el pelao

Pepe Castilla en la puerta de 'El Pelao' el día que cerró la tienda para siempre. / P. N.

Agricultura, Sociedad

Cierra ‘El Pelao’, la frutería más antigua de Huelva

Comparte este artículo:

José Castilla Faz es un hijo de fruta, un hombre hecho a sí mismo que siguió la estela de su padre y su abuelo vendiendo productos esenciales. Porque la fruta y las verduras son el pilar básico de la dieta mediterránea aunque estemos en el Atlántico

Huelva capital ya no será la misma sin El Pelao (nombre que proviene de su bisabuelo, que se peló a rape por una apuesta para conseguir una botella de vino), la frutería con más solera de Las Colonias, la más antigua de la ciudad. Recientemente cerró sus puertas tras 63 años repartiendo salud en forma de sandías, melones, fresas, naranjas, peros, plátanos y un sinfín de manjares naturales, esenciales para que los jóvenes y ancianos de la barriada de Las Colonias mantengan su vigor y sus ganas de vivir.

Su padre iba en un carro, tirado por un burro, a Gibraleón, llamada La Isla en aquella época, y traía uva beba y brevas, entre otras cosas. Empezaron en una casa de 12 metros cuadrados en la avenida Cristóbal Colón, una vía degradada hoy por hoy por múltiples factores: «Llegaba a las nueve y media al local y a las doce del mediodía tenía todo vendido». Eran otros tiempos en Las Colonias: la carnicería del mítico Pepe Lara, cuyo hijo Paco es ahora productor y director de cine ganador del Premio Carmen y del Forqué; la churrería de Enrique y la Santos; Domingo… Tiempos seguramente mejores bajo el prisma de los valores y del sacrificio. El sabor de lo auténtico y el legado de los hombres perseverantes.

Volviendo a Pepe el de El Pelao, acabó Primaria en la EGB con cierta dificultad, porque compaginaba los estudios con la venta de fruta. «El maestro venía a buscarme a la tienda para que fuera al colegio«, recuerda. Pepe salía del colegio Manuel Siurot a las 12:30 horas y se iba a la frutería. Luego se iba andando a Cardeñas, comía y luego volvía al colegio hasta las 18:00 horas.

Que viene la Fiscalía

Eran tiempos de Franco y existía la Fiscalía, la inspección de aquel entonces para vigilar los márgenes de beneficio máximos que podían poner los comerciantes a la hora de vender sus productos. Plátanos de Canarias en manilla, dos pesetas. «Si te pasabas del margen, te crujían», añade.

El secreto de estos 63 años de vida de El Pelao ha sido «saber comprar el género y tirar por una línea de calidad; la mujer que compra un melón quiere que le salga bueno«. «Calidad, precio lo más ajustado posible y vender mucho, porque en el vender va la ganancia. Y trabajar mucho», manifiesta Pepe, que lleva más de 30 años durmiendo la siesta para descansar una mente en permanente ebullición: ¿me faltarán tomates? ¿tengo suficientes kiwis?

Siempre trabajando, siempre pensando en cómo mejorar

Cada palabra que sale por la boca de este hombre es historia viva de una Huelva que, lamentablemente, ya no existe: «Uno pelaba las lechugas, tres despachábamos… Siempre trabajando, siempre pensando en cómo mejorar. Mi padre se levantaba a las cinco de la mañana en Cardeñas y se iba andando al mercado de abastos. A las 6:00 horas tocaba las palmas y empezaba la venta. Y él, preparado con el durito de propina para comprar el mejor género: las mejores lechugas, los mejores tomates, las naranjas de Lucena…».

Mucho antes de Glovo y Uber Eats, este frutero onubense, con la ayuda de sus hermanas, iba también a llevarle la compra a casa a las personas que no podían moverse.

María Dolores, una clienta de toda la vida, le echa la bronca a Pepe por jubilarse a los 65 años, 57 de ellos dedicados a la frutería: «Es muy joven para irse a descansar. ¿Qué vamos a hacer sin él? Nos va a abandonar a toda la clientela». Ningún hijo de Pepe ha querido heredar El Pelao, porque uno vive en Córdoba y está bien colocado y otro trabaja de jardinero en un hotel de cinco estrellas.

Rocío: «Mi madre tiene un trauma porque cierra ‘El Pelao'»

Otro cliente, de 86 años de edad, también muestra su enfado: «Esto es una trastada, porque ahora nos tenemos que ir a otro sitio a comprar. Yo ya le compraba a su padre, así que imagínate». Rocío, una clienta más joven, reconoce: «Mi madre tiene un trauma porque cierra El Pelao. Son muchos años y le apreciamos mucho. Estamos disgustados, pero a la vez felices por él, porque se merece disfrutar los años que le queden de vida».

Uno de los males de la globalización es el eclipse del producto autóctono. «Ahora se está vendiendo un melón muy bueno que viene de Brasil, por lo que a los que le gusta el melón siguen comiéndolo en invierno. Hay uva que viene de Chile y de Sudáfrica; la pera ercolina viene de Perú… Mal no ha venido. El daño es más para los agricultores, porque el cliente agradece que podamos ofrecerle la fruta que le gusta todo el año», agrega. No colisiona con la fruta local, porque «vienen de fuera cuando aquí fallan».

«Mi ilusión de toda la vida era producirlo yo y venderlo yo, pero me ha cogido ya un poco tarde»

Pero no crean que el futuro del Pepe jubilado estará lejos de la fruta y de la verdura. Él abandona la ciudad para irse al campo, a su huerto de Villanueva de los Castillejos. «Hace poco sembré 200 matas de habas, 200 ajos, 200 guisantes.. Me gusta producir y vender. Mi ilusión de toda la vida era producirlo yo y venderlo yo, pero me ha cogido ya un poco tarde, aunque he llegado a vender calabacines, habas (muchas cositas), desde hace tres años», asevera.

Pepe Castilla atiende a María Dolores en su último día de trabajo. Poco después, echó la persiana de ‘El Pelao’ para siempre. / P. N.

Y la vida sigue. Las persianas metálicas se abren a primera hora de la mañana entre bostezos y sueños por cumplir. Un jubilado desayuna en La Parada, una madre compra Dalsy en la farmacia y una anciana se queja de las obras de la Fábrica de Harina. Mientras tanto, los vecinos tratan de llenar el vacío que deja Pepe con dos fruterías cercanas, pero el oficio de frutero, de buen frutero, no se aprende en dos días y Las Colonias siempre se acordará de la familia Castilla con Pepe a la cabeza por su buen hacer, por su excelente género y por su amabilidad. Gente como él, personas anónimas que llevan la honestidad y la lealtad grabadas a fuego y luchan con denuedo cada día por dar lo mejor de sí mismas sea en el gremio que sea, son las que engrandecen el nombre de Huelva.


Comparte este artículo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*