¿No han tenido alguna vez la sensación de que algo lo han visto o leído ya en alguna parte? Y no me refiero al consabido ‘déjà vu’ («ya visto» en francés), una clase de paramnesia, sino a algo más profundo, casi mitológico, religioso. Como una epifanía. Estás tranquilamente pensando en tus cosas y de repente, ¡zas!, acabas de darte cuenta de que un pensamiento de ese tipo te ha abordado de repente. Y no solo eso, es que además se parece mucho a otro en el que habías estado pensando antes… Y entonces dices: «Esto me suena»
Las religiones tienen que ver mucho las unas con las otras. No en vano, las dos principales religiones del mundo (cristianismo e islam) provienen de una tercera (Judaísmo). Por eso, solo hay que escarbar un poco…
Hablemos de tríos (…no, de esa clase, no): Osiris y Jesucristo fueron asesinados despiadadamente y resucitaron al tercer día. Jesucristo y Horus murieron a los 33 años. Por otro lado, Jonás permaneció tres días y tres noches dentro de un monstruo marino (en la Biblia nunca se dice que fuera una ballena, podría perfectamente ser un cachalote). El can Cerbero, quien custodiaba los umbrales del Hades, contaba con tres cabezas a cuál más horrible.
En muchas religiones los dioses más relevantes pertenecían a trinidades: religión egipcia (Osiris-Isis-Horus), la sumeria (Nanna-Utu-Inann), la mexicana (Huitzilopochtli-Tezcatlipoca-Quetzalcoatl), el cristianismo (Espíritu Santo-Cristo-Yahve), el hinduismo (Shiva-Brahma-Vishnu), etc. Así como divinidades menores relacionadas con la adivinación y la muerte (las griegas Moiras, Grayas, Euménides, Harpías, Sirenas, Gorgonas…); o el placer (las también griegas Horas, Gracias…); las romanas Parcas y Furias; o las Nornas vikingas, también relacionadas con la muerte y el destino. Una triada mucho más amable la constituían los Reyes Magos y… su Amazon primitivo.
Hablemos de bóvidos: en la mitología nórdica Audumbla, la vaca primigenia (también conocida como La Gran Vaca Cósmica) amamantaba al gigante de hielo Ymir. Luego está el toro blanco que transportó a Zeus para aprovecharse de Europa. Los ritos de Mitra eran representados por los romanos como un toro blanco al que el dios secciona su garganta en lo que se conoce como tauroctonía. No se debe confundir con el taurobolio frigio, protagonista del rito de los misterios de Cibeles y Atis en el que también se sacrifica un toro… y algún testículo. Del Minotauro no hace falta hacer insistir mucho dada su notoriedad. El semidios sumerio Gilgamesh mata al toro cósmico junto a su amigo Enkidu.
Hablemos de ascensiones
Hablemos de ascensiones: varias deidades conducían carros voladores; como mínimo, Mitra, Hades, Triptolemo, Apolo o el Titán Helios. Las vimana eran carros descritos en textos hindúes y epopeyas sánscritas; sobre todo, son conducidos por Ravana, dios de la riqueza. En otra variante, el profeta Mahoma, acompañado por el arcángel Gabriel, ascendió en el caballo Buraq, de allí escaló al cielo y luego a la presencia de Allah, el Todopoderoso.
Hablemos de descensos: las llamadas categorías de deidades de vida, muerte y resurrección sufren algo similar al fallecimiento, pasan una fase en el inframundo entre los muertos. Entre los dioses que podrían incluirse en esta categoría están Osiris, Adonis, Tammuz, Fénix, Cristo u Odín. Las diosas que ingresaron al reino de los muertos y volvieron incluyen a Inanna (Ishtar) y Perséfone, la figura central de los misterios eleusinos. Por otro lado, Gilgamesh, Ulises y Eneas descendieron a los infiernos y retornaron. El primero y más antiguo bajó al Inframundo para buscar a su amigo Enkidu (sí, el de antes), con el cual dicen las malas lenguas compartían algo más que amistad. El segundo realizó su descenso guiado por Virgilio para encontrar al adivino muerto Tiresias, del que necesitaba obtener cierta información para volver a su patria Ítaca. Y Eneas, por último, recorrió prácticamente el mismo camino, solo que guiado por una sibila de Cumas, la cual dirigió al héroe hasta su padre, Anquises, en los Campos Elíseos, donde permanecía la clave de la tierra prometida itálica. Otros héroes que culminaron este viaje fueron Marduk, Heracles, Orfeo, Teseo o Jesús.
