ratonera

Una ratonera en la que, en lugar de queso, la trampa es la subvención.

Opinión, Política

La ratonera laboral

Comparte este artículo:

Se confirman, como recientemente ha publicado EL LIBRE, las cifras sobre destrucción de empleo y actividad tras un año de pandemia. Según los datos del INE, en torno a 205.000 empresas han cerrado sus puertas y 324.000 autónomos se han dado de baja. La prensa nacional nos dice: “La covid destruye…”. Pero no es la covid, sino las medidas adoptadas por nuestros dirigentes las que destruyen las empresas y originan la baja de esos autónomos

Números, cifras… Tras cada uno de esos autónomos, de esas empresas, hay un proyecto truncado, un modo de vida que se detiene, decepción, tristeza, rabia… ¿Indefensión? Probablemente, todo eso y más. Personas a las que les costará volver a creer que levantar un negocio propio es una buena idea. Recuerdo un mensaje que he escuchado desde siempre: en España hacen falta más emprendedores. Hay que apoyar al emprendedor, el futuro es de los que emprenden, el problema de España es que se emprende pocoPues aquí están, más de 500.000 emprendedores con los pies en el barro. Los que cierran sus puertas son los pequeños y medianos negocios, los emprendedores. Las grandes empresas continúan donde estaban y se frotan las manos ante tanta pequeña competencia local eliminada. Los grandes, mientras tanto, se aguantan bien.

Los militantes de los partidos están aliviados porque se ha dedicado mucho dinero a ayudas. Dinero de todos que es pan para hoy y hambre para mañana. Con este panorama, quienes aspiran a un empleo corren a las academias a preguntar por los temarios para prepararse unas oposiciones. La que sea, cualquiera sirve. Algo que al menos sea estable. Lo más cómodo y lo más seguro -aunque de difícil acceso, no diré que no- acaba por ser el empleo público, incluso si algún año congelan los salarios. Parece sernos ajeno que los sueldos públicos se pagan con los impuestos de los trabajadores y las empresas. Eliminando los emprendedores y las pequeñas y medianas empresas, los empleadores de la mayor parte de los ciudadanos pasan a ser el Estado y las grandes corporaciones. Y siendo que algunos lunáticos como el que suscribe piensan que las grandes corporaciones sujetan a los partidos -y con ellos al Estado- como la beata a San Cucufato, apretándole la soga allí donde más les duele, al final nos encontramos con una sociedad entregada a los designios de esas grandes corporaciones.

Cada vez menos libertad

Si cree que poca libertad tenemos ahora, menos tendremos aún nosotros y nuestros hijos si dejamos sin opciones a los trabajadores independientes y las pequeñas empresas. Para más inri, con la justicia en manos de los políticos, que a su vez están en manos de los lobbies. ¿Recuerdan cuando el Tribunal Supremo anuló la sentencia que obligaba a los bancos a pagar el impuesto de hipotecas? A esto me refiero. Ese es el caminito verde que va a la ermita: la justicia al servicio de los de arriba y aquí abajo, sálvese quien pueda. Cada vez más, acorralados. Encerrados en una ratonera en la que las opciones se agotan: o trabajar para el Estado o trabajar para grandes empresas que, poco a poco, irán reduciendo nuestros derechos en pro del beneficio máximo (el de ellos, es obvio, aunque no lo dicen por obsceno).

Con los legisladores y los que aplican las leyes comiendo de la mano de los grandes lobbies, ¿cree que tendrán algún pudor a la hora de reducir los derechos y la capacidad adquisitiva del trabajador? La uberización del entorno laboral ya está en marcha y la tendencia es que sea cada vez mayor. Mentalidad Kaizen, en busca una mejora continua centrada en una continua reducción de costes que desemboca, antes o después, en el continuo abaratamiento de los recursos humanos. China se va abriendo al capitalismo y Occidente se abre a la opresión china para acabar encontrándose en un punto común si nadie le pone remedio.

“Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, nos decían y nos volverán a decir… ¿Y ustedes, señores políticos y asesores nombrados a dedo, con grandes pagas, poca carga de trabajo y ningún control del desempeño? Pero claro, ustedes sí se merecen sus abultadas nóminas ¿verdad?

No creo que esto ocurriese si viviésemos en democracia, en una de las de verdad. En democracia, el pueblo es el detentor real del poder y, por eso mismo, respetado o, llegado el caso, temido

No vale la pena esperar que ninguno de nuestros representantes mueva un dedo para alterar el estado de las cosas. Ellos están bien como están. Discutirán, se enfrentarán y harán mucho ruido, escenificando que unos están en las antípodas de los otros, convirtiendo el Congreso en un teatro caro y aburrido. Inútil. Y al final, usted y yo estaremos en el mismo sitio. Con o sin subvenciones, cada vez un poquito peor.

Y no creo que esto ocurriese si viviésemos en democracia, en una de las de verdad. En democracia, el pueblo es el detentor real del poder y, por eso mismo, respetado o, llegado el caso, temido. En democracia el poder no reside en las élites. ¿Y qué nos falta para vivir en democracia? El movimiento Yo No Voto propone aguardar que una abstención en masa ponga en entredicho el sistema actual, desembocando en un proceso de libertad constituyente en el que se reforme la constitución al completo. Puede ser una opción. Aunque hay alternativas menos traumáticas y por ello, más exequibles a corto plazo.

Digo menos traumáticas en relación al poder legislativo y el ejecutivo, porque el poder judicial sí necesita una reforma integral al margen de los otros dos poderes para garantizar su imparcialidad, su celeridad y su control por el pueblo, no por los partidos.

Bastarían para empezar tres medidas:

a) Eliminar la disciplina de voto, de forma que cada diputado apoyase lo que más le interesa a sus votantes y no a su jefe de filas.

b) Reformar la ley de partidos, eliminando toda subvención pública a los partidos y, aunque pudiesen existir, que lo hicieran a su costa y no a la nuestra: esto, además de reducir el número de políticos de carrera, garantizaría que los candidatos por cada jurisdicción compitiesen en igualdad de condiciones tanto si fuesen de un partido como si fuesen independientes.

c) Que los votantes de cada jurisdicción pudiesen revocar a su representante y convocar nuevas elecciones en su jurisdicción para elegir uno nuevo en cualquier momento, con independencia del resto de jurisdicciones, siendo necesario para ello reunir un porcentaje cualificado de firmas (algo que ocurriría cuando el pueble estimase que su representante no está haciendo bien su trabajo).

Es posible que estas propuestas sean mejorables y también es posible que mañana cualquier partido haga de estas ideas las suyas para convertirlas en utopías y continuar viviendo del cuento. Lo que sí tengo claro es que, si los ciudadanos no cogemos el toro por los cuernos, las oligarquías continuarán con su hoja de ruta, acumulando capital sin importarle a quién le toca vivir en la miseria. Hoy le toca a la hostelería, mañana a cualquier otro sector.


Comparte este artículo:

2 comentarios

  1. Avatar Yolanda Romero Tirado

    Estoy de acuerdo en todo lo que dice. Quedaremos como peones en un tablero de ajedrez donde el jaque mate lo darán los chinos y las oligarquías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*