ortega y abascal

Ortega Smith tosiendo el día del famoso acto en Vistalegre.

Opinión, Política

Vox, una alternativa ‘necesaria’

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Antes de avanzar en este artículo, creo que será adecuado, por consideración hacia el lector, prevenirle de que, si por ventura busca entre estas líneas alguna suerte de elegía al partido verdoso o a su líder, nada queda más lejos del propósito de quien suscribe. No encontrará aquí alabanzas ni vitoreo ‘politicoso’, ni a unos ni a otros

Durante mucho tiempo, el grueso de la sociedad ha vivido pensando que los diferentes partidos políticos nos ofrecían con sus propuestas diversas opciones para encauzar y dar forma a nuestra libertad en este sistema de representación que actualmente tenemos y que hemos tenido a bien llamar Democracia. Anotaré en este punto la interesante colección de videos disponibles en Youtube donde se contrasta el significado de Democracia con lo que nuestro sistema político actual nos ofrece.

Este sistema funcionó razonablemente bien a pesar de sus vicios -por todos conocidos y que no vale la pena remachar más- hasta que la crisis económica de 2008 fermentó entre los diferentes estratos de la sociedad española. Un proceso de fermentación que tomó entre 2 y 3 años para materializarse en 2011 en el movimiento 15-M, posiblemente el movimiento popular más emocionante que mis ojos han visto en este país.

No entraré tampoco a describirlo con nostalgia lagrimosa, solo subrayaré que aquel movimiento ponía en jaque y hacía tambalearse a todo el sistema de partidos que tan confortablemente había existido y medrado hasta aquel momento por nuestra ancha Castilla. ¿Cómo sería posible contener aquella masa? ¿Qué respuestas lo calmarían?

El animal desatado que representaba un pueblo con capacidad crítica y deseos de cambio y justicia, un pueblo capaz de pensar por sí mismo, tomar decisiones y exigir responsabilidades, un pueblo que no quería volver a entregar la cuchara a quienes lo despreciaban, fue poco a poco disolviéndose con la entrada en la escena principal de la política de los que se vinieron a llamar como los Nuevos Partidos, más concretamente Podemos en primer lugar, y posteriormente Ciudadanos.

Estas nuevas opciones dieron a entender que las cosas efectivamente podían e irían a cambiar, que la casta había encontrado el fin de sus días… Y el resto de la historia ya la conocemos.

Muchos años y demasiadas elecciones vanas después, nos encontramos de nuevo ante una situación similar, en la que una crisis sanitaria amenaza con desembocar en otra económica y social que fermentará, tal como lo hizo la de 2008, en una toma de consciencia y deseo de cambio del pueblo. Pero el sistema de partidos o la mano que mece sus intereses lo tiene todo pensado para que de nuevo todo cambie, sin que nada cambie. Vox entra en escena y toma la palabra.

Durante sus primeros años, Vox se posiciona entre opciones minoritarias extremas, beneficiándose en ocasiones de más minutos en antena en programas como Al Rojo Vivo que cualquier otro asunto de actualidad, lo cual no deja de tener un efecto publicitario evidente, aunque el mensaje que se transmita sea negativo.

Esto, el Sr. Antonio García Ferreras lo sabe perfectamente. Por ello le ha dado nula cobertura a las manifestaciones que tuvieron lugar en Granada contra la Fusión Hospitalaria y el gobierno de Susana Díaz. Pero el jefe del Sr. Ferreras es el dueño de Atresmedia, un tal José Creuheras, que controla Antena 3, entre otros, así que no se engañen los adeptos del catecismo de izquierdas: el capital los sujeta por el cuello.

Una extrema derecha ‘necesaria’

Volviendo al tema que nos ocupa, Vox ha ido ganando visibilidad con el visto bueno de los medios, que lo posicionan como extrema derecha o contrapunto de Podemos, por su parte en la caída libre derivada de su deshonestidad transversal. En ocasiones se ha propuesto un cordón sanitario entre partidos para aislar a Abascal y a los suyos en el Parlamento. Todo ello alimenta la imagen de Vox como un partido diferente a los demás, una suerte de partido antisistema con el que no comulgan el resto de formaciones. Y esto es exactamente su mayor baza.

Contrariamente a nuestros doctos analistas políticos que piensan que Vox ya no tiene mucho que rascar por la derecha al PP, el sistema de partidos ha pensado en Abascal para dar forma al Podemos de 2021, una agrupación capaz de catalizar de manera emotiva y poco racional todo el descontento del electorado que repudia al resto de partidos y sus sistemas clientelares.

La reciente moción de censura anunciada por ellos tendrá un efecto muy rentable en este sentido: cuantos menos partidos les apoyen, más alimentarán su imagen de partido antisistema, alternativa al despropósito que nos gobierna con independencia del color del partido. Por todo ello, Vox es un partido, más que necesario, imprescindible para que el sistema que nos subyuga se mantenga. La alternativa necesaria para que todo cambie sin que nada cambie.

Si Vox y quienes los apoyan arman la mentira de una forma más o menos consistente, tienen votos asegurados y con ellos, margen de maniobra

Mientras, un puñado de locos nos hemos propuesto luchar contra un sistema de partidos que nos remonta a tiempos feudales pero lo cierto es que, al ciudadano, ¿qué le es más fácil? ¿colocar una papeleta en una caja o levantarse contra un sistema opresor construyendo una sociedad más justa? Pues más fácil es lo primero, de modo que si Vox y quienes los apoyan arman la mentira de una forma más o menos consistente, tienen votos asegurados y con ellos, margen de maniobra, posiblemente mucho más allá de lo que nos dicen ahora los medios.

Y como dato a considerar, tres casos rotundos y que no admiten retórica: el presidente de Gran Bretaña es Boris Johnson; el presidente de Brasil es Jair Bolsonaro; el presidente de Estados Unidos es Donald Trump.

A favor de quienes deseamos un cambio en pro de una sociedad más justa y la caída de los partidos en general y Vox en este caso en particular, contamos con el factor de nuestra propia idiosincrasia ibérica. Si nos encontrásemos en un país nórdico, sistemático, ordenado y previsible, Abascal acabaría sin duda siendo presidente de España. Pero estamos en Iberia y Vox, aun teniéndolo todo a favor, está dirigido y palmeado por, reconozcámoslo, personas torpes, muy torpes fuera del ecosistema del trapicheo.

Recordemos las imágenes de Ortega Smith en plena pandemia, pañuelo en mano y moqueando mientras abrazaba a sus correligionarios, o durante el juicio del procés… No son gentes con método, es nuestra suerte. Caso contrario, la alternativa necesaria que el sistema ha hecho de Vox estaría sin lugar a dudas llamada a gobernar España. Estemos atentos, porque darán juego.


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