La apasionante historia de Zeus
Hablemos de guerras: la más célebre guerra celestial que haya habido jamás fue sin duda la protagonizada por Yahveh y Satanás. En el principio de los tiempos un ángel pretendió ser como Dios y por ello fue desterrado del Edén. Se llamaba Lucifer (que significa reluciente) y era el ángel más cercano a Dios. Terminó engrosando las filas del paro en el infierno… En un caso diferente, la guerra no tuvo lugar entre unos ángeles y otros, sino que la contienda enfrentó a unos familiares contra la siguiente generación. Estamos hablando, evidentemente, de la Titanomaquia, es decir, el conflicto bélico protagonizado por los titanes de la mitología griega y sus descendientes.
Todo comenzó con un oráculo. Lo consultó Cronos, a la sazón el monarca de toda la Tierra. La profecía dictaba que uno de sus hijos, al crecer, le terminaría derrocando; así que, ni corto ni perezoso, se lio a engullir un hijo tras otro, los cuales iban saliendo del útero de la diosa Rea, su esposa. No obstante, rota de dolor, Rea intentó salvar, al menos, uno. De ese modo, cuando llegó a Zeus el turno, la diosa le dio en su lugar una piedra envuelta en pañales y mandó al niño lejos para que el dios antropófago no advirtiera el ardid. Bien, el resto de la historia es más o menos conocida: Zeus crece, obliga a su padre a vomitar a sus hermanos y comienza así la lucha parricida entre los titanes y los olímpicos hermanos del dios griego, quienes se alzaron con la victoria y Zeus, como castigo, los cargó con hierros y cadenas en las profundidades del Tártaro, el más horribles de los infiernos… Y, por último, podemos nombrar brevemente a la diosa cananea Atta, que —parece ser— protagonizó otro asalto a los infiernos, rebelándose contra Baal, la más importante divinidad del panteón cananeo. Desafortunadamente para Atta, este fue vencido, pero al menos se llevó el premio de consolación, siendo nombrado gobernante del Inframundo.
La conexión Mitra-Jesucristo
Hablemos de nacimientos: el dios Sol Invicto y Mitra nacieron un 25 de diciembre coincidiendo con el solsticio de invierno. Como el cristianismo andaba de capa caída allá por el siglo III d. C., los cristianos se apropiaron de algunos símbolos de otras religiones para medrar, entre ellos la Natividad de Jesús. En cuanto a esto último, cabe señalar que fue el Emperador Constantino quien fijó la susodicha fecha. Pero lo más llamativo resulta ser lo siguiente: al nacimiento de la deidad romano-irania Mitra asistieron unos pastores para adorarlo, como en el del nacimiento de Jesús. Y además también su sangre se convirtió en vino. El nombrado ya varias veces Mitra nació de una especie de roca. Un tal Gerión, un gigante con tres cuerpos unidos por la cintura, con sus respectivas cabezas y extremidades, había nacido en una cueva (entiéndase de roca). Este Gerión fue el primer rey de la acaudalada Tartessos (nuestra Huelva y olé).
Hablemos de combustiones: el príncipe troyano Eneas en un principio no quería dejar Troya, pero su familia, sí. Entre Eneas y la familia no terminaban de aclararse hasta que, en aquel momento, una lengua de fuego se posó sobre la cabeza de su hijo Ascanio, sin quemarle en absoluto. Lo entendieron como un prodigio que les animaba a la huida. En ese sentido, Servio Tulio es elegido como futuro rey de Roma después de que se viera un anillo de fuego alrededor de la cabeza del niño sin causarle dolor alguno. El Espíritu Santo suele ser representado con una llama de fuego. De hecho, el día de Pentecostés este descendió sobre los apóstoles en forma de unas lenguas de fuego que se posaron por separado sobre cada uno de ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo.
