Imposible aislarse del torrente mediático que ha provocado la tercera (y esperemos que última) canción-reproche de Shakira hacia Piqué. El ser humano es morboso por naturaleza. Nos interesa lo escabroso y nos consolamos con el mal ajeno para no pensar en nuestros propios problemas
Las múltiples aristas que tiene este asunto es directamente proporcional a los millones de visitas que está recibiendo ese vídeo de la cantante colombiana y de un tal Bizarrap, cuyo nombre ya provoca en nuestra mente la típica imagen del rapero reguetonero con chándal y collares de oro. Otro ejemplo más de la deriva cultural a la que estamos sometidos. Otro ejemplo más de que aquí lo que verdaderamente importa, como dirían en Casino (Martin Scorsese, 1995) es «el puto dinero».
No me creo que lo del Casio sea al azar o que el acuerdo del niñato de Piqué con la marca de relojes sea posterior. Vete tú a saber si no está todo orquestado para que todos se hagan aún más millonarios y somos nosotros los pardillos que nos tragamos el sapo. Pero vuelvo a los mecanismos mentales del homo supuestamente sapiens.
Si al final del túnel de la bazofia televisiva se atisbaba cierto hálito de esperanza al comprobar cómo, en los últimos años, Gran Hermano y Sálvame habían dejado de funcionar tan bien en cuanto a números de audiencia, al tiempo que programas como Horizonte (Telecinco) o Cachitos de hierro y cromo (La 2) subían en la disputada parrilla, parece que otra vez manda lo inocuo, lo vacío, hablar de cuántas operaciones se ha hecho Kiko Matamoros. Ahora han creado Mediafest, una suerte de cementerio de elefantes donde engañan a cantantes fracasados diciéndoles que van a tener una segunda oportunidad, pero al final les hacen una encerrona para que cuenten a la cámara sus miserias (lo de la interpretación de la canción de cada uno es una burda excusa).
¿Por qué hablo de esto de repente? Porque está íntimamente relacionado con las pulsiones que vivimos en esta sociedad en la que la mayoría de la gente cree que Góngora es solo una calle. Si no fuera por lo bueno que fue jugando al fútbol (siempre habrá que agradecerle su labor como defensa central con España en aquel encadenamiento maravilloso Europeo-Mundial-Europeo), a Gerard Piqué nos lo podríamos imaginar dentro de un Gran Hermano cualquiera enrollándose con Fresita o con Marta López, paseándose en albornoz por la casa y tomando el sol en la terraza sin hacer ni el huevo. Así de simple parece ser ese muchacho, la esencia del mayor mal que padecemos: la falta de valores y la incapacidad de asumir responsabilidades (véase las declaraciones de los jóvenes que representaron a España en el último Mundial para más señas).
El adúltero está feliz, porque siempre le ha dado igual todo y muchas veces ha tenido un comportamiento deleznable (el escupitajo que le propinó al dirigente federativo Pedro Cortés en la celebración del Mundial 2010). Un chulo de toda la vida.
En el otro lado del muro de las lamentaciones está la loba colombiana, a la que muchos aplauden por poner a parir al hombre que se va con una chica 12 años más joven… sin caer en la cuenta de que ese hombre, por muy infiel que sea, es el padre de sus hijos. Shakira sabía que la canción se haría viral all over the world, por lo que encima hay alevosía y una inmadurez supina al no pensar en ningún momento en Milan Piqué, que actualmente tiene 9 años, y Sasha Piqué, de 11 años de edad.
Es curioso que ella, en la retahíla de versos despechados, le echa en cara al Casanova que la deja con la prensa en la puerta, cuando ella se llama Shakira y ya era una cantante de talla mundial en 2010, fecha en la que empieza su relación con Geri (nunca quedó claro si ella le fue infiel a De la Rúa con Piqué o no).
Evidentemente, si te casas con un futbolista del Barcelona y de la selección te metes en una máquina de metamorfosis a lo Seth Brundle y sales etiquetada como el dúo Pantoja-Paquirri 3.0, no hay vuelta de hoja. No hay excusas, bella dama de 45 años de edad. Digo su edad porque ella tenía que haber intuido en algún momento que esa década de diferencia que se lleva con el amigo de Ibai le podía pasar factura, viendo el pelaje del personaje.
