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Los cuidados paliativos son cruciales para los enfermos terminales.

Opinión, Salud

Eutanasia y cuidados paliativos

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Con la aprobación de la ley de eutanasia en España, se ha abierto en la sociedad el connatural debate ante una cuestión tan compleja como delicada

Según la Proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia de 17 de diciembre de 2020, El objeto de dicha Ley es regular el derecho que corresponde a toda persona que cumpla las condiciones exigidas a solicitar y recibir la ayuda necesaria para morir.

Estos requisitos se detallan en el artículo 5: “Padecimiento grave, crónico e imposibilitante” y más adelante: “y que llevan asociado un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable para la misma, existiendo seguridad o gran probabilidad de que tales limitaciones vayan a persistir en el tiempo sin posibilidad de curación o mejoría apreciable”.

En el apartado b del artículo 5 también se establece que “se pondrán a disposición del afectado, las diferentes alternativas y posibilidades de actuación, incluida la de acceder a cuidados paliativos”.

Sin embargo, antes de la publicación de esta proposición de Ley Orgánica, exactamente con fecha de 24 de abril de 2019, la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal) y la Asociación Española de Enfermería en Cuidados Paliativos (Aecpal), dos sociedades científicas que representan a más de 2.500 profesionales sanitarios de toda España, emitieron un informe donde manifestaban su preocupación por el aumento de personas que siguen sin recibir cuidados paliativos en nuestro país.

A la altura de Rumanía

En el Atlas de cuidados paliativos en Europa 2019, coordinado por la Universidad de Navarra, coloca a España en el puesto 31 de los 51 países europeos analizados en cuanto a servicios por habitante, al mismo nivel que Georgia, Rumanía, Letonia o República Checa.

La decisión de morir es una de las más dramáticas a la que un ser humano puede enfrentarse, y sabemos que existen situaciones terriblemente desesperadas, casos de un deterioro total, estados límites, y otros en que cualquier decisión al respecto será siempre el más cruel de los conflictos. Para que estas coyunturas pudieran ser tratadas atinadamente, sería necesario poseer el sigilo de un felino, la finura de una caricia y la prudencia de un sabio.

No obstante, sí puedo hablar, por haberlo percibido personalmente y por haber constituido una de las experiencias más intensas de mi vida, del efecto que pueden obtener los cuidados paliativos cuando se ha perdido toda esperanza.

El caso de mi hermano

Hace años alguien a quien amé profundamente hubo de enfrentarse a una enfermedad sin posibilidad de curación y, para nosotros, el mundo se quebró. Creí que no podría soportar el deterioro hasta la muerte de aquel hombre en lo mejor de su edad, de su apostura y de su inteligencia, que era mi hermano. Busqué ayuda con desesperación, y la encontré. Nos llegó de la Unidad de cuidados paliativos del Hospital Virgen de las Nieves, y del doctor D. Rafael Gálvez y su equipo, que prodigaron no sólo el tratamiento médico más eficaz, sino también una corriente inagotable de humanidad que, hasta el último día de mi vida, no dejaré de agradecer.

Aquellos cuidados nos permitieron que el tiempo terrible que nos aguardaba se convirtiera en unos meses de ofrenda de vida, de paz y de revelación. Nunca sentí más intensamente el cariño que profesaba a mi hermano que en aquellos días. Durante cada uno de ellos me parecía maravillosa la posibilidad de tenerlo conmigo, sin dolor, sereno, lúcido y disfrutando de cada pequeña cosa que inventábamos para ofrecerle un momento feliz.

Nunca he visto más gallardía, más armonía y sosiego que la que él demostró en ese tiempo. Se despidió de sus amigos cariñosamente y hablaba de aquello que le importaba, expuso sus deseos y en torno a él fabricamos un cerco de amor tan vehemente que quizás no hubiésemos podido vivir con tanta intensidad durante toda una vida.

No he recibido jamás una lección vital como aquella larga despedida. La muerte rondaba, pero no la mirábamos, absortos en la alegría de gozar de una confidencia más, una comida más, una vieja película más. Un abrazo más.

La dignidad y valentía con que se enfrentó a su destino es una decisión personal, y en su caso fue admirable, pero seguramente es más factible esta posición cuando se está libre de dolor y rodeado de ternura y de amor. Y es esta experiencia tan honda la que me impulsa a escribir sobre la fundamental importancia de los cuidados paliativos en el sistema sanitario.

Hago mía cualquier reivindicación dirigida a promover un completo y eficaz sistema de cuidados paliativos en nuestro país

Si hay algo en lo que creo firmemente, en nombre del progreso y los derechos humanos, es que se dé a todos la posibilidad de morir sin dolor y rodeado de aquellos que aman.

Recientemente, leí un magnífico artículo firmado por Manuel González Barón, director honorario de la Cátedra de Oncología y Medicina Paliativa de la Universidad Autónoma, donde se dolía de la ausencia en España de un plan docente universitario de cuidados paliativos y de que sólo seis de las 42 facultades de medicina tengan esta asignatura en su currículo, sin que tampoco exista una especialidad con formación MIR.

Hago mía cualquier reivindicación dirigida a promover un completo y eficaz sistema de cuidados paliativos en nuestro país. Existen muchas personas que, al final de sus días, lo que necesitan es compasión, amor, medicamentos y atención sanitaria.


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2 comentarios

  1. Avatar Amelie

    Magnífico artículo

    • Avatar Manuel Calleja

      Excelente y oportunisimo artículo, con el que no puedo identificarme más. Desde el punto de vista técnico hoy no se puede achacar a la existencia de dolor incoercible el sufrimiento imposible de aguantar y desde el punto de vista social es que lo que resulta inaguantable es precisamente que el Estado no proporcione la asistencia de Cuidados Paliativos a todos los españoles que quieran recibirlo. Muy certero y oportuno todo lo afirmado por su autora.

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