Me has condenado a trabajar en ‘B’. Me has condenado a no tener ningún derecho laboral. Me has condenado a darme de baja como autónoma
Yo, que tantas y tantas cuotas te pagué. Tantas veces que insté a mis compañeros, músicos como yo, a darse de alta en tus filas y emprender un camino hacia la regulación. Yo, que por un momento quise soñar con aumentar mis días de cotización y no quedarme en la calle en caso de baja, soñé con ser igual a las personas asalariadas. Yo, que creé mi puesto de trabajo y el de otra gente. Yo, que pagué religiosamente, y pagué y pagué, muchas veces más de lo que ganaba.
Elegí el camino difícil, el de dedicarme al arte. ¡Gran error! Un trabajo ruinoso, físicamente lastimoso, con miles de horas de ensayo y práctica invisibles a los ojos. Ya lo sé… ¡Cómo se me ocurre!
Por una vez, recibí algo de ti, una ayuda, ¡al fin una ayuda! en un periodo en el que los escenarios estaban cerrados, ese tiempo, el de la COVID, en el que me ayudaste a sobrevivir con un dinerillo y, sobre todo, exonerándome de tus salvajes cuotas.
Tú, que a través de una aseguradora (!) has decidido que miles de personas de este país no merecíamos una ayuda con artículos que te sacaste a escondidas de la manga. Tú, que cuatro años después me pides que te «devuelva» más de la mitad de mi sueldo de un año.
Tú, Seguridad Social, me has expulsado del sistema.