justicia ciega

La Dama de la Justicia es una personificación alegórica de la fuerza moral en los sistemas judiciales.

Opinión, Política

Piedra angular

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En la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, mucha tinta se ha gastado, se gasta y se gastará abordando planteamientos políticos, criticando unos u otros partidos y alabando las bonanzas de uno u otro -ismo

El legislativo y el ejecutivo son, ambos, poderes que van de la mano y acaban por solaparse bajo la figura de la mayoría absoluta o la coalición de turno, alimentando discusiones en televisión y radio hasta el hartazgo y siendo la comidilla en mercados y cafés de solera variopinta de nuestra querida España.

Y mientras estos poderes acaparan postureo y discusiones cuñadistas, en la penumbra va pasando más o menos desapercibido el tercer pilar fundamental del Estado, el poder judicial: la piedra angular de nuestra sociedad.

Porque más allá de si una determinada ley es o no lo más justa posible, lo que todo el mundo espera es que mientras esté vigente, esta ley se cumpla a rajatabla, de manera rápida, imparcial y diligente sobre cualquier miembro de la sociedad: en el caso de que la ley no guste, ya tendrá el pueblo estipulada a través de sus representantes la forma de alterarla o eliminarla.

Y en este punto nos volvemos a reunir todos de nuevo, los escépticos y los creyentes, los marxistas y los keynesianos, culés, madridistas, rojos, azules, violetas, naranjas, verdosos, la sota y el rey, convencidos de que este requisito es una base sólida por la que nos podemos despreocupar, porque en nuestros días funciona perfectamente. Pero no es así.

El poder judicial, bajo sospecha

Ni el poder judicial tiene un funcionamiento ejemplar y cristalino ni el pueblo a quien se debe tiene cualquier forma de enmendarlo, validarlo o penalizarlo. Así las cosas, el caldo de cultivo es perfecto para la proliferación de los intereses personales y, en última instancia, la corrupción de la justicia y, con ella, del resto de pilares del Estado y todo el sistema de bienestar. Para muestra, va un botón, pero no un botón cualquiera.

Jordi Pujol padre campa en libertad a día de hoy después de que el correspondiente equipo policial haya dado evidencias de su enriquecimiento ilícito fruto del uso corrupto de su poder en política. Principal argumento en su defensa: si me condenan, tiro de la manta. ¿Es posible que esto estuviese pasando, que cualquier Villarejo de turno lo supiese y que no llegasen noticias al poder central? No parece creíble.

Una ilustración de ‘El Lazarillo de Tormes’.

Allá por el año 1500, un autor anónimo tuvo a bien nos legar humildemente una obra llamada El Lazarillo de Tormes. De ella, todos conocemos el pasaje en el que el ciego y el niño reparten un racimo de uvas. El anciano sabe sin verlo que el niño comía tres, porque él comía dos y callaba… Pues bien, mientras Jordi Pujol comía dos (3% en este caso) González, Aznar y toda la corte callaba. Aquí ha comido uvas hasta el apuntador, total, las paga usted… Y el Estado tiene perfectamente a su alcance los medios para esclarecer responsabilidades, pero, ¿para qué? Sería muy desagradable para todos, como llegó a decir el propio Jordi Pujol. Nuestra justicia… no es tan ciega como nos la pintan. Y rápida, tampoco.

Es fundamental para una sociedad saludable y positiva no solo elaborar y aplicar la legislación que la mayoría del pueblo se dé, sino también aplicar la justicia de una forma luminosa, clara, eficaz y rápida. Esto tiene un efecto sanador en la sociedad, en todos sus estamentos.

El propio lenguaje jurídico es oscuro, intrincado y complejo, conservando un espíritu de otro tiempo en el que la mayor parte del pueblo era analfabeta

¿Cómo ha podido sobrevivir hasta hoy el dicho hecha la ley, hecha la trampa? Primero, porque es verdad, y segundo, porque nuestro sistema judicial se presta a ello, con sus plazos arbitrariamente interminables, sus requisitos, sus burocracias…

El propio lenguaje jurídico es oscuro, intrincado y complejo, conservando un espíritu de otro tiempo en el que la mayor parte del pueblo era analfabeta y la ley se hacía por y para las élites. ¿Cuándo se va a abandonar ese estilo? ¿Para cuándo un lenguaje jurídico y legal lo más sencillo y adaptado tanto a la comprensión de sus usuarios, el pueblo, como a la agilización de su propio uso por parte de jueces, fiscales y abogados?

Las leyes deberían redactarse de forma muy simple, enunciando su cometido, listando los ítems a que se aplica y, a continuación, sus posibles excepciones de manera telegráfica. Y todo ello debería ser a continuación inserido en un sistema informático de apoyo a la toma de decisiones, tal como existe ya en otras áreas como la medicina, que en ningún caso sustituiría ni exoneraría la labor del juez, pero que sí la haría más ágil.