Hablemos de agua: el Diluvio Universal es el nombre de una supuesta inundación mundial relatada en textos de algunas antiguas culturas. El más conocido viene a ser el que se narra en la tradición bíblica, en el Génesis. En este libro la humanidad se había vuelto tan malvada que, para Dios, no merecía vivir nadie, cero (penosas estadísticas). Noé, reconociendo el juicio divino, construye un arca de madera, en la que viajan solo él y su familia, junto con parejas de animales para procrear (por cierto, en uno de los episodios mitológicos griegos el titán Epimeteo, ayuda a su hermano Prometeo a realizar una especie de censo para clasificar a los animales de la Tierra; aunque no con mucho éxito)…
El siguiente diluvio más conocido es relatado también por la mitología griega. Zeus estaba enojado con la humanidad por haber ésta aceptado el fuego que había robado el titán Prometeo del monte Olimpo. Este, ni corto ni perezoso, dejó el grifo del Océano abierto y Deucalión y su esposa Pirra fueron los únicos supervivientes (no se advierte nada sobre animal alguno, así que sabe Dios)… Un precedente sumerio aparece mencionado en el Poema de Gilgamesh, en el que sobrevive Utnapishtim, nombre utilizado en Babilonia y Asiria, llamado también Ziusudra en sumerio o Atrahasis en acadio. Pero no quedaba ahí la cosa, encontramos más diluvios universales en culturas como la islámica, la china, la hindú, la mapuche, la maya, la mexica, la inca, etc.
Sacrificios
Hablemos de sacrificios: Yahveh ordenó a Abraham que le ofreciera a su primogénito, Isaac, en sacrificio (así, por la cara). Entonces, el patriarca viajó durante tres días hasta encontrar el túmulo que Yahveh le mostró. Mandó al siervo que esperara mientras que él e Isaac subían solos a la montaña. Isaac llevaba la leña en la que iba a ser sacrificado. Justo cuando Abraham iba a ofrendar a su hijo, apareció un ángel que evitó el parricidio exclamando: «No extiendas tu mano contra el niño ni le hagas nada; pues ahora conozco que eres temeroso de Dios«… Por su parte, la griega Ifigenia se sumó también a este exiguo, pero intenso “club de los in extremis”. Artemisa, diosa griega de la caza, se ofendió cuando Agamenón, rey de Micenas, mató a un ciervo sagrado. Más tarde, Artemisa vio la ocasión de vengarse y, cuando se declararon las hostilidades de la Guerra de Troya, paralizó toda la armada helena en la ciudad portuaria de Áulide. Los días transcurrieron sin nada de viento hasta que tuvieron que consultar con un vidente llamado Calcas, quien reveló un oráculo según el cual la única forma de apaciguar a la diosa era sacrificar a Ifigenia. Agamenón accedió a sacrificar a Ifigenia delante de toda la armada griega y así se hizo. La tradición mayoritaria afirma que Artemisa la sustituyó en el último momento por una corza y la transportó a Táuride, en la actual Crimea. Allí la convirtió en su sacerdotisa. Su nueva vida consistió, a partir de entonces, en sacrificar a los extranjeros como ofrendas a Artemisa (cría cuervos)…
Casos de fulminación
Hablemos de meteorología: una vez disuelto el fuego capital de Ascanio, un trueno resonó en el cielo y una estrella de fuego surcó el cielo marcando el camino de la huida. Aparte de la posible reminiscencia de la Estrella de Belén, la mitología griega nos brinda algunos casos de fulminación interesantes. Zeus concibió al dios Dionisos a través de la semidiosa Sémele. Y no contento con ello, continuó con sus escarceos amorosos, así que Sémele fue engañada por Hera para que la joven convenciera al padre de todos y se mostrara en todo su esplendor delante de ella como prueba de su amor. Sémele cayó inmediatamente fulminada… En este sentido, la mitología romana contaba con una serie de deidades oficialmente fulminantes, como eran Júpiter, Juno, Marte y Rómulo… Eso por Occidente; pero, ¿y por Oriente? El Nuevo Testamento nos muestra un Yahveh cruel y vengativo, que cae fulminado si lo miras a los ojos o te arriesgas a pronunciar su nombre (en los manuscritos hebreos, el uso de la forma arcaica de las letras advertía al lector que había que pronunciar el término Adonai en vez del Tetragrámaton: YHVH, el nombre propio de Dios).
