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Un guardia civil rescata a un bebé en la frontera marítima de Ceuta con Marruecos. / GUARDIA CIVIL

Opinión, Política

Crisis en Ceuta: del eufemismo a la ceguera

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La semana pasada tuvo inicio la enésima crisis migratoria en Ceuta que, según el consenso mediático, se originó a voluntad de Marruecos como medida de presión diplomática a España por su inadmisible ofensa de turno…

Fíjese el lector, teniendo en cuenta la anterior frase, lo sencillo que es conducirle a un nebuloso terreno de conceptos en el que el eufemismo y las discusiones estériles nos alejan de lo que se puede palpar con los dedos de la mano. Fíjese por ejemplo en cómo se llama presión diplomática al ejercicio de jugar con el hambre, la vida y el miedo de nuestros iguales con el objetivo de salvaguardar los intereses de un monarca déspota y sus secuaces. Los intereses son económicos, obviamente. No es país para causas nobles.

Fíjese en cómo se llama voluntad de Marruecos al libre albedrío de un dictador, una persona que, pudiendo velar por el bienestar de sus súbditos, lo que hace es lanzarlos al mar para continuar acaparando riqueza mientras las gentes que supuestamente gobierna permanecen sumidas en la miseria. Un señor que cuenta con el apoyo de quienes consideran la tiranía una opción válida. Claro está, este es el caso de Puigdemont.

Jugar con el discurso

Fíjese con qué facilidad se califica como crisis migratoria a la vía que han encontrado unas pocas almas entre millones para huir de las torturas, la enfermedad, la humillación, la inanición y la muerte, dispuestas sin dudarlo a jugarse la vida como tantos y tantos otros ya lo hicieron antes y lo harán después. Aquí tiene unos pocos ejemplos, unos cuantos eufemismos que son solo una breve muestra de lo simple que resulta jugar con un discurso para escurrir el bulto y acabar hablando de lo que no es. Después de haber levantado un poco la alfombra, le propongo, estimado lector, que relea con espíritu crítico aquello que, hasta la fecha, le ha caído entre las manos o aquello que le venga a caer. No se preocupe, que mal no le hace.

No le digo yo que haya que abrir todas las fronteras a mansalva, pero oiga, que si quiere tenerlas, téngalas usted en condiciones. Que la semana pasada se veían los inmigrantes pasando el espigón como el gitanillo que iba a coger naranjas. No hay que ser Pitagorín para ver que, si se prolonga la reja unos metros en el mar, se acaba la romería. Y, si además, se ponen unos cuantos cañones de agua disuasorios, posiblemente ya no sean necesarias ni concertinas ni bolas de goma. Posibilidades no faltan. Ahora, confiar a la zorra la llave del gallinero es de una brillantez a la altura de nuestros dirigentes.

En todo caso, me temo que cada vez que el problema fronterizo se resuelve, el verdadero problema se consolida. Porque, mientras nuestra variopinta oferta mediática nos brinda las diferentes perspectivas del gobierno marroquí y el español, líderes políticos haciendo declaraciones y/o desplazándose a los locales, balances, discursos, gente con traje y apreciaciones centradas en entelequias tales como países, fronteras, tratados, etcétera, mientras todo esto ocurre se contribuye de manera abrumadora a la ceguera de lo obvio, que es el problema real. Y así, el problema real se perpetúa. Un problema que hemos tenido ante nuestros ojos desde siempre.

El problema es que hay un país con personas que pasan hambre, un país con personas para las que obtener un trabajo, ni que sea precario, supone un privilegio fuera de su alcance, un país en el que la justicia está en manos de los poderosos, un país en el que mucha gente joven tiene que emigrar para conseguir un salario y subsistir, un país en el que los medios están al servicio de quienes les pagan… Y luego está África, mueca de los derechos humanos, escaparate de las mayores barbaridades de las que el hombre es capaz y, en resumen, vergüenza de un Occidente que, impasible, asiste a su escenario de corrupción y muerte mientras la despoja de sus recursos. Ese mismo Occidente que nos pone a discutir sobre fronteras y conceptos mientras adultos y niños mueren de hambre y deshidratación, se esclavizan mujeres, aldeas enteras desaparecen arrasadas a fuego y fusil… Y donde se dice África, dígase buena parte de Latinoamérica, Asia… medio mundo. Este es el problema real. Esto es lo que les motiva a esas personas a arriesgar su vida para salir de allí. Y todos lo sabemos. Pero los decisores del mundo están en otra cosa, sin duda. Me pregunto cuánto tiempo dedicarán en Davos a discutir sobre la hambruna mundial…

Que el lobo y el chacal sean enemigos mortales no quiere decir que no compartan exactamente los mismos hábitos y objetivos

Con la llegada de Biden nos libramos de la pesadilla de Trump, pero poco después se supo que vendía tecnología militar a un dictador como el rey de Marruecos. No nos engañemos, que el lobo y el chacal sean enemigos mortales no quiere decir que no compartan exactamente los mismos hábitos y objetivos. Ambos son alimañas nocturnas que atacan a traición. Y al final del día, los líderes de África, los de Asia, los de Sudamérica y los de Norteamérica, se unen a los de Europa y bailan radiantes en un abastado salón de fiestas mientras el resto de la humanidad observa el paisaje de desolación que dejan a su paso. Esa misma humanidad que continúa embobada, impasible y cada vez más, silenciada e inmóvil. No le fustigaré, estimado lector, recordándole que esa humanidad inanimada empieza por usted y continúa conmigo, pero le confieso que a uno le gusta pensar que las cosas podían ser, en pleno siglo XXI, diferentes.


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