Varias personas intentan cruzar la frontera a nado, a 30 de julio de 2026, en Ceuta. / EP

Conflicto en Ceuta (I): cuando las personas no pueden convertirse en armas

Actualizado 15/08/2026 06:10

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Hay momentos en los que un problema deja de ser simplemente migratorio y se convierte en una cuestión política, jurídica y, sobre todo, humana. Lo que está ocurriendo en Ceuta nos obliga a pensar precisamente en esos tres niveles

Durante los últimos días, la ciudad autónoma ha vivido una llegada extraordinaria de personas desde Marruecos. La dimensión del fenómeno ha desbordado por momentos la capacidad ordinaria de respuesta de la ciudad y ha obligado a reforzar los dispositivos de seguridad.

Pero detrás de las cifras hay personas. Y algunas son menores. Ahí comienza el problema moral.

Ni invasores ni números

En el debate público se utilizan fácilmente palabras como «invasión», «avalancha» o «arma migratoria». Comprendo de dónde nace esa preocupación. Una entrada masiva y descontrolada de personas puede alterar gravemente la vida de una ciudad, poner bajo presión sus servicios públicos y generar una legítima sensación de inseguridad. Un Estado tiene el derecho —y el deber— de controlar sus fronteras.

Pero hay que tener cuidado. Una persona que cruza una frontera irregularmente no deja por ello de ser una persona. Y un menor todavía se merece un cuidado más especial. No podemos convertir al niño que llega en un instrumento para discutir sobre geopolítica.

Precisamente Cáritas, ante la crisis actual, ha denunciado la instrumentalización de las personas migrantes y el uso de la demografía como herramienta de presión geopolítica. Al mismo tiempo ha reclamado la protección de los menores y el respeto a su dignidad.

Creo que ambas cosas deben decirse juntas.

¿Existe una instrumentalización política de la migración?

No sería serio responder con un sí o un no absoluto. Pero tampoco sería serio ignorar que existe.

El propio Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional ha estudiado la instrumentalización de la migración como herramienta de política exterior y señala expresamente el caso de Marruecos y España, con la crisis de Ceuta de 2021 como ejemplo especialmente significativo. Según ese análisis, algunos Estados pueden utilizar su posición como países de origen o tránsito para ejercer presión sobre otros Estados.

La Unión Europea ya denunció en 2021 el uso de la llegada masiva de migrantes a Ceuta como mecanismo de presión política, especialmente por la presencia de menores. Por tanto, la cuestión no es una fantasía.

Existe un fenómeno estudiado: la utilización política de los movimientos migratorios. Pero una cosa es afirmar que los flujos migratorios pueden ser instrumentalizados por Estados o actores políticos y otra, muy distinta, atribuir automáticamente cada movimiento migratorio a una operación organizada por un Gobierno.

En la crisis actual debemos distinguir entre hechos demostrados, indicios y sospechas. Esa prudencia no debilita el análisis. Lo hace más serio.

Y las mafias existen

Hay otro actor que no debemos olvidar: las organizaciones criminales. Las mafias migratorias convierten la desesperación humana en un negocio. Venden viajes peligrosos, facilitan cruces clandestinos y se benefician de personas que creen que en Europa encontrarán una vida mejor.

El resultado puede ser terrible. Muertes en el mar. Familias separadas. Menores expuestos a redes de explotación. Personas que llegan sin documentación y quedan atrapadas en una situación de enorme vulnerabilidad.

Por eso, combatir las redes criminales no es una política «contra los inmigrantes». Es precisamente una política de protección de los inmigrantes. Quien quiera defender de verdad a esas personas debería querer acabar con las mafias que comercian con ellas.

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Luciano Pou
Teólogo, filósofo e historiador

2 respuestas

  1. Exactamente, es luchar contra mafias y un gobierno de ese país que junto con su Rey las permite o negociar con ellas. De casi todos es sabido que el Rey marroquí vive en el lujo desde hace muchos años y el país sigue con mucha pobreza y diferencias sociales, etc etc y no se dice más nada. Encima utiliza a su población y les infunde el odio contra España porque lo hacen allí desde que son niños.

    1. Está claro que nos están tomando el pelo y que se está jugando con las personas con fines políticos; en otros artículos procuraré ir tratando ese tema. Gracias por el comentario.

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