Este cuadro, hecho con IA, representa la entrega de Miranda a los españoles en 1812 por la traición.

Opinión, Política

Memoria histórica y advertencia al pueblo venezolano: Miranda contra el mito, Bolívar y la traición fundacional

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Francisco de Miranda fue la conciencia política que Bolívar no acabó de asumir, pensó la independencia como la fundación de una república moderna con separación de poderes y representación política

Fue la expresión más clara de una libertad política colectiva para Hispanoamérica. Bolívar aprendió ese lenguaje, aunque nunca lo incorporó como principio rector de su acción y terminó construyendo un poder personalista y militarizado, eficaz para la guerra pero estéril para la libertad. Miranda concebía la independencia como orden político y exigía instituciones que limitaran al poder incluso en la victoria.

La entrega de Miranda a los españoles en 1812 no fue un accidente ni una fatalidad del momento, sino el signo de una relación con el poder donde la ambición se impuso a la lealtad republicana. Bolívar necesitó a Miranda para aprender a pensar la libertad pero lo sacrificó para mandar, y ese sacrificio fue una doble traición, a Miranda como hombre libre y a la posibilidad de una república venezolana fundada sobre libertades colectivas efectivas. Desde ese instante, la independencia quedó marcada por un vicio de origen, victoria militar sin fundación política.

La historia oficial venezolana ha desfigurado deliberadamente a Miranda, lo recuerda como eminencia decorativa y lo reduce a estatua, pero ignora su proyecto institucional y lo relega frente a la épica militar de un Bolívar mitificado. Ese olvido no es inocente, es funcional, porque recordar a Miranda obligaría a admitir que la libertad política fue derrotada en el momento fundacional y que el caudillismo sustituyó a la república. La mayoría de venezolanos conoce el nombre de Miranda, pero no su pensamiento, y esa ignorancia ha sido cultivada para evitar toda exigencia de representación política y control del poder.

Transacción de poderes

La lección de Miranda no pertenece solo al pasado, porque Venezuela atraviesa hoy un momento decisivo que exige recuperar los fundamentos de la libertad política colectiva. La caída de un tirano y la supervisión externa de un periodo de transición no garantizan libertad alguna, aunque se presenten como ayuda internacional, porque sustituir un poder personal por otro tutelado desde el extranjero no equivale a fundar una república libre. Sin un verdadero periodo de libertad constituyente, sin separación real de los poderes del Estado y sin representación política efectiva, lo que se prepara es una transacción de poderes hacia una oligarquía dócil y alineada con intereses ajenos al pueblo venezolano.

Si el pueblo venezolano no recupera a Miranda como referencia política y no comprende que la independencia no consiste en derribar a un hombre sino en instituir un orden constitucional legítimo, repetirá la traición fundacional con otros nombres y otros discursos. Sin memoria política no hay libertad, y sin instituciones no hay república, solo obediencia y populismo.


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Un comentario

  1. Edorta

    Muy bueno

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