Vivo en mis propias carnes el hartazgo, el estrés que viven los sanitarios en Andalucía y la desolación de muchos pacientes
Casos de diagnósticos realizados a la ligera por la premura del tiempo, enfermeras corriendo de un lado para otro, ninguneo de condiciones laborales, contratos ilegales, colas al amanecer, esperas eternas en las urgencias de los hospitales…
Lo último es un joven médico portugués de Urgencias de un centro de salud del Aljarafe que le ha dicho lo siguiente a una persona muy cercana que tenía una excrecencia en la piel: «No puedo ayudarle, no sé qué dolencia padece. Vaya a su médico de cabecera mañana». Esta persona fue a Urgencias porque, precisamente, no había cita para su facultativo de Atención Primaria hasta dos semanas después y llevaba dando tumbos demasiado tiempo, de facultativo incompetente (o competente, pero que diagnostica a la ligera) a salas de espera desiertas porque la atención telefónica –los fonendos cada vez se usan menos– y los seguros privados en alza dictan sentencia de muerte para la sanidad pública. Y encima lo de Muface.
Un barco a la deriva
Además, ya lo denunció el Defensor del Pueblo Andaluz: los cambios continuos de médico de cabecera (vacaciones, bajas por enfermedad, jubilaciones y la nueva directriz de que los facultativos de cada centro de salud tienen que repartirse a los pacientes en función de la demanda en cada momento) en Atención Primaria han roto la relación y el vínculo afectivo entre el médico y el paciente, una rémora que fomenta que las consultas sean más largas, porque, cada vez que hay un cambio, el enfermo tiene que contarle la historia de su dolencia desde el principio al nuevo doctor.
En este periódico lo hemos dicho hasta la saciedad: hay que poner reclamaciones sin miedo. Los usuarios deben estar tranquilos, porque no habrá represalias para ellos (sí hay casos con los que nos hemos topado de enfermeros valientes que han denunciado en EL LIBRE malas praxis de los gerentes de sus hospitales que luego, casualmente, se han visto perjudicados en la bolsa, ya que han accedido a destinos peores o, directamente, se les ha penalizado sin la esperada llamada del SAS para el siguiente contrato). Entre vendettas y omertás, el paciente es el último mono.
La pregunta que se hacen todos los pacientes de la lista: «¿Cuándo van a operarme?»
Andalucía ha ido empeorando paulatinamente sus datos en la lista de espera quirúrgica (y en las de cita con el especialista) en los últimos cinco años, es decir, desde que gobierna Moreno Bonilla. Aunque el marido de Manuela Villena, gerente de la Fundación Bidafarma, recalque que la sanidad pública ha mejorado, no es cierto. Aunque el amigo de José Manuel Soto insista en vender públicamente que hay más dinerito para el buen funcionamiento del SAS, los números han ido enfangándose y creando una cola virtual de 215.275 enfermos esperando una operación a junio de 2024, un incremento de 63.438 pacientes con respecto a 2019, primer año de la primera legislatura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía.
Eludir y huir hacia adelante
Y, ante tal abandono y sin nadie capaz al volante (tres consejeros distintos en casi seis años de gobierno y 10 ceses o dimisiones de altos cargos del SAS sólo en el último año), los usuarios de la sanidad pública andaluza siguen esperando, dando tumbos, arrastrando los pies como zombis sin destino, como niños perdidos en una bulla de Semana Santa, como ese mendigo de calle céntrica al que nadie mira (o sí, pero de reojo). Y esta última comparación me lleva a pensar en la sanidad de beneficencia que existía en los tiempos de Franco. ¿Llegaremos a eso? ¿Tendremos que sustituir la tarjeta sanitaria por la tarjeta del banco?
Por ahora, la responsable, Rocío Hernández, lleva más de cuatro meses eludiendo el encuentro con los periodistas en la sala de prensa del Palacio de San Telmo. Puede que le dé vergüenza haber culpado, con dos o tres frases muy desacertadas, a los propios enfermos de colapsar el SAS. Ella también está dando tumbos.
Cada vez que hay un cambio es a peor. Como ejemplo esta consejera que de educación y respeto va con lo justo para no jiñarse encima
Paco Núñez, describe la sanidad andaluza, sin pelos en la lengua. Lamentablemente, lleva toda la razón.
Esta situación no es solo desde que gobierna Moreno Bonilla.
Se arrastra desde hace mucho tiempo. Ahora sólo se agrava la situación sanitaria.
Toda la razón el artículo. Cada vez peor en todos los sentidos. Espera para tu medico de tres o mas semanas,es decir,cuando te toca para qué. Colas extensas en urgencias porque no hay medicos y los sustituten por pobres residentes en el mejor de los casos o ninguno. Lista de espera sin fin, que cuando te llamen ya es más imporante la patología o incluso, ha fallecido la persona. Creo que no nos merecemos esto. Ni ese destrozoba la sanidad publica. Cuando la perdamos y no podamos pagar un tratamiento o una intervencion quirurgica ,o no nos atirndan por no tener dinero nos cordaremos.