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Un barrendero limpia las calles de Madrid. / EP

Opinión, Política

Vida de mierda

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El viernes pasado murió un trabajador de la limpieza urbana del Ayuntamiento de Madrid

Esto a casi nadie le importa. Pero a mí sí que me parece algo a destacar y por eso he tenido la necesidad de escribir este texto cuando me prometí no volver a juntar frases en bastante tiempo. Pero merece la pena no volver a tener palabra si la razón es un héroe anónimo, como se suele llamar a los que verdaderamente lo son y les sobra ese apellido tan casposo. Ese trabajador de la limpieza murió a causa de un golpe de calor.

La gran mayoría de los medios de comunicación, por no decir todos, le han dedicado a esta noticia el mismo tiempo que a decir y buscar la verdad. Periodismo, que diría el gran Ferreras, apelativo que le viene como anillo al dedo, y no por ser riguroso en la búsqueda de una información veraz, cómo ha demostrado en esos audios junto a un personaje de la catadura moral de Villarejo. Lo de gran Ferreras viene por su abultada panza y no tengo nada en contra de la gente que come como si no hubiera un mañana. Es más, me parece una postura inteligente hacerlo con el otoño raquítico que nos espera a la vuelta de la esquina. Coman ustedes mientras puedan pagar los alimentos, que no será por mucho tiempo. Almacenen todas las defensas posibles, pues el ataque que está por venir, si es que no ha llegado ya, va a ser con armamento nuclear, de los que amilanan y asustan a nuestras calderas y calefacciones encogiéndolas de un frío polar. Por eso aprovechen ahora y pongan el aire acondicionado, no hay necesidad de pasar calor, acostumbrémonos al fresquito cuanto antes.

El ser humano es un animal de costumbres y podremos convivir con los sabañones hasta convertirlos en nuestro animal doméstico favorito, y que los perros se vayan con sus pulgas a otra parte. Si no hay dinero para pagar la leche, menos lo habrá para comprarle a nuestra querida mascota su jabón favorito. Pero yo estaba escribiendo sobre Ferreras, como ejemplo del periodista que hace una huida hacia delante de las noticias que hay que pararse a tratar. Ferreras, el amigo progre de Florentino Pérez. Esta frase que acabo de escribir sería el resumen perfecto que explicaría el sinsentido y la incoherencia de a lo que se le da valor en nuestros días.

Pero yo aquí había venido a escribir sobre ese trabajador de la limpieza que murió por ese golpe de calor. Y ya que nadie le va a hacer caso, quién mejor que yo, que tampoco lo soy o que lo soy especialmente, para tratar de ponerle en el lugar que se merece.

El trabajador en cuestión estaba trabajando en la zona del Puente de Vallecas, el pasado viernes 15 de julio, cuando a las cinco y media de la tarde, sí han leído bien la hora, se desplomó como consecuencia de las altas temperaturas, concretamente 39 grados en ese momento, y sí también han leído bien la cifra. Todo está mal en este mundo supuestamente perfecto que nos hemos creado a nuestras imágenes y semejanzas. Que sea legal trabajar a la intemperie en las horas centrales del día en la estación veraniega en un país como España habla de lo poco que nos importa todo y, sobre todo, los demás.

Madrid se llena de obras por hacer con la excusa de que es cuando menos se molesta a los ciudadanos, ya que están de vacaciones, y que el resto del año necesitan de esas calles para circular por ellas para ir a trabajar o gastar ese dinero, en definitiva, para lo que es perder el tiempo de verdad. Parece que los que aquí mandan, pues uno también vive en la capital de España, pero valdría para cualquier otra ciudad, se ensañasen precisamente con los que están trabajando en estas fechas: ¿no quieres caldo? Pues toma dos tazas, y esto sería de manera literal, si por ellos fueran, a estos trabajadores de la limpieza, en vez de agua les obligarían a tomar sopas y comer callos, como no a la madrileña, es decir de manera liberal, pero obligatoria.

