Hace falta sentimiento. Me hace falta sentir más o simplemente sentir algo. La pandemia, para esto, ha sido pan para hoy y poca dermis para mañana
Nos pensábamos al principio que lo que está pasando nos iba a hacer más humanos, pero hemos demostrado serlo cada vez menos, tanto que tener humanidad está en grave riesgo de extinción. Otra cosa es la humanidad como especie, resistente como las cucarachas e igual de desagradable que éstas, y que resistiremos hasta el final del apocalipsis. Las cucarachas, ese bicho kafkiano que, si hubiera leído La Metamorfosis, habría arrancado las primeras páginas para poder olvidar de donde procedía. Dicen que el hombre procede del mono. Y la cucaracha de la mano, llena de pesadillas de los humanos.
Me siento medio dormido. Hasta hace poco estaba despierto, pero solo me di cuenta cuando cerré los ojos el tiempo suficiente como para dejar de estarlo. En un abrir y cerrar de ojos ha muerto mucha gente a mi alrededor, y los políticos han tomado decisiones que solo les benefician a ellos. Y la verdad es que me da igual. A casi todos nos da igual. Ya no nos sorprende nada, sobre todo lo que debería hacerlo.
El sufrimiento propio y ajeno nos acaricia la mirada, mientras que el masaje corporal lo disfrutan los de siempre, al mismo tiempo que se les duermen los ojos. La oscuridad es distinta si la sueñas o te obligan a mirarla con la claridad del que no puede ver otra cosa. Ahora sé que estoy despierto, pues me dejo llevar por mi inconsciencia. No hay nadie al volante y las cuatro ruedas me atropellan formando el abrazo perfecto con mis extremidades. Los que mandan dibujan la silueta tumbada de mi cuerpo. Físicamente soy un estorbo, mentalmente estoy en un Starbucks. Un litro de mal café no hace que despierte, solo que se me revuelvan las tripas. Al día siguiente, la tiza que dibujó mi cuerpo apareció coloreada por mis heces. Y a vosotros que me leéis os pasó lo mismo.
Cerrar los ojos
Lo único interesante es ver cómo lo que parecía serlo deja de mostrarse así hasta no saber si realmente lo fue en algún momento. Hubo uno en el que lo pareció de una manera nítida, material, en la que cerrabas los ojos y lo interesante permanecía allí, inalterable, fijo, flotando sobre una gravedad de microorganismos que lo portaban como el rey que merecía ser.
Casi nunca pasa nada que nos emocione, que nos embriague de belleza, de amor, que nos haga sentir bien, o todo lo contrario, nada nos provoca tristeza, repulsión, melancolía o desazón. Hemos normalizado la muerte, la violencia, el desamor, las faltas de respeto, creemos que no son reales, que pertenecen a una serie de Netflix o HBO. La realidad es un concepto discutido y discutible. La vida consiste en aceptarla mientras miras para otro lado.
En una serie se decía que la realidad estaba ahí fuera. En la vida real despejar la X no cubre el expediente. Yo soy la realidad que me interesa. Leo noticias que tratan de manera muy distinta el mismo tema. Escucho a políticos decir una cosa y la contraria en la misma frase. Defender una idea que más tarde negarán y que será adquirida por un partido opositor, cuando éste acababa de echársela en cara cuando la defendía el otro. Como no siento nada, me da igual cuando lo hacen. Seguiré votando la realidad sesgada a mi imagen y semejanza, y leeré y escucharé los medios que defienden mis razonamientos. Y si veo que esto no funciona para hacer de esta sociedad un lugar mejor, dejaré que los acontecimientos se sigan produciendo mientras me quedo dormido con los ojos bien abiertos. Nada va a conseguir que algo me importe. El día que no tenga ropa o comida me alimentaré de mis ojos ciegos y me vestiré con mis escrúpulos. No se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido.
Observo que cada día hay más gente en el paro, que las colas del hambre dan varias vueltas a la manzana y que los gusanos de la sociedad intentan comérsela, o dejarla podrida, como lo están ellos. La manzana y la sociedad se pudren en una frutería regentada por un sintecho.
Yo sigo preocupado por lo verdaderamente importante: que mi comunidad autónoma de turno logre la independencia o que España sea una, grande y libre, o que las mujeres no sean discriminadas ante la ley en una España del siglo XXI que lo hace imposible. Otra cosa es que haya de manera individual algún hombre que se haya quedado en la Edad de Piedra o que los ricos paguen menos impuestos para mantener sus privilegios, o que Messi y Sergio Ramos quieran seguir jugando en mi equipo de mierda.
Esos son mis problemas o esos me han dicho que deben serlo. No tengo tiempo para pensar en familias desahuciadas o pobres de pedir. Me sigo alimentando de esta anestesia tan rica, saboreo mis encías ensangrentadas. La carne y el vino maridan de manera perfecta cuando no sentir nada es el mayor de los placeres. Los artistas y el mundo de la cultura intentan salvarme, que el paladar y la vista se mezclen creando un batido donde mi lengua y mis ojos se emocionen ensalivados y llorosos ante una emoción sana, natural, humana.
Cuando me desperté, el dinosaurio devolvió a su sitio a la realidad. Los músicos, los pintores, los escritores, los filósofos y los profesores se fueron a la calle a hacer compañía al único público y alumnos que no les habían abandonado. Hubo por una vez un exceso de emoción y sentimiento. Una sobredosis provocada. Un suicidio en masa que dejó restos de libertad entre los cuerpos. Hace falta sentimiento, pero los demás seguimos vivos.
Magnífico D. Manuel, qué razón tiene usted con lo que maravillosamente expone. Efectivamente hace falta sentimiento… Enhorabuena y saludos cordiales…
Hoy me sangran los ojos al leerte.