De hecho, ahí va una gran revelación: no es el primer futbolista que le pone los cuernos a su esposa… ni será el último. Cuando eres guapo, joven y millonario, tienes acceso directo al paraíso todos los días. Aunque es verdad que ella podría decir lo mismo al ser guapa y millonaria. Entre forrados anda el juego, no lo olviden.
No quiero tomar partido por ninguno de los dos. Me hice madridista porque me gustaba mucho la Quinta del Buitre y, sobre todo, por los ganchos y la garra de Fernando Martín y ese tiro de tres sin parábola de Chechu Biriukov. Por tanto, que Pique sea del Barcelona es un punto en su contra. Al margen de eso, es un tipo con don de gentes que sigue amasando su fortuna con múltiples negocios. Pero, detrás de esa pinta de Maverick patrio, me da que hay una persona muy egoísta y narcisista.
Pensaba que Shakira podía mantener su dignidad y luchar por la custodia de sus hijos en los juzgados, como hace todo el mundo. O incluso llegar a un acuerdo amistoso. Pero todo esto la ha puesto a la altura del indeseable de Gerard. ¿Quién piensa en los niños? Ninguno de los dos. Puede ser que Clara Chía sea también víctima, porque llegará un momento, presumiblemente, en el que este Álvaro Muñoz Escassi del mundo del balompié se aburrirá también de ella y la cambiará por otra, como la canción de Mecano («yo que de estas estampas me dedicaba a hacer colección…»).
La ‘canción’ de marras
¿Qué diferencia hay entre conceder una entrevista a Jorge Javier Vázquez para rajar de lo adúltero que es tu ex y contarlo en una canción? Quizá que lo segundo es peor cuando te llamas Shakira y sabes que, a través de Youtube, se va a enterar el mundo entero. Espero que los compañeros del cole de Milan y Sasha sean buenos y no estén todo el día dándoles la brasa con lo del Casio y lo del Twingo.
Por cierto, los abuelos también estarán sufriendo mientras los clásicos contertulios, que saben de todo, llegan a decir que «la canción está muy bien». No, amigos. Buenas canciones son Starway to heaven, Balada de otoño, ¿Y cómo es él?, Desde aquel día, ¿Y si fuera ella?, Cuando duermes, Te echaré de menos o Ardió mi memoria. Cualquier pasodoble de Martínez Ares le da mil vueltas a esta endiosada cosa.
Me hacen gracia algunos tuits que he leído con asombro colocando esta pseudocanción (más bien una torpe carta de la despechada de turno al gallito de instituto que ha resultado ser un picaflor) como adalid del feminismo. ¿¿En serio?? Shakira, si quieres ser la nueva Rocío Carrasco habla de verdadero maltrato. Atrévete a componer una canción que tire por tierra las actitudes machistas de los cantantes reguetoneros tipo Bad Bunny o Maluma, por ejemplo. En lugar de hacer caja con tus intimidades sin calibrar daño colateral alguno, defiende con la fiereza de esa supuesta loba que eres que, de una vez por todas, esos malotes dejen de cosificar a la mujer en sus pseudocanciones. Solo entonces te aplaudiré.
Hay otras formas de buen ocio y evasión
Un último mensaje para la gente a modo de sugerencias como mejores modos de evasión que seguir este culebrón de pacotilla en el que únicamente me solidarizo con hijos y abuelos: jugar a baloncesto en la cancha del barrio; una partida de cartas con los colegas; un paseo por algún sendero bonito; un partido de ping-pong; jugar al karaoke con el micrófono rosa que venden en los chinos; una tarde de Intelect o de Scattergories; la lectura del nuevo libro de Paul Auster, La luz apagada de Manu Gálvez o el potente cómic Fuego de David Rubín; ir al cine a ver Holy Spider, Avatar 2 o El peor vecino del mundo… Claramente, cualquier opción es mejor que regodearse en las miserias ajenas. Claramente, toda evasión es más enriquecedora con el móvil apagado, auténtica vía de negocio por la que fluye la escatología, la condición más primaria, la venganza en todas sus manifestaciones. Por eso no quiero contribuir a la monetización de esa sesión número 53 incrustando el vídeo, como el resto de periódicos digitales. «Las mujeres ya no lloran. Las mujeres facturan». Siempre el puto dinero…
Interesante análisis Paco
Muy de acuerdo