nelly arcan

La escritora y prostituta Nelly Arcan.

Cultura, Opinión

Cuando escribir no es una putada

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Nelly Arcan fue una puta que escribía, aunque también se puede decir que fue una escritora que se metió a la prostitución. El orden de los factores hay veces que sí que puede alterar el producto. Nelly fue una escritora. Y digo que fue, y atención al ‘spoiler’ (palabra esta horrorosa, pero que uso para que los aborregados ‘comeseries’ me entiendan, y no piensen que la palabra destripar es algo violento, que hace que sujeten las suyas con sus manos de manera impetuosa). Pienso que por miedo a que se les salga por ellas su cerebro, que sí que parece de ficción

Nelly Arcan ya no está viva, tuvo la idea de suicidarse desde muy joven y eso que lo consiguió siendo treintañera. El suicidio es la única cosa que siempre acaba bien y mal. Es un éxito para la persona que quería llevarlo a cabo y por fin lo consigue, y es un fracaso para la sociedad. Nelly sólo vivió en sus palabras escritas, un bálsamo donde encontraba la paz que la guerra de su mente y su cuerpo demasiado heridos no le dejaban sentir.

Nelly es una mujer que se escribe sin condescendencia, que se explica a sí misma y que cuenta su vida sin esperar nada a cambio. No quiere que sufras o te sientas indiferente ante sus pensamientos, solo quiere que le acompañes en el viaje de su vida sin molestar, solo notar tu presencia de lector que dé valor, sobre todo a la calidad literaria de un texto que tiene la belleza de lo que es real, la verdad que brilla y que duele como un fogonazo que te deja ciego y en cuya oscuridad todo cobra sentido.

Nelly no estaba perdida, entró en la prostitución porque no le quedaba más remedio, porque era el camino natural, tal y como había transcurrido su vida. Su padre, ultracatólico, miedoso ante un mundo pecador, pero un hombre, al fin y al cabo, como cualquiera de sus clientes. Tanto es así, que Nelly siempre tenía miedo de que, al entrar en la habitación donde trabajaba, se encontrase con él, aunque tampoco le extrañaba. Su padre fue el primer cliente que ella tuvo, aunque él eso nunca llegará a saberlo.

Lo que pasa en la mente es más verdad que lo que le pasa al cuerpo. Los fantasmas se follan a las mentes como ningún cliente podrá hacerlo jamás. El pasado está más que presente en Nelly. Ella escribe a sus clientes con la psicología que muestran. Son personajes planos, solo sus erecciones, los que las consiguen, hacen cambiar ese estado en ellos. No son nada interesantes. El acto sexual es rutinario cuando se convierte en lo único que haces de manera consciente. La inconsciencia la derrama sobre la página en blanco, el semen de todos esos hombres se vuelve oscuro, tinta negra con la que emborronar una vida de ensueño que se confunde con la pesadilla. Todos los demonios se exorcizan en un entramado de palabras celestiales, un talento para provocar la excitación en los ojos lectores. Ella sabe del poder que otorga conseguir la excitación de otras partes del cuerpo de los hombres en la sociedad de las cosas reales, de las que se pueden tocar y sentir sus distintas rigideces. Pero, en el mundo de la palabra escrita, tienen más valor las partes blandas, algodonosas, sentir como la niebla hace dudar de lo que vemos, de lo que sentimos, una resaca donde los sentidos deben estar atentos al dolor que provoca la belleza cuando no es física, cuando la imaginamos a nuestra imagen y semejanza en nuestros cerebros encendidos ante la estética de la creatividad del arte y de la vida.

Culto al cuerpo y a la palabra

A Nelly su belleza física le hace sufrir. Tiene veintipocos y ya es vieja en su sector laboral. Tiene una buena base, es rubia, tiene ojos azules y unos labios sensuales, con esta edad ya se ha operado varias veces de los pechos y, cuando no está ejercitando su cuerpo en una cama, lo hace en un gimnasio. Hay mucha competencia en su trabajo, por eso escribe cuando termina su jornada laboral, para engañarse de manera consciente de que hay un mundo mejor ahí fuera, el de las palabras, el del sector editorial, donde fue menospreciada por el trabajo que ejercía, pero que no pudo evitar que fuera finalista en dos premios tan prestigiosos de la lengua francesa como el Femina y el Médicis.

Nelly es una puta que no escribe de actos sexuales, pero no lo hace porque quiera proteger esa parte por considerarla íntima, lo hace por puro respeto literario al texto, a los clientes los muestra con un nulo interés para ello, ninguno lo merece, todos cortados por un mismo patrón, son dueños de una prosa y una temática demasiado evidentes, van al grano, no se dejan llevar por la parte lírica y poética que todos nuestros actos deberían tener para hacerlos especiales. Cuando el fin es el placer instantáneo, los principios carecen de la magia que tiene perderse en vericuetos, aunque, en el camino, el dolor aparezca en algunos momentos. No saber lo que pasará es lo que hace necesario seguir escribiendo o leyendo, dando vueltas alrededor de las personas interesantes. Cuando no se sabe cómo va a acabar el partido y se está cerca del tiempo de descuento, es que todo lo que ha pasado hasta ese momento ha tenido tanto interés, ha sido tan divertido, mágico, especial, que la finalidad del mismo resulta ser un empate con lo insustancial.

Nelly brilla más en sus pensamientos y frases que en la luminosidad de su cabellera, puede que tanto, que el sol quemara lo que había debajo, pero los jardines en llamas suelen ser los más bonitos cuando te metes en ellos sin miedo a quemarte. Y esto es lo que ella busca: quemarse a lo bonzo, pero desde la calma que da el papel quemado, donde las palabras que arden dan aire y refrescan a todos los ojos que necesiten de paz. Nelly, por fin, consiguió descansar en ella. Leerla es un acto pacífico y de resistencia activa ante la sensibilidad mal entendida. La editorial Pepitas de Calabaza ha publicado sus dos libros traducidos al español, Puta y Loca. Merecerá mucho la pena prostituir nuestro tiempo en ello.


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