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escritura encendida

Una imagen representativa de la escritura. / PANTHER MEDIA

Opinión

Escritura encendida

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Cae la noche y mi escritura se enciende. El verano es un recuerdo más a olvidar y la monotonía te sorprende haciendo las mismas cosas que pensaste que nunca más harías

Engañarse es fundamental para sobrevivir. Otra cosa es mentir a los demás, que es una cuestión de buen gusto y educación. La mentira es la medicina paliativa de esta sociedad. Gracias a ella, en las presuntas sociedades más avanzadas de este mundo apenas hay guerras. Putin, si es un criminal, es precisamente porque no engaña a nadie. Seguir mintiéndonos con la dulzura que nos caracteriza sigue siendo, sin duda, nuestro mayor rasgo de elegancia con los demás.

Septiembre avanza decidido hacia su precipicio. España se suspende de manera mágica y poco realista en el despeñadero que siempre ha sido. El optimismo tampoco se basa en nada sólido. Esta noche donde estoy escribiendo esto, es lo más tangible y la imagen más clara del día. La luz del ordenador es la más natural y la menos tóxica cuando se me presenta con la blancura celestial de un documento de texto virgen. La intimidad se rellena con caracteres noctámbulos y signos de puntuación que siempre dan un aprobado como mínimo cuando el desempeño es auténtico.

Comer mancha los dientes y pudre la seducción

Se miente más en la cama que delante del teclado. Hace poco tiempo conocí a una mujer que parecía interesante. Un día quedamos para tomar algo en una cafetería. Todo iba bien. Bebíamos a la misma velocidad y dejamos los platillos con los aperitivos de la misma manera que nos los encontramos al servirnos las bebidas. Comer mancha los dientes y pudre la seducción. Las parejas, para aguantar más tiempo en su convivencia, en vez de dormir en camas separadas, lo que deberían hacer es comer en habitaciones distintas o hacerlo en distintos horarios. Comer es cosa de minutos y el enamoramiento puede perderse en segundos. Lo que no se entiende es normal que tenga una duración indeterminada. Al tercer día de conocernos seguimos nuestra comunicación en su habitación. Dejamos de hablar y nos lavamos los dientes mezclando nuestras lenguas. En ese instante me acordé de lo que me había dicho en nuestra primera cita en esa cafetería: «Soy una persona detallista, sobre todo de las pequeñas cosas que tienen valor». Mis dientecillos sufrían el escarnio. Qué menos que haberme comprado un cepillo de dientes, que yo gustoso le hubiera pagado al día siguiente.

Me mintió estando en la cama y la naturalidad del hecho no hizo que eso me consolase. No paré de darle vueltas al tema hasta que ambos nos quedamos aparentemente tranquilos y dormidos. En esto también me ganó ella. Yo me hice el dormido. La miraba y su aliento fresco me hacía quererla de una manera que todavía no merecía. Pero mi boca parecía que hubiera arrasado una pescadería y después una carnicería. O puede que el orden fuera el inverso. Nos despedimos después de desayunar un café solo. O sólo un café. Tanto monta, monta tanto, y en esta ocasión especialmente. Teníamos hambre, pero ambos sabíamos que no nos comeríamos nunca más. Compré Colgate y acaricié con suavidad la libertad sincera de mi cuello.

Me gusta realizar una espera activa de los acontecimientos. Provocarlos en parte y luego ver cómo se desarrollan

Mis madrugadas tienen mucho que ver con mis experiencias. Las escribo y las vivo en un impulso de extrañeza y sosiego por partes iguales. No saber lo que va a pasar ni cómo voy a reaccionar es lo que las hacen acogedoras e imprevisibles. Me gusta realizar una espera activa de los acontecimientos. Provocarlos en parte y luego ver cómo se desarrollan. Ser en cierta manera un actor secundario de mi propia vida y dejar al protagonista que se las apañe como mejor pueda.

Hay momentos para tomar la iniciativa, ya sea en la vida o por escrito, y otros donde sólo hay que dar la réplica para que pase algo. Y esa es la única búsqueda interesante de la vida. Ser consciente de que te está pasando algo o que algo está pasando alrededor de ti. Captar ese momento y que no se pierda es lo que lo hace especial. Puede que esto que están leyendo ya lo tuviera yo escrito en la memoria de cosas que quería escribir y puede que ya haya vivido todas las situaciones que me pasarán en un futuro y en ese momento no las recuerde. No sé si estaremos programados o actuamos de manera totalmente elegida por nosotros, es decir, a nuestro libre albedrío.

Las experiencias pueden ser provocadas o sobrevenidas, el azar puede que esté escrito, pero la suerte no parece que esté del lado de este texto. Muchas veces me gusta verme desde fuera. Ser consciente de un momento de vida que en ese instante me parece especial y disfrutar de cómo me comporto. Cuando acierto en mis acciones y también cuando me equivoco. Verme humano cuando mi alma no tiene cuerpo que le aprisione. Otras quiero ser totalmente consciente de lo que soy y de lo que hago. Notarlo en mi piel, en mi mente, en la electricidad ambiental, en la banda sonora que acaricia mis tímpanos o los hace explotar. Escribir es muchas veces lo mismo. Una sensación completa que se realiza con todo tu ser y otras algo que hace el otro yo mientras piensas en tus otras cosas. Lo importante es quitarle la luz a los acontecimientos y que ellos solos se vayan encendiendo.


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Un comentario

  1. Lucía Ramos

    Ni el hombre y el mundo haciendose tiempo
    Ni los impulsos más bardos y oscuros
    Lograrán desvirtuar el milagro de la existencia
    De esta irredunta vida.

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