras administraciones públicas.

Reducción de impuestos

Dejemos los coches eléctricos y vayamos a las subvenciones y ayudas para autónomos y pymes. Pues más o menos igual, sumen ustedes el tiempo de tramitación (periodo en el que puedes presentar la solicitud), el periodo hasta la resolución de la ayuda (entre tres meses y un año) y el tiempo de cobro (entre tres y seis meses o hasta un año). Obtendrán un resultado de tiempo entre la solicitud y cobro de la ayuda que variará entre más seis meses y dos años, pero el calvario no acaba aquí, sino que después tienen el periodo de seguimiento para justificar el dinero, que puede durar otros seis meses o más (Infoautónomos, 2021). Vamos, una maravilla, como para contar con la ayuda en el plan financiero de cualquier empresa. Esto hace que tengamos una parte de la Administración lenta, burocrática y muy poco eficiente, y esto siendo benévolos en su definición. ¿No sería mejor aplicar estas ayudas o subvenciones como reducciones de impuestos? Los impuestos sí que tenemos claro cuándo hay que pagarlos. Así, al menos, sabríamos en qué fecha se puede contar con la ayuda en el caso de que nos la concedan.

Y qué decir de la Política Agraria Común (PAC), con esa normativa «simple y sencilla» en las que cada decreto ocupa «sólo» 1.000 o más páginas. Sí, han leído bien, no sobran ceros, y no se piensen que hay sólo una norma para toda la PAC, que tenemos numerosos reglamentos europeos, varios reales decretos nacionales, una ley nacional y varias órdenes autonómicas. Ahora imaginen los innumerables trabajadores contratados en las cooperativas y asociaciones agrarias dedicados exclusivamente a estar al día de toda esta avalancha legislativa, que podría hacerse más simple y destinar esa fuerza laboral a tareas productivas y no burocráticas. Así va a incrementar la productividad del país Rita la cantaora.

«Diarrea legislativa»

Que quede claro que yo no estoy en contra del sector público, soy un trabajador de este y he podido aprender de muy buenos trabajadores públicos. Y a veces también he tenido que lidiar con otros muy malos, que todo hay que decirlo. Lo que estoy en contra es de que, entre todos, estemos pagando un sector público que, en parte, nos está dificultando la vida en vez de hacernos más sencilla la existencia. Se deben recordar expresiones memorables en las que una secretaria de Estado decía que teníamos «diarrea legislativa». Yo se lo traduzco, les pagamos para que creen inseguridad jurídica para nuestros ciudadanos y empresas: los primeros tienen poca elección, o emigran o se aguantan; las empresas, si son grandes, salen huyendo del país, y si son pequeñas, pues igual que los ciudadanos.

Señores, es urgente, si hemos sido capaces de estar a la cabeza de Europa en resultados de la Administración electrónica (Figura 1), en indicador de datos abiertos (Figura 2) y, seguramente, en muchos otros aspectos ¿Porqué vamos a tener que resignarnos a estar en la cola en la percepción de nuestros servicios públicos? (Figura 3). Creo que somos capaces y que debemos de aspirar a tener una Administración mucho más eficiente y menos burocrática. Estoy seguro de que hay funcionarios con muy buenas ideas para mejorar los procesos administrativos. Algunas cosas ya se han hecho bien, por ejemplo que puedas marcar una opción para que la Administración consulte tus datos en vez de pedirte cada vez una fotocopia compulsada del DNI y cosas así. Ése es el camino, sigamos por ahí.

Figura 1: Resultados de la administración electrónica. (Comisión Europea, 2018).
Figura 2: Indicador de datos abiertos en la administración pública. (Comisión Europea, 2018).
Figura 3: Resultados de la encuesta de percepción de la calidad de los servicios públicos de un país. Suele estar correlacionada con el nivel de confianza en la Administración pública, la facilidad para hacer negocios y el bienestar de la sociedad. (Comisión Europea, 2018).

Mi intención con este artículo es que sirva para tomar conciencia de los aspectos que, como ciudadanos, debemos de pedir que se mejoren en nuestras Administraciones públicas. Igualmente, como trabajadores públicos (el que lo sea), debemos de dar ejemplo en la medida de nuestras posibilidades para que mejore la satisfacción de los ciudadanos con los servicios ofrecidos por la Administración pública. A fin de cuentas, los ciudadanos somos los que estamos pagando nuestra propia Administración pública y, si demandamos que la Administración pública nos resuelva o al menos simplifique algunos problemas, creo que debería tenerse en cuenta. Y no, no me vale eso de que «esto es España», «es que somos lo peor» y distintas expresiones que no nos llevan a ningún lado. Arriba les indico dos ejemplos en el que somos los mejores (Figuras 1 y 2), ¿Por qué no podemos ser los mejores también en simplicidad, eficiencia y agilidad en nuestras Administraciones públicas?

Comparte este artículo:

Imagen de Francisco José Castillo
Francisco José Castillo
Profesor de la Universidad de Córdoba y agricultor en sus ratos libres

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más leído

Artículos por fecha