Hablemos de lugares sagrados: ningún judío podía entrar en el Sanctasanctórum, el cual fue el recinto más sagrado tanto del Tabernáculo como del Templo de Jerusalén, dos construcciones hebreas del antiguo Israel. Solo podía ingresar al mismo el Sumo Sacerdote de Israel acompañado de un acólito o del propio rey… Algo parecido a lo que ocurría con la diosa Vesta y el Pontífice Máximo, que eran los únicos permitidos para entrar a lo más raro del templo de las vestales, donde se conservaba el fuego de Vesta, uno de los llamados “Pignora imperii”, que constituye un término latino que se puede traducir por algo así como “objetos de dominio”. Los romanos creían que esos objetos poseían una especie de poder que, en conjunto, garantizaba el dominio de Roma sobre el mundo entero; el resto, desperdigados por ahí, eran la piedra de la madre de los dioses, la cuadriga de terracota de Veyes, las cenizas de Orestes, el cetro de Príamo, el velo de Iliona, el Paladio y los ancilia (los doce escudos de Marte).
Hablemos de niños expósitos: la criatura humana abandonada más famosa de la historia (o de la literatura más bien) fue Moisés. En aquel tiempo, Ramsés II, para controlar la población hebrea, proclamó una ley por la cual todo hijo varón debía ser arrojado al Nilo para morir. Pero la madre de Moisés, Iojebed, lo pone en una cesta para que al menos tuviese una oportunidad. Río abajo el niño encalla siendo visto por la hija del faraón, quien lo cría como propio… Para lo demás, ver. Éxodo (Wikipedia), que esto ya cansa; así que ahora pasamos a otra célebre exposición: la de Rómulo y Remo… Numitor, rey de Alba Longa, fue destituido por su hermano Amulio, que acabó con todos sus varones y convirtió a su única sobrina, Rea Silvia, en una virgen vestal. Pero, he aquí que el dios Marte la ve, se encapricha de ella, la posee y se marcha, dejando a la joven preñada de Rómulo y Remo. Cuando se entera Numitor, ordenó su muerte; pero el encargado de la tarea se apiada y deja a los gemelos en una cesta que posa en el río Tíber. La corriente llevó la cesta a un pantano en un lugar entre las colinas Palatino y Capitolio y allí fueron cuidados y alimentados por una loba llamada Luperca y un pájaro carpintero…
Otro expósito menos célebre fue Habis. Su padre, Gárgoris, era el rey del ya mencionado Tartessos. Según la leyenda, Gárgoris mantenía relaciones sexuales con su hija. Al quedar —lógicamente— embarazada, dispuso que fuera encerrada y ordenó asesinar al niño, Habis. Fue arrojado al mar en una barcaza, pero el mar lo devolvió a tierra, donde fue encontrado y criado por una cierva. El niño logró sobrevivir a todas las calamidades. Años más tarde, sin educación alguna, vivía como un salvaje; fue capturado por los súbditos de su padre, el cual, al ver las marcas de nacimiento, lo reconoció como propio. Admirado por los peligros que había sufrido y de los que había salido ileso, Gárgoris lo nombró heredero al trono… Otros expósitos menos acuáticos fueron Edipo y Paris, a quienes se les abandonó en el monte para que fueran devorados por las bestias.