Una estampa de una batalla de la Guerra Civil.

En una ocasión oí decir a alguien que, si la justicia hubiese actuado adecuadamente contra las revueltas sociales y ataques a conventos durante 1935 y 1936, la sociedad no estaría tan soliviantada por aquellos días y no se habría producido el golpe de Estado. Yo eso no lo sé. Pero que el bienestar de una sociedad depende de la acción de la justicia, eso es seguro.

Conocemos los juicios en los que un jurado popular evalúa al acusado: yo iría más lejos. El jurado popular debería evaluar al juez. Sería la prueba del 9. Si las leyes las dictan los gobiernos en nombre del pueblo y las sancionan los jueces en nombre del pueblo, al final sería el pueblo quien debería valorar si todo el proceso es de su agrado o no. Habrá quien diga que “no se puede presionar así a la justicia” y yo digo ¿cómo que no? ¿No se presiona al futbolista cuando no juega bien, o no le presionan a usted cuando no hace bien su trabajo? Pues la justicia se debe al pueblo y debe actuar en todo momento sintiendo esa misma presión. Mayor presión cuanto más alta sea la instancia. Y en estos momentos, desengañémonos: está a años luz de sentirla.

El inextricable Jorge Luis Borges, el pequeño argentino ciego que veía universos desde un rincón junto a la escalera, hacía apología de la simetría del mundo y del carácter cíclico de la historia.

Si nos fijamos en los últimos inicios de siglo, vemos que en 1812 se firmó la primera Constitución Española en Cádiz (todas las cosas que han definido el rumbo de este país han empezado en Andalucía), mientras que en 1936 la calamidad tomaba forma.

Entrados ahora en el siglo XXI y tras la crisis (por el momento) sanitaria, ¿habrá llegado la hora de plantearse algunos cambios? No solo estoy convencido de ello, creo además que cualquier ideología que obligue a una persona a enfrentarse a otra por el hecho de que piense diferente no puede estar más que obsoleta, es integrismo político, y la sociedad del presente no puede construirse sobre esas bases.

Un campo de pruebas

Dicen que en la Guerra Civil (la última, no las carlistas) España fue un campo de pruebas de la Segunda Gran Guerra. Es posible que ahora también lo estemos siendo, un campo de pruebas para una guerra de manipulación informativa y fake news. Vean sino quien gobierna en EEUU, en Gran Bretaña, en Brasil…

Con tanta tontería de nacionalismos y problemas inventados, a nuestros dirigentes se les ha olvidado, entre otras tantas cosas, exigir que los servidores que gestionan nuestros perfiles on line estén en nuestro territorio de forma que puedan ser objeto de nuestro cuidado y custodia.

Aún así, creo que en este momento podemos darle la vuelta a la tortilla y constituirnos como algo diferente, podemos ser un campo de pruebas y un ejemplo a seguir rumbo a un nuevo modelo de sociedad, más justa, integradora, comprensiva, sensible y productiva. Sin renunciar a todas las cosas buenas que cada ideología aporta, pero identificando sin complejos y desdeñando todos sus numerosos vicios. Una sociedad donde caben todos. ¿Puede parecer una propuesta demasiado ambiciosa? Creo que es más sencillo de lo que parece y, además, creo que es de justicia.


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4 Comentarios

  1. Avatar M Reyes Fdz Loaysa

    Me ha gustado muchísimo su artículo. No es fácil que quienes ven claro su primera descripción de la situación, su relato de cómo debería ser y la mayoría lo deseará como un sueño, esa mayoría dé el paso a ¡ES POSIBLE CONSEGUIRLO! . Claro, que habrá que hacer algo distinto a dar el voto a un partido, que es lo que alimenta el poder de la #partidocraciatóxica.

  2. Avatar Francisco José

    Coincido, un artículo que pone a la justicia donde está y que plantea una solución digna, tribunales populares para todos, incluidos los jueces. Yo iría más lejos y también los tendría para los militares y para las actuaciones de los colegios profesionales, de este modo nadie estaría a salvo de la JUSTICIA, no como ahora…
    Saludos.

  3. «Calquier ideología que obligue a una persona a enfrentarse a otra por el hecho de que piense diferente no puede estar más que obsoleta, es integrismo político, y la sociedad del presente no puede construirse sobre esas bases»
    Me quedo con ésto.
    Y, por supuesto, lo he compartido.
    Gracias

  4. Avatar Gerardo

    Muchas gracias M Reyes, Fco. José y Belén. Coincido en que sea posible conseguirlo: de hecho no hay otra opción. Otra cosa es cuánto tardemos en dar el paso. Y sin duda que aplicaría la prueba del 9 a todos los estamentos de servicio público -militares, asociaciones profesionales, UNIVERSIDADES…-.
    A ver si entendemos todos esa frase, Belén, para poder avanzar, porque si no nos pasamos otro siglo mirando el tren desde la estación…

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