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Una imagen de las manifestaciones de anoche por la libertad de Pablo Hasél. / EFE

Opinión, Política, Tribunales

Pablo Hasél: cuando el rapero toca la pandereta

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El martes 16 de febrero fue detenido para su ingreso en prisión el rapero Pablo Hasél, en cumplimiento de la sentencia del Tribunal Supremo de mayo del 2020. Se trata de una condena muy mediática a la que numerosos personajes públicos han mostrado su rechazo. Qué bien les queda, o al menos eso creen ellos.

Desde políticos peripuestos hasta periodistas y opinadores televisivos, pasando por todo tipo de personajes públicos y miembros del gobierno han querido mostrar su apoyo a Pablo Hasél. ¡Hasta el poeta Luís García Montero! Artistas como Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat, Coque Malla, Javier Bardem, Pedro Guerra y una lista que se extiende hasta las 200 personalidades del mundo del arte patrio han querido ir más lejos firmando un manifiesto, en el que se pueden leer afirmaciones como que, “con el encarcelamiento de Pablo Hasél, el Estado español se está equiparando a países como Turquía o Marruecos, que también cuentan con varios artistas encarcelados por denunciar los abusos que se cometen desde el Estado”. Esto no es verdad, independientemente de la licencia poética o artística que se quiera tomar.

En todo caso, en defensa de nuestros culturillas solidarios, he de decir que en su falta de veracidad comparten responsabilidad con los principales periódicos nacionales. Y es que, por ejemplo, si uno se tropieza con este asunto en El País, leerá: “La condena a nueve meses y un día que el Tribunal Supremo impuso en mayo de 2020 por enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona…”. El ABC nos habla de Pablo Hasél y “su inmediato ingreso en prisión, donde debe cumplir una condena firme por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona y las Fuerzas Armadas”. En El Confidencial, se indica que “el rapero deberá cumplir una condena de nueve meses por delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona y las instituciones del Estado”.

La verdad solo tiene un camino

En todos ellos y en otros muchos medios aparecen el enaltecimiento del terrorismo y las injurias a la Corona como motivo de su ingreso en prisión. Ambas razones juntas, ambas como siendo el motivo de la pena de cárcel. Sin embargo, lo cierto es que el Tribunal Supremo condena a Pablo Hasél por:

I.- Enaltecimiento del terrorismo, con la agravante de reincidencia, a las penas de 9 meses y 1 día de prisión y una multa de 168 días, con cuota diaria de 30 euros y responsabilidad subsidiaria, para caso de impago, de 84 días de privación de libertad, con declaración de las costas de esta instancia de oficio.

II.- Injurias y calumnias contra la Corona y utilización de la imagen del Rey, la pena de 12 meses de multa con una cuota diaria de 30 euros, con responsabilidad personal subsidiaria de 6 meses.

III.- Injurias y calumnias contra las instituciones del Estado, la pena de multa de 15 meses, con una cuota diaria de 30 euros, con responsabilidad personal subsidiaria en caso de impago de 7 meses y 15 días. Se imponen las costas al acusado. 

Es decir, que la entrada en prisión se debe exclusivamente al delito de enaltecimiento del terrorismo, del que el perla es reincidente (por condena previa en 2015). Las injurias y calumnias a la Corona y a las instituciones del Estado solamente le suponen multas. Es importante referirlo y diferenciar claramente ambos delitos. Porque entiendo que se puede discutir cuanto se quiera e incluso abrir un debate sobre el delito de calumnias y sus implicaciones en la libertad de expresión. O firmar manifiestos al respecto, si se desea. Sin embargo, es indefendible el enaltecimiento del terrorismo, inasumible en una sociedad avanzada, mucho menos con una historia como la nuestra. Y pretender hacer creer que perseguir el delito de enaltecimiento del terrorismo o de incitación a la violencia es una afrenta a la libertad de expresión, o peor aún, a alguna forma de arte, es pasarse de artista.

Cuando se dice que España es un país de pandereta, lo es por estas cosas. No lo es porque el empleado de supermercado no haga su trabajo correctamente; no lo es porque el camionero no entregue sus cargas a tiempo; ni porque en nuestras peluquerías no sepan cortar bien el pelo. Lo es porque buena parte de nuestra prensa y demás medios publican este tipo de informaciones de una forma que invita a la confusión, a la discusión, al enredo, a alimentar enfrentamientos en Twitter y a la hora del café. Hay falta de rigor.

