orantes
Un mural como tributo a Ana Orantes en Azuqueca de Henares (Madrid).

Violencia machista: una herida que nunca se cura

Actualizado 17/03/2026 16:09

Comparte este artículo:

El año 92 no sólo es recordado como el año de la Expo, sino como una fecha en la que se produjo uno de los crímenes más atroces en España. El año del duermevela de muchas madres, con la eterna retahíla de cada noche: «Esta niña viene tarde»… y la eterna espera hasta que sus hijas llegaran a casa sanas y salvas

En vez de distraerse frente a la televisión, se torturaban aún más escuchando las noticias del terrible crimen de Alcásser en el que tres adolescentes fueron violadas y asesinadas. Se daban todo tipo de detalles escabrosos, pero aún no se hablaba de violencia machista. Nunca se hizo justicia y nunca se descubrió quienes fueron los verdaderos culpables (o por algún motivo, no convenía sacarlos a la luz).

Hace 25 años ya, muchas madres y abuelas se quedaron también horrorizadas ante el televisor a la hora de la sobremesa, mientras escuchaban a una señora que le contaba a Irma Soriano cómo su marido la golpeaba a diario, con sus hijos como testigos. Intentó abusar de una de sus hijas. Aisló a Ana socialmente y le prohibía hacer una vida normal. Así vivió ella durante 40 años.

Intentó buscar soluciones: sus denuncias a la policía eran como papel mojado. Ningún familiar quiso acogerla a ella y a sus hijos y de nada le sirvió el hecho de separarse de su agresor, ya que tuvo que seguir compartiendo vivienda con él.
Por denunciar esta situación, su ya exmarido decidió vengarse y la quemó viva ante la puerta de su casa. El cadáver lo descubrió su nieta de 12 años, que volvía del colegio.

Se dijo en aquel momento que el hecho de salir en televisión fue una manera de que se diera visibilidad al maltrato. Se aprobaron nuevas medidas contra la ya llamada violencia doméstica y se dijo que aquello supondría un antes y un después.

Pero han pasado 25 años y lo único que se ha cambiado es la terminología y ahora se la llama violencia machista. Todo sigue igual o incluso peor: todos los días se llenan los cementerios enterrando cuerpos destrozados de mujeres inocentes. Todos los días, quedan niños huérfanos, traumatizados de por vida, llenos de miedo y angustia.

La violencia machista (o doméstica o como quieran llamarla) no distingue de clases sociales. En los 90, Carmina Ordóñez también fue víctima de maltrato, pero nadie la tomaba en serio por ser un personaje de la prensa rosa. Ahora parece (y digo parece) que se está tomando más en serio a Rociíto.

Las mujeres o chicas discapacitadas (hay que recordar el caso de Sandra Palo) aún son más vulnerables e indefensas. Y aún más indefensas las niñas como Mariluz Cortés. Por mucho que luchara esa justicia justa que tanto buscaba su pobre padre, no ha llegado aún y, con el Gobierno que tenemos, dudo mucho que llegue algún día, porque todas las medidas que se han tomado no han servido para nada.

¿Cómo podemos hablar de igualdad si se canoniza a sujetos como Escrivá de Balaguer, que piensan que la mujer conviene que sea discreta antes que sabia? ¿Cómo se puede hablar de cambios en la sociedad cuando aún hay familias en las que las chicas siempre recogen la mesa y lavan los platos porque es una tarea de mujeres? ¿Cómo podemos quedarnos callados y no saltar ante comentarios denigrantes sobre las mujeres? ¿Cómo es posible que, en casos como el de la Manada, en el que un grupo de bestias sin dos dedos de frente que drogan a una chica y abusan de ella, todavía haya quienes piensen que se lo buscó? Y que los pobres «no sabían lo que hacían, que fue una simple travesura«, como quería hacernos creer el impresentable del abogado defensor.

Mientras no pensemos (y me incluyo) que una mujer tiene el mismo derecho que un hombre a gastar su propio dinero en lo que le dé la gana sin tener que dar explicaciones, en vestirse como quiera, en trabajar en lo que le guste y divertirse como le apetezca, no llegaremos a la igualdad. Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, pero yo diría que detrás de una gran mujer no hay nadie… porque nadie las apoya. Y si no, que se lo digan a tantas mujeres médicas, científicas…

Carolyn Bertozzi, una de las más importantes investigadoras sobre el cáncer, se encuentra doblemente discriminada, por ser mujer en un mundo de hombres, y además, lesbiana. Pero de lo que está segura es de que todos los que la discriminan probarían sus tratamientos en el caso de que enfermaran.

Los hombres sensatos e inteligentes tienen que parar los pies a los machistas. Porque todos ellos tienen hijas o hermanas o madres y no les gustaría verlas sufrir a causa de otros hombres.

Si los machistas violentos son así por alguna enfermedad mental, que los internen en un psiquiátrico de por vida. Si amenazan a las víctimas, que las separen de ellas, que cumplan sus condenas completas, que los destierren si viven cerca de las víctimas y se dejen de pulseritas que no sirven para nada.

Las mujeres y los hombres de bien necesitamos políticos efectivos y contundentes frente a la violencia machista. Que esto pare de una vez por todas.

Comparte este artículo:

Imagen de Julia Palacios Ríos
Julia Palacios Ríos
Licenciada en Filología Hispánica

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más leído

Artículos por fecha