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Estigia, el pantano fétido en el quinto círculo del Infierno, donde los iracundos y perezosos sufren castigo.

Las relaciones familiares explican el mundo

Actualizado 08/04/2026 11:52

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Estamos deseando que se acabe la Guerra de Oriente Próximo y la de Ucrania, pero no solucionamos los problemas existentes en nuestras casas. Muchas familias son una guerra continua con corazones divididos y almas destrozadas

Queremos que políticos de distintas ideologías se sienten a hablar y se entiendan, pero bloqueamos a amigos y familiares en el WhatsApp y no somos capaces de cerrar nuestras heridas. Deseamos la perfección, la Arcadia, mientras tratamos de salir de una ciénaga de odio que nos consumirá más tarde o más temprano.

Exigimos que se cumplan las leyes internacionales, pero no somos capaces de respetar el descanso del vecino y le aparcamos en la puerta. Somos expertos en lamentarnos de los errores cometidos, pero somos tan estúpidos que no lo podemos evitar.

Protagonizamos debates de bar en los que arreglamos el problema entre judíos y palestinos, pero luego llegamos a casa y seguimos tratando mal a nuestra madre, a nuestra hermana o a nuestra hija.

Somos apariencia, pura fachada. Internet vino para agudizar esa tendencia tan humana del narcisismo. La salud mental es un toro que nadie quiere coger por los cuernos y que cada vez embiste con más fuerza. Sólo podemos torearla, pero siempre nos va a respirar en la nuca.

Nos damos golpes en el pecho y lloramos cuando vemos la imagen del Gran Poder, pero nos pega más el de la Sentencia, porque el veredicto para un culpable de soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza sólo puede ser el Infierno.

Tenemos la habilidad de ayudar a una vieja a cruzar la calle, pero luego insultamos a la persona de origen árabe o afrodescendiente que trabaja duro en el campo. Todos somos Torrente (nos reímos tanto con esa saga porque, en nuestro fuero interno, todos hemos hecho alguna torrentada alguna vez en la vida… y algunos que conozco, muchas veces)

Somos una eterna contradicción. Un mar de dudas, un río de ira que corre por nuestras venas hacia la nada. Los hombres no paran de matarse entre sí desde tiempos inmemoriales. De hecho, el primer asesinato fue un fratricidio, según la Biblia. Estamos condenados a la extinción.

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