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emilio arnao

El escritor Emilio Arnao.

Cultura, Opinión

Emilio Arnao, la mujer que sí sabía que lo era

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Hay tanto miedo encima de mis ojos. No quiero mirar hacia arriba y encontrarme con una luz asustada. Estos días de fiesta ya pasados, me han servido para santificar mis días, todos tan iguales que las semanas se endiosan por sí mismas

Mi única fe sigue siendo mirar dentro de mí, una religión hecha de tripas y vísceras, de órganos y sangre que suenan a una misa ensangrentada. Música celestial para unos oídos acostumbrados a una distorsión, donde el sonido se estira como si se desperezara feliz en su ruido y en su furia. Amanece que no es poco y es auténtica devoción la que siento por Faulkner.

He leído muy poco estos días libres que he tenido. Sólo lo he hecho con mi amigo y compañero de batallas en EL LIBRE y antes en algún otro cuyo nombre no quiero recordar. Para quijotes nosotros, y los lugares ya están manchados de nuestra tinta hecha de palabras y revoluciones. Un papel emborronado puede ser la peor de las bombas. Yo he visto frases desarticular cuerpos con la precisión con la que un cirujano juega con un corazón, sin duda la peor bomba de todas. Las palabras se escriben para tapar esta nada que nos lapida, esta sucesión de escombros y cascotes en la que vivimos y que llevamos encima.

Mis únicos cimientos son mis sueños. Mis pies pueden tocarlos y convertirlos en vino. Yo no resucité el domingo pasado, pero hago milagros cada vez que me bebo una botella y me quedo dormido con la copa en los labios. Los dientes se me llenan de cristales. No es fácil distinguir cada pieza y qué función tiene cada una. El cristal siempre es más incisivo, de tal manera que puede hacerte perder el juicio, como la muela más traicionera. Te muerde como un perro, hambre canina y transparente. Pero yo he venido a escribir un poco sobre Emilio Arnao y su último libro: Retratos, paisajes, senos y un piano de cola: memorias reales o ficticias de sus mujeres (Editorial Autografía, 2021). Umbral mediante, nadie va a poder impedir que lo haga. Arnao, que escribe con la electricidad enredada de una manta suave y delicada en cuya fricción el placer es de una sexualidad llena de estrellas estáticas.

Escribir y leer es un acto que debe hacerse de manera inmóvil. Sólo la imaginación puede moverse sin filtros y el que intente atraparla, que se muera de cansancio y por imbécil. Las mujeres de Emilio son mujeres que existen, pues su escritura así las hizo, reales como la metáfora más loca e irreverente, con la musicalidad propia de los cuerpos por escrito. Las mentes de éstas son un relato siempre por escribir, cuyo autor será Emilio. Mujeres que nacieron niñas y otras que fueron pintadas por una piel sin ojos. Hay poros por los que se puede ver y pinceles en cuya ceguera una mujer puede llenarse de ojos desconocidos.

Emilio es la primera mujer que se sabe hombre. Un hombre en cuya melena imaginada la ocasión la pintan calva. Arnao se encierra en su habitación con su voz grave de mujer de las cavernas, que pinta con mamuts las paredes carcelarias de su isla mallorquina. Canta My way a su manera, es decir, con la libertad que encierra la búsqueda de una belleza que solo existe en las vidas que los demás envidian no saber llevar.

La primavera parece que se va a quedar por un tiempo. El sol nos acompaña con su luz hasta casi las nueve de la noche. Es un tormento que ni amenaza lluvia ni sacia la sed. Ojalá pronto vuelva la oscuridad nítida de la felicidad escondida. Que las mujeres de Arnao estén a la vuelta de la esquina de la página escrita por él y que puedan descansar cuando nadie sepa cómo leerlas. Yo voy a dejar de escribir por hoy. Una nueva mujer se ha fijado en Emilio o puede que sea al revés. La cosa no está clara, pero Emilio se dirige hacia su escritorio con una mujer encima masajeándole los dedos erectos de sus manos. 


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