Hablemos de genios: los genius romanos eran espíritus familiares, copias de cada persona que les acompañaban durante toda su vida: desde que nacían hasta que morían. También llamados numena, debían de tener un gran parecido con los ángeles de la tradición judeocristiana, puesto que ambos eran en un principio descritos como seres de energía. Los ángeles no poseían una figura humana, al menos eso es lo que cuenta la Biblia; pero se fueron antropomorfizando con el tiempo, aunque no perdieron su función como espíritus parecidos a los ángeles de la guarda. Además, es posible encontrar un paralelismo entre los espíritus egipcios y los genios, puesto que el Ka era creado en una rueda de alfarero para ser depositado en los hijos en el momento de su concepción y el Ba es la parte trascendente que permanecería con el cuerpo tras la muerte.
Hablemos del fin del mundo: el más conocido es el Apocalipsis de Juan de Patmos, también llamado el libro de las Revelaciones. El autor se identifica a sí mismo dentro del libro como Juan, el cual vive desterrado en la isla de Patmos, una ínsula del mar Egeo, por dar testimonio de Jesús… En el ranking de los Apocalipsis destaca sin lugar a duda el famoso Ragnarok de los vikingos, final de los tiempos en los que se desarrollará la cruenta batalla entre los dioses, los Aesir, liderados por Odín, y los gigantes de fuego liderados por Surt, a los que también se unen los jotun liderados por Loki, el dios de la mentira y el engaño. Lo trágico del Ragnarok radica en que ya está escrito y todos los dioses nórdicos conocen su destino fatal: morir… ¿Y cuál ostenta el tercer puesto? Pues todo apunta a la Gehena (Infierno) y al Armagedon: el final del mundo judío (y también al final de las carreras cinematográficas de algún actor que participó en aquella conocida adaptación al cine que realizaron allá en los 90). Por supuesto, había una batalla. Satanás había sido atado durante mil años (y estaba un poquito careado, claro); y luego saldría para engañar a las naciones Gog y Magog, reuniendo un ejército enorme que se enfrentaría al pueblo escogido… Pero veamos más casos: por ejemplo, el del profeta Zaratustra, muy importante en su época, pero apenas conocido durante la modernidad y si acaso popularizado por el libro del filósofo Friedrich Nietzsche Así habló Zaratustra (en realidad, la obra no tiene mucho que ver con el profeta iranio, pero aún así tal título pasó a la historia). Mas continuemos con el profeta, ya que fue durante su época cuando apareció un nuevo género literario, llamado “apocalíptico”. Son escritos cargados de huellas de los principales dogmas del zoroastrismo: se advierten nuevas visiones sobre el Cielo y el Infierno y el Juicio después de la muerte unido al fin del mundo. Acelerando: encontramos fines del mundo romanos, esenios, alamanas, joaquinistas, musulmanes, mayas, nahuas, hopi, etc.
Hablemos de coincidencias: hay algo que poca gente sabrá y si lo sabe mucha gente es que estaré bien equivocado. Ya adelanto que aquello que quiero abordar a continuación no tiene demasiada relación con los dioses (aunque los griegos eran animistas y veían dioses por todas partes… a ver si cuela). No obstante, esto sí que tiene que ver con un par de episodios bastante trágicos de la historia de la Grecia antigua: la batalla de las Termópilas, por un lado, y la construcción del muro focense, por otro. Y dirán que en qué consisten estos dos eventos. Bien, el segundo, casi con toda probabilidad ni les suene; pero del primero sí es muy posible que sepan algo, pues de la batalla de las Termópilas se realizó hace unos años una adaptación cinematográfica considerablemente exitosa basada en la novela gráfica de Frank Miller 300… ¿Y si les digo que todo esto tiene que ver con Huelva? Mas aún: ¿que la construcción de dicho muro fue realizada gracias a Huelva? Expliquemos esto: según Heródoto, los focenses fueron los primeros griegos que realizaron largos viajes por mar, descubriendo el Adriático, el Tirreno, Iberia y Tartessos. Tartessos por aquel entonces era equivalente a Huelva, solo que bastante más grande e incluyendo, como mínimo, Sevilla y Cádiz. A este rico y próspero reino llegaron los focenses a visitar al famoso rey Argantonio. Venían a buscar amparo para su conflicto con los persas. El monarca tartesio, aparte de una total hospitalidad, les ofreció tierras y riquezas en su maravilloso reino si echaban raíces. Desgraciadamente, la oferta fue declinada. Pese a ello, Argantonio, no quiso que se fueran de manos vacías y les regaló una ingente cantidad de metales preciosos para que construyeran ese muro y fueran a enfrentarse a los persas. Parece ser que, como era de esperar, los persas acabaron con los focenses justo al lado de las Termópilas, donde años más tarde caerían Leónidas y sus 300 espartanos no sin antes reconstruir el célebre muro.