El tema es claro: Pablo Hasél va a la cárcel por reincidir en su enaltecimiento del terrorismo y su incitación a la violencia. Sin embargo, parece que a los medios les interesase confundir este motivo con sus insultos a la Corona y al Estado, dando a entender que, en España, quien insulta al monarca o a las fuerzas del orden es encarcelado. Vamos, que si eres republicano, tienes pie y medio en la cárcel. Eso es mentira, pero quizás así el tema les rinda más, fomentándose la polarización entre la gente, entre los republicanos, vendiéndose más periódicos, generando más clics en internet… De camino, las cosas realmente importantes se van quedando en el tintero. En todo caso, ser republicano no es sinónimo de defender la violencia y el terrorismo.

Por otra parte, tenemos a ese sector de personalidades que apoya a Pablo Hasél. España es un país lleno de profesionales que cumplen como el que más, cada uno en su ámbito. Los currantes de a pie, chapó. Pero es un país de pandereta en la medida en que personajes que son referentes de nuestro mundo de la cultura entienden que frases como “no me da pena tu tiro en la nuca, pepero” son un ejercicio artístico. Sustituyan “pepero” por “podemita”, “mujer”, “gitano”, “independentista”… No es aceptable, ¿verdad? Tampoco lo es ensalzar a ETA o a los Grapo. Y esto es indiscutible, no hay y no puede haber medias tintas. En este punto, si no lo tenemos claro o si creemos que podemos ir haciendo concesiones, apaga y vámonos.

Sin embargo, 200 artistas de nuestro estelado firmamento ponen su rúbrica a un manifiesto para que deje de considerarse al enaltecimiento del terrorismo y la incitación a la violencia como delito. Estos mismos, mañana no tendrán ningún pudor en vestir una camiseta de Je suis Charlie, haciendo evidente sus limitaciones intelectuales. Con tal de salir en la foto, se firma el manifiesto que haga falta, a ver si así salen más contratos… Se les ve el plumero y se nos caen mitos, qué le vamos a hacer.

En ese triunfo de la estética sobre la ética queda patente la estrechez de miras de algunos de nuestros idolatrados referentes culturales. Para los panfletarios, resulta ser más importante parecer moderno o sensible que simplemente preservar la seguridad, cultivar el buen clima social y, no nos olvidemos, decir la verdad. Cantautores que, con voz trémula y gemido, idolatran el pájaro que vuela, al mismo tiempo defienden que se instigue a la violencia contra el vecino en forma de amenazas de agresiones y muerte. No, quienes coquetean con este tipo de mensajes urge que se lo hagan mirar, sin ambigüedades. Son líneas rojas que separan, claramente, quién desea vivir en sociedad y quién no.

Prescriptores de pandereta

En este punto se da uno cuenta de que España no es y quizás nunca fue un país de pandereta. Que quizás su problema es que siempre tuvo en su prensa nacional y en su mundo cultural, prescriptores de pandereta. Referentes que, con más o menos talento en lo suyo, no podían y no pueden evitar mearse fuera del tiesto allá donde su entendimiento obtusea. Entre tanto, el señor Hasél, ente de raciocinio corto más próximo a las bestias de tiro que al neandertal, desconocido para el gran público hasta estos altercados, aparece a modo de indómito luchador por la libertad -vaya tela- satisfecho en el fondo porque, con el marketing gratuito que se le está haciendo, le salen a cuenta los meses que va a pasar en prisión. Y Adriana Lastra ofreciéndole su apoyo, empatizando. Dónde vamos a parar…

No entraré a comentar nada sobre la negativa imagen de España que se transmite fuera de nuestras fronteras gracias a esos brillantes titulares de prensa tendenciosos y estos manifiestos… Tampoco cabrá en la cabeza de ningún extranjero que puedan no ajustarse a la verdad porque, ¿qué prensa y qué colectivo artístico adulteraría la realidad para hablar mal de su propio país? Pues levantemos la mano: los nuestros, señores, los nuestros. Los de la pandereta. Qué bochorno.


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