Los nacidos en los años 70 tenemos una frase en nuestra memoria de nuestras madres, de nuestras tías, de nuestras primas mayores: «Ese hombre es más guapo que Robert Redford». Hoy, esta leyenda del cine ha fallecido a los 89 años de edad en su casa de Utah. Siempre nos quedarán su vuelo romántico con Meryl Streep sobre la sabana africana y sus duelos interpretativos con Paul Newman, química a raudales entre dos gigantes del séptimo arte
El nacido en Santa Mónica como Charles Robert Redford Jr. era la vara de medir de los hombres guapos en la década de los 70 y los 80… Porque en los 90 apareció un actor de ojos azules que timó a Thelma y Louise y también le robó el trono de guapo oficial. Se llamaba Brad Pitt. Es curioso que Redford se hiciera tan amigo del otro guapísimo del cine, Paul Newman. Los tres demostraron que, además de ese atractivo incontestable, también tenían talento, dejando interpretaciones para la historia.
El séptimo arte se nutre de iconos, eternidad con forma de estrella, y estos tres hace tiempo que pasaron de las carpetas al Olimpo. Pero vamos a centrarnos en Bob Redford, un hombre que vivió en 1966 siete meses en Mijas (Málaga) con su familia por una crisis existencial. Allí decidió seguir actuando y olvidar aquella idea de pintar cuadros (y eso que el paisaje malagueño invitaba a emular a Picasso). Lo demás es historia.
Aunque él nos haya dejado hoy a la edad de 89 años, su filmografía es historia viva de la cultura, son lanzas rotas en favor del amor, la libertad de expresión, de la justicia y de la conservación del medio ambiente. Le dio tiempo incluso a crear uno de los festivales más prestigiosos del mundo: Sundance. Porque la independencia es fundamental no sólo en el periodismo (bordó el personaje de Bob Woodward en Todos los hombres del presidente), sino también en la música, el cine, el teatro, la danza, la pintura, la escultura, la literatura… y la política.
A continuación, reseñamos brevemente cinco de sus mejores películas:
El golpe (1973)
Esta obra maestra irrepetible es una auténtica experiencia audiovisual cuando la ves por primera vez. Trata de timadores en la América de 1936, en los años de la Gran Depresión, pero es mucho más que una gran estafa. Pone en liza la amistad, la camaradería, el trabajo, el talento y la justicia social. ¿Quién no ha tarareado alguna vez la canción de Marvin Hamlisch?
Los tres días del Cóndor (1975)
En los años 70 se pusieron de moda las películas de espías. La Guerra Fría se recrudecía y el cine ejercía de canal de actualidad para llevar a los cinéfilos lo que estaba pasando. En Los tres días del Cóndor (1975), Redford se pasa todo el filme huyendo, demostrando una gran astucia. Inolvidable Max von Sydow como asesino implacable. Es una de las muchas películas que hizo el rubio de oro con Sydney Pollack.
Brubaker (1980)
Es una de las más aclamadas de Redford. La temática carcelaria se puso muy de moda en los años 80 y ésta es una de las mejores películas de este subgénero de todos los tiempos. Es mejor verla sin saber absolutamente nada de su argumento. Sólo un apunte: sale un jovencísimo Morgan Freeman haciendo de preso descontrolado y pidiendo «un poco de respeto».
Memorias de África (1985)
La propia Meryl Streep ha dicho en más de una entrevista que nadie la ha besado nunca como Redford. Ella disfrutó mucho cuando el de Santa Mónica le lavaba el pelo en aquella escena de alto voltaje sexual. Es de nostálgicos decir que ya no se hacen filmes así, pero es que ya no se hacen filmes así. Romance entre jirafas, monos y elefantes imperdible, para que las nuevas generaciones conozcan la calidad cinematográfica con mayúsculas, a años luz de la bazofia del TikTok que consumen en la actualidad.
Dos hombres y un destino (1969)
El ganador de un Óscar como director por Gente corriente conoció a Paul Newman en 1968, cuando coprotagonizó con él el western crepuscular Dos hombres y un destino. En 1899, Butch Cassidy (Newman) y Sundance Kid (Redford) son los líderes de un grupo de pistoleros y asaltantes en Wyoming llamados la Banda del Agujero en la Pared. La banda tiene una característica: no matan a sus víctimas. Butch es quien organiza, mientras que Sundance es el hombre de acción. Sin embargo, el Oeste comienza a civilizarse y, cuando los dos asaltan un tren, se encuentran con un pelotón de hombres que comienzan a perseguirlos. Butch y Sundance huyen a través de montes rocosos, ríos y poblados, pero siempre tienen tras de sí a sus perseguidores. Cuando por fin logran escapar, en un golpe de suerte, se refugian en la casa de la novia de Sundance, Etta (Katharine Ross), donde Butch tiene una idea: escapar a Bolivia.
El tiempo pasa, pero las películas quedan. Disfrutemos de ese gesto torcido de mandíbula que Robert Redford ha dejado impregnado en tantos fotogramas. De su última etapa como actor, mención especial para Spy game (2001), con Brad Pitt (él ya le había encumbrado en El río de la vida); Cuando todo está perdido (2013), un filme en el que sólo dice un par de frases porque son las peripecias de él, su barco y el mar durante 105 minutos; y Capitán América: el Soldado de Invierno (2014).
A Robert le dolía la cara de ser tan guapo, pero la moraleja, una vez más, es que la belleza, el talento y la inteligencia emocional suelen estar en el interior. La eternidad le espera con los brazos abiertos.
2 respuestas
This heartfelt tribute beautifully captures Robert Redfords enduring legacy in cinema. His dedication to storytelling and independence in film is truly inspiring. A great read for any cinephile.
Precioso obituario y muy acertado. Pena y nostalgia. Nos quedan sus películas.