Finlandia es un país definitivamente a la deriva. Reconozco que no sé mucho de lo que ocurre en ese país. Si fuera totalmente sincero, tendría que decir que no sé nada, pero no creo que pase nada si un servidor también se pone a opinar sobre lo que desconoce por completo. Sé que tienen una mujer treintañera como presidenta a la que le gusta divertirse en su tiempo libre. Que va a una fiesta y se desmelena, que canta y baila y pone caras raras cuando se entra en ese trance llamado diversión
Uno que vive en un país serio como todos sabemos, se cambiaría sin dudarlo por nuestros helados hermanos del norte de Europa. Nosotros tenemos un presidente guapo y mentiroso y ellos tienen una presidenta guapa y fiestera. Lo de que las comparaciones son odiosas tienen en este ejemplo la mejor de sus validaciones como máxima. No hay color a la hora de elegir, la belleza debe ser ociosa y no mentir con la realidad de su condición. La belleza debe transmitir alegría, disfrute, una idea de que es posible agarrarla y contemplarla, sin impostura de ningún tipo. La belleza siempre pone buena cara porque no tiene otra.
La belleza es una serpiente cuando te ofrece una manzana podrida, cuando te vende mercancía averiada como nueva y a estrenar. Pedro Sánchez cuando se desmaquilla y muestra su parte femenina se convierte en Eva. Sanna Marin, que es como se llama la primera ministra finlandesa, es una mujer que se maquilla con la naturalidad de sus actos. Ambos son socialdemócratas, pero mientras él es un robot sin sentimientos, ella sólo imita serlo en uno de sus movimientos al bailar. Es lo más cerca que Rajoy estará nunca de parecerse a la belleza grácil de esta, cuando practica ese deporte antiestético al que llama «andar rápido«. Marchar(se) es lo que debería haber hecho antes.
Mi única musa política
Pero volvamos a la serpiente, esta vez finlandesa y que nunca será una manera en que me refiera a Sanna Marin. Desde ya se ha convertido en mi única musa política. La única serpiente que sigue malviviendo en Finlandia es la del juego de los teléfonos Nokia, marca de capa caída desde hace unos años. Lo único que florece en Finlandia es su primera ministra y sus ganas de inspirar felicidad. La única movilidad necesaria en ese país es el de las ideas dentro de ese cerebro felizmente bailarín. Si esta mujer consigue que, en el resto del mundo, lo primero que asocie nuestra mente a su pueblo sea que son disfrutones, en vez de seres satánicos, oscuros y suicidas, habrá conseguido un éxito imposible de igualar.
Pero siempre hay gente a la que le molesta la diversión ajena. Y esto es lo único que no me extraña de esta noticia. En un país de amargados como parecen ser los finlandeses, no sorprende que moleste la alegría del prójimo y, si este además es un rival político, pues con más razón para ellos. Pero pedir que esta mujer se haga un test antidrogas por aparecer bailando y pasándoselo bien en una fiesta es una locura propia de un país que buscara la muerte de la razón, un acto suicida. Mira, otra cosa en la que también parecen ser coherentes con sus actos. En España hace unos años se encontraron restos de sustancias tóxicas en los baños del Congreso de los Diputados. Divertirse como evasión del trabajo siempre será algo muy sano, pero evadirse para seguir sin trabajar sí que me parece una enfermedad moral de las más graves.
Tampoco entiendo (o puede que lo entienda demasiado) cómo a la oposición finlandesa el primer pensamiento que le vino a la cabeza cuando vio las imágenes del video estando de fiesta de la primera ministra fuera que, si bailaba y ponía caras algo extrañas, es porque estaba drogada. Se deben conocer muy bien ese percal para opinar de esa manera. La droga de la política debe enganchar especialmente. Muchos privilegios, mucho placer y mucha falsa moralidad.
La verdadera libertad
Sanna Marin es una mujer de 36 años que cometió el pecado de querer divertirse y a la que no le pareció algo que hubiera que ocultar. Pedro Sánchez, nuestro guapo mentiroso, utiliza su poder para intentar justificar el indulto a un político de su partido cuya condena ha sido ratificada, entre otras jugarretas del socialdemócrata malo. A mí dame, si hay que quedarse con alguna, a la socialdemocracia finlandesa de Sanna Marin, en cuya belleza física la política adquiere tintes de alegría y una luz brillante y fría como la que se refleja en los fiordos de sus ojos.
Ojalá la búsqueda de la felicidad, de una manera tan poco dañina para el resto, fuera el peor rasgo del carácter y de las actuaciones de nuestra clase política. Pero valdría para cualquier otro país. La felicidad pura ni se corrompe ni necesita ser votada mediante un chantaje electoral.
Querida Sanna, si no te quieren en Finlandia, vente para España, que de fiestas sabemos mucho, pero no todos saben ejercerlas en libertad, sobre todo la democrática. Querida musa, reina, diosa, sólo tú puedes mirarle a los ojos y explicarle a la Ayuso lo que es la verdadera libertad. La que se ejerce desde la felicidad y no desde el enfrentamiento.
¡Felicidades Finlandia! Por poder disfrutar, desde el año 2000, de un gobierno excepcionalmente femenino, joven y exitoso.
Felicidades bella mujer, por ser capaz de cumplir con tu deber. No dejes de bailar, ni tú ni tu pueblo, nunca olviden que en la Segunda Guerra Mundial era ilegal hacerlo.
Por una verdadera socialdemocracia.
De lo peor que se puede hacer en política es robar, y ella no lo ha hecho. A nosotros nos roban continuamente, se gastan en drogas y pilinguis el dinero destinado a formación, se pacta con criminales en el gobierno, se mantiene en cargos públicos a quienes se saltan la ley… ¿Y eso no es un escándalo? Ella tiene que pedir perdón por bailar en su casa y aquí nos roban y se pasean con descaro ante nosotros…