Dos delincuentes rigen la vida nacional desde la cárcel o en sus festivas salidas al exterior. El señor Bárcenas explica su orgía con sobres, dinero B, prebendas y contabilidades extracontables, negocios para uno y para cuatro. El señor Villarejo sigue en lo anterior, pero añade escuchas, comidas con periodistas y gente de la pomada, acoso y derribo de vidas privadas, informes a doble espacio y todo seguido por el ojo de las mórbidas cerraduras. Dos delincuentes rigen la vida judicial con sus jueguecitos: ¿dónde está la bolita? ¿dónde?
Asistimos al espectáculo mismo de la obscenidad, tiempo de las colas del hambre, familias enteras pasándolo muy mal, Villarejo en lo que sabemos 17 millones de euros (el mayor monto sigue oculto) y el señor Bárcenas, 48,2 millones de euros (según la UDEF, lo oficial). Ambos convergen y divergen en operetas populares, de Kitchen a Gürtel, suceden embargos pero todavía más las risas largas, las risotadas hondas de quienes son impunes.
Donaciones empresariales, gastos y, lo que siempre ocurre, carne entre las uñas. ¿Sabemos realmente cómo se financian los partidos? No, lo intuimos. ¿Siguen, seguían y seguirán los empresarios haciendo donaciones para luego cobrárselas cada cual por lo que hay en su casa? Parece inevitable. Con total impunidad, Bárcenas y Villarejo cantan La Traviata en sede judicial. Dinero B, pagos en B, orgía de sobres negros de mano en mano, miradas torvas, sonrisas interminables, puros encendidos, charlas mojadas en alcoholes caros, palmaditas en la espalda, risotadas a la galería, edificios enteros pagados por atrás… Para eso mismo, que quede carne entre las uñas, sobras completas, cuyo importe supere el de las obras absolutas, otro puro, otra comida, otro festival, viva España. ¿Pasarán por sede judicial los aludidos del señor Bárcenas? Ni de coña. ¿Sólo dice mentiras el señor Villarejo y hay que silenciarlo? Asistimos hasta a lo más absurdo y hondo -el légamo viscoso- de una opereta: no la negación de un documento o el silenciamiento de un acuerdo comercial, sino la negación de conversaciones telefónicas grabadas.
Lo que sabemos, las cuarenta y tantas viviendas oficiales de Villarejo (“¡Hay chicha, hay chicha, hay chicha!”) están embargadas como los milloncejos suizos de Bárcenas junto al pisito madrileño, los cuadros de marras, todas las propiedades donde se esquiaba sobre nieve blanca, negra, azul marino y gris marengo. El problema es y será el mismo de siempre: el dinero B dentro del dinero B, hasta tomarnos a todos por B-urros. El dinero de verdad extranjero, testaferros mediante, bajo empresas ocultas, la pasta gorda, el botín pirata, ajeno completamente a toda Audiencia Nacional con el olfato pegado a las suelas mojadas.
Hay una segunda obscenidad, por parte de esta nueva picaresca, donde reluce al fondo Quevedo y el Lazarillo. Uno, echarle la culpa a un muerto, como sabemos que los muertos no pueden declarar, y hay algo muy español y vacuo, puro humo, en situar todas las claves en el señor Lapuerta, ya desparecido.
Dos, la total impunidad -siento repetirme-, de confesar a viva voz, con los enjuagues frescos de la mañana, los sobres dados a Mariano Rajoy, Arenas, Cospedal… Todo hacia abajo desde muy arriba, inaugurado el desparrame presuntamente con Cascos, y que no pase absolutamente nada, incluso se veten posibles careos de máxima utilidad a la hora de reírnos un poco el pueblo llano mientras apuramos pipas Facundo hasta llenar el cenicero grueso.
La triste realidad: con el dinero total de estos dos pillos solucionaríamos el drama sanitario actual, covid-19, vacunas y mascarillas. Con otra B, el dinero del Borbón, con y sin regulaciones fiscales mediante, tendríamos los mejores respiradores del mundo, la velocidad y eficiencia en los procesos, los mejores trámites y otros resultados muy diferentes a los de la actual chapuza donde se lucha como se puede.
Un país de caraduras
Produce angustia vivir en un país de caraduras. Los tres son puro B: Bárcenas, Borbón, Billarejo (también Pillarejo o Villarejo, según colocación de boina francesa y parche gansteril). Es algo muy literario: la ambición totémica, la megainsatisfacción, la codicia como enfermedad patológica. Si hubiesen trincado la quinta parte, seguirían tras la cortinilla de la respetabilidad pública, coche o no oficial mediante, plácemes y besamanos hasta las tantas, lo ya dicho (otro puro, otro whisky, más risotadas, palmaditas en la espalda, vals agarrado, putas para todos, monto agarrao).
Es preciso un cortafuegos en mitad del bosque (no sé si el de Felipe VI a papá) para no ensuciarse con tanta bajeza. Todos los aludidos por los Tres Tenores -es mi opinión- deben pasar por la guillotina. Todos los sobres negros deben ser devueltos. Toda corrupción debe ser penada. El pueblo español, sitiado e indefenso por la pandemia, herido de muerte como nunca en su historia, debe exprimir a los falsos mercaderes, boca abajo, hasta que echen las monedas gordas y parte de la glotis.
¿Dónde está la bolita ¿dónde? La escenificación televisiva del drama, las televisiones del juicio y su audiencia tienen algo de laberinto interminable. La clave la dio André Breton en mitad del Surrealismo francés: añadir confusión al asunto, mucha confusión, para llegar a verlo todo mucho más claro. Confusión hecha confesión. Para irse de rositas, porque el que B de verdad, no está aquí.
Tras leer este artículo, no voy a defender ni a Bárcenas ni al Bobón, de Pillarejo ni hablaré, pero sí me gustaría hacer unos comentarios:
Dice el autor:”Todos los sobres negros deben ser devueltos”, “toda la corrupción penada”. Me parece perfecto, nada que objetar. Pero el autor nada dice de las corrupciones de Pujol y los separatistas, PSOE y Podemos, sólo cita al PP y la corona. Se olvida que sólo los ERES son doce o trece veces más millones que el caso Bárcenas. También escribe el autor:”Un país de caraduras” cita por su nombre a Bárcenas, Rajoy, Cospedal, Arenas y Cascos, hago la misma pregunta que en el apartado anterior, no hay caraduras en los otros partidos?. Habla:”de añadir confusión al asunto”. Todo el mundo en España conoce tras el bombardeo masivo de todos los medios de comunicación a Bárcenas, Bigotes, Gürtel, Kichen y el Emérito, pero ya nadie se quiere acordar de los casos de la izquierda, desde los clásicos de Filesa, Ibercorp, Boletín Oficial del Estado, caso Roldán o el de “mienmano” con los cafecitos. Más recientemente, tenemos más “enmanos del PSOE” en Levante y los ERES , los fondos de reptiles, Isofotón, aquel que según su madre, tenía billetes para asar una vaca, Neurona, etc, etc. Si todos devolvieran lo robado y malversado, sería estupendo para este momento crítico, con colas del hambre, que menciona el autor.
Si queremos terminar con la corrupción, debemos mirar a todo el espectro político. No puede haber una condena diferente en función de quien comete el delito. Se deben juzgar los hechos, no las personas.
Si me equivoco, pido disculpas, pero mi humilde percepción es que este artículo es muy parcial.