El trabajador que murió tenía 60 años. No voy a ser yo el que diga que es una edad avanzada, y menos en esta sociedad donde los avances sí han llegado a la salud física de las personas. Hoy en día se pueden correr maratones con esa edad y después comerte un cocido y quedarte como Dios. Pero no se puede negar que la resistencia física disminuye a partir de unas edades, y más si las circunstancias climatológicas y el tipo de trabajo requiere de una fortaleza determinada. Pero diría lo mismo si la persona que hubiera fallecido hubiera tenido 30 años. Con 39 grados no se puede trabajar. Debería estar prohibido, pero ahí sí que todos los partidos se vuelven liberales y dan libertad al trabajador para que muera de una forma infernal. Y todos los partidos políticos son los que remueven el caldero con los huesos ya blanditos de los, ahora sí, parados a la fuerza.

Somos una ciudad de guarros

Pero también somos culpables en este caso los que vivimos en Madrid. Somos una ciudad de guarros. No podemos evitar ir dejándolo claro a cada paso que damos. La colilla al suelo y no hablo, más quisieran la mayoría, de que toquemos con nuestro más preciado apéndice las aceras, que nosotros no pertenecemos a la África subsahariana. Otros escupen al suelo como si tratasen de quitarse de encima la bilis que, por desgracia, no acaba por ahogarlos.

Tiran los pañuelos de papel con sus mocos, su posesión más valiosa, pues son los únicos que pueden liberarse de esa cárcel que es más peligrosa que una salvadoreña. Tiran las litronas de cerveza, las mondas de las frutas y fluidos que ni los mejores científicos pueden analizar para saber qué son realmente. Y vuelvo a repetir que hablo de Madrid, pues la noticia ocurre aquí, pero esto es extrapolable a la mayoría de ciudades españolas. Si todos fuéramos responsables de nuestros desperdicios y los alojáramos en los respectivos cubos de basura, no sería necesario que alguien tuviera que limpiar nuestras muchas excrecencias.

Los partidos políticos son la consecuencia de nuestros actos y viceversa

Somos una sociedad poco civilizada, aunque se vanaglorie de que lo es. No haría falta que hubiera personas que tuvieran que jugarse la vida con un carro y una escoba por nuestras calles. Lo mismo pasa con nuestra clase política: no serían necesarios esos seres facinerosos y crueles si supiéramos convivir en armonía, pero por desgracia esa es la única utopía que nunca dejará de serlo. Los partidos políticos son la consecuencia de nuestros actos y viceversa. Ambos nos merecemos lo que tenemos. Ojalá una verdadera sociedad horizontal, sobre la que poder quedarse dormido plácidamente, pero aquí todo el mundo se sube a la chepa de quien puede.

Para la prensa esta noticia ya es pasado, aunque lo que habría que decir es que nunca lo fue. Eso sí, nos siguen repitiendo lo que ya sabemos, que un polaco ha fichado por el Barsa, que la gente se va de vacaciones en verano, que hace calor, que el debate sobre el Estado de la Nación no sirvió para nada, o todo lo contrario, que las derechas estuvieron muy bien o fueron las izquierdas las acertadas. En definitiva, a practicar la ceremonia de la confusión que tienen tan perfeccionada, pero al que dedicaron más horas que a intentar encontrar la dignidad de los que hablaron en él.

El pasado viernes morimos todos, pero hicimos como si no nos enterásemos. Como siempre. Los héroes pueden descansar, pero a nosotros esta vida de mierda nos acompañará eternamente. Nos lo tenemos merecido.


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2 comentarios

  1. Avatar Lucía Ramos

    Arde Madrid
    se quema España
    Fuego-helado
    sangre caliente
    gente que muere
    en yuxtaposición
    Agua-seca
    riega la tierra
    necesidades humanas
    lloran su evolución
    Letra, entra sin sangre
    habla pueblo
    ama mejor.

  2. Avatar Gelespozo

    Hace poco me enteré que el ayuntamiento del pueblo donde vivo había cerrado a la una porque se le habían estropeado los aires acondicionados.
    Sin embargo nosotros tenemos que estar en las paradas de los autobuses a cuerpo limpio con cincuenta grados. Una ocasión que me vi con la alcaldesa le dice que por qué no ponía un árbol en la parada del autobús no le importa ella solamente se preocupa de estar lo más cómoda posible y los demás que le den

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