Señor presidente: le escribo desde el respeto institucional que merece el cargo que ocupa, pero también desde la firmeza que me otorga ser padre de una víctima mortal evitable
Soy el padre de Fuente Clara Cabrera Mateos, joven andaluza de 25 años fallecida en un accidente de tráfico provocado por la presencia de equinos sueltos en la vía pública. Una muerte que no fue fruto del azar, sino de una realidad que persiste en nuestra comunidad: el incumplimiento reiterado de la normativa que obliga a mantener debidamente controlados y vallados a estos animales. Tras su fallecimiento, mi hija donó todos sus órganos. En medio del mayor dolor imaginable, su vida sirvió para salvar otras.
Desde entonces, mi esposa y yo hemos transformado el duelo en compromiso, creando una asociación con su nombre para exigir algo tan básico como el cumplimiento de la ley y la protección efectiva de la vida en las carreteras andaluzas.
Durante 22 meses hemos solicitado formalmente, a través de su gabinete, una reunión con usted. No para pedir privilegios, no para reclamar gestos simbólicos, sino para abordar una cuestión concreta: qué medidas se están adoptando para evitar que vuelvan a producirse muertes por la presencia de equinos sueltos en las vías públicas. En 22 meses no hemos sido recibidos.
Señor presidente, usted es el máximo responsable del cumplimiento de la legalidad en Andalucía. La normativa existe. El problema es conocido. Las consecuencias son irreparables. Cuando una muerte es evitable y no se adoptan medidas suficientes para impedir que se repita, la inacción se convierte en responsabilidad política. No hablamos de estadísticas. Hablamos de vidas humanas. Hablamos de familias rotas. Hablamos de una joven andaluza que hoy no está porque la ley no se cumplió como debía.

Le hemos visto emocionarse ante otras realidades que afectan a nuestra tierra. Esa sensibilidad pública debe traducirse también en decisiones firmes cuando el foco mediático no es intenso. La protección de la vida no puede depender de la repercusión pública de cada tragedia. Nuestra petición es clara: una reunión, un compromiso explícito y medidas eficaces que garanticen que la normativa se cumple. No dentro de años. Ahora.
No escribo movido por la confrontación, sino por la responsabilidad. Como padre, seguiré luchando mientras exista el riesgo de que otra familia reciba la misma llamada que nosotros recibimos. Como ciudadano andaluz, exijo que mi Gobierno, el de Andalucía, actúe con determinación ante un problema que sigue costando vidas.
La empatía no se demuestra solo con palabras o emociones públicas; se demuestra escuchando, recibiendo y actuando. Aún estamos a tiempo de evitar nuevas muertes. Aún está usted a tiempo de ejercer plenamente su responsabilidad como presidente de todos los andaluces y andaluzas.
Atentamente, Un padre que no dejará de reclamar protección para la vida en memoria de su hija.