Hablemos de todo un poco: muchas de las esculturas o imágenes en general de la diosa Isis aparecen con frecuencia ligados al Horus niño en los brazos de Isis, constituyendo un antecedente de la virgen María con Jesús en los brazos… El dios Path al hablar crea el mundo, al igual que el Verbo del dios de los judíos… Tanto en la mitología vikinga como en la de los sumerios la luna tiene nombre de hombre, es un ser masculino… Mitra, Prometeo y el dios fenicio Melkart fueron tres deidades que se caracterizaron especialmente por ayudar a los hombres; fueron dioses civilizadores… Los romanos pusieron sus leyes por escrito en la “Ley de las doce y tablas”, mientras que los israelitas hicieron lo propio con sus “Diez mandamientos”.
Y terminemos de hablar: después de que Yahveh creara al primer hombre, Adán, vio que este quedaba ocioso y aburrido. Por ello decidió (al estilo de La Novia de Frankenstein) crearle una compañera. Con precisión de cirujano diletante Yahveh extrajo una costilla de Adán y, de ella, creó a la primera mujer, a la que llamó Eva (que quiere decir “aquello que da vida”). El asuntillo de la manzana y el pecado original lo vamos a pasar por alto debido a su popularidad, y si no, ahí tienen el Génesis…
Otro aspecto imposible de soslayar fue el del robo del fuego por parte del titán filantrópico denominado Prometeo (ya mencionado). Para vengarse del robo del fuego, Zeus ordenó que el dios olímpico Hefesto modelara una imagen con arcilla con el aspecto de una joven virgen, similar a las diosas en belleza y en todo tipo de talento; y le infundiera la vida y también un nombre, el de una femme fatale llamada Pandora. ¿Saben lo que hizo esta señora nada más llegar? Lo mismo que Adán y Eva: hacer lo que no se debía hacer: en este caso, consumir “la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal”. Ocurrió que Zeus le había regalado a Prometeo un ánfora, pero con el compromiso que no la abriera. Por aquel entonces, Prometeo, que pretendía congraciarse con Zeus por el asunto del fuego, regaló el presente, a su vez, a su hermano Epimeteo. Este pasó un poco del ánfora y de su contenido. Desgraciadamente, Pandora era mucho más curiosa que su marido y no paró de dar la tabarra con aquel enigmático objeto. Finalmente, la hermosa muchacha decidió escabullirse y abrir el jarrón. En ese maldito momento salió a presión todo lo que había dentro, que no eran sino, todos los males que un Zeus enfadado había destinado para la humanidad: la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todos los males del mundo se habían extendido por la tierra y solo un único sentimiento quedó oculto en el fondo del ánfora. Y Zeus, que se había venido rápidamente al hogar de Epimeteo, ordenó a Pandora que cerrase la tapa. Y, entre todos los males que habían salido volando, quedose algo bueno al fondo, algo que no tuvo tiempo de echar a volar: la esperanza. Por eso, si no les suena nada de todo esto, no se preocupe, mejor. Pero si les suena, no olviden que la “esperanza” es lo último que se pierde.
2 respuestas
Es un mundo complejo, donde se unen mitos babilónicos con bíblicos como el citado del diluvio (y la arqueología nos habla de 1 metro de fango que se asocia a las glaciaciones e inundaciones), pero aquí quería aportar que un pueblo aparentemente incomunicado como el azteca de México, tiene al hijo de Dios, Quetzalcoatl (la serpiente emplumada), hijo de Huitzilopochtli, que volverá a la historia en forma de hombre, para salvarlo… Saludos!
Gracias por la aportación. !Saludos!