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la mentira

Una foto que ilustra la mentira y la hipocresía.

Opinión

A la sombra de la mentira

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Cuando el mundo se acabe se sabrá que todo lo escrito había sido mentira. A nadie le interesa la verdad y si alguien te dice que a ella sí que le gusta saberla, te está dando la razón, pues esta es la mentira primigenia

El origen de la mentira está en querer negarla. En renegar de ella de una manera que los distintos dioses que puede que haya en este mundo, deberían castigarlo con dureza. La mentira es una divinidad. Cuando escribo sobre mí, mis partes inventadas son las que describen las reales. Y entonces me quedo igual que al principio, pero dejándolo por escrito.

Uno escribe y lee para perder el tiempo con dignidad. Para que le manipulen de la manera más bella posible, de la misma forma que pasa cuando uno se enamora de la mujer que dio el primer paso, el segundo y el tercero. Uno o no se da cuenta de las cosas o no quiere darse cuenta. Dejarse engañar es un arte, algo de un romanticismo insuperable. Esto lo demuestra la mentira que es también la historia contada sobre el pecado original. Lo de las manzanas, una serpiente y una mujer llamada Eva. Con esos datos hoy, y desconociendo la trola establecida, es fácil pensar en esos tres conceptos como una idea perfecta para una película porno. Y ahí vuelve el tema de dejarse engañar. Y es que Adán era un guarro y fue el primero que fantaseó con dicha escena, aun a sabiendas de que lo que le decía Eva era mentira. Su mente salidilla asumía las consecuencias. No hay paraíso como el placer imaginado que puede convertirse en real.

Cuando leo, la niña de mis ojos es una mujer que no cabe en mis cuencas. Uno se cuelga de las mentiras ajenas para soportarse a sí mismo. En las mentiras de los demás es donde se encuentra la vida. En las propias sólo hay poca imaginación y vagancia. Y a mí trabajar no me gusta. No encontrarán ninguna otra verdad en este texto más que esta frase anterior. Los que digan lo contrario, es porque viven del que realizan los demás o son verdaderamente estúpidos.

Ahora que comienza junio y la realidad de los días se enciende durante más tiempo, es el momento de apagar las pulsaciones medidas por el reloj más soleado y latente. A la sombra de la mentira, la taquicardia que es vivir se hace más llevadera y luminosa.

A veces tengo ganas de escribir la verdad de lo que sea, pero eso sólo ocurre cuando estoy haciendo otras cosas. Cuando follas con mujeres cuya autenticidad no reside sólo en sus cuerpos, sino en la naturalidad de sus mentiras. En ese momento iría corriendo hasta el ordenador, pero no sabría qué decir. Eso que dicen algunos que sólo se desnudan ante el folio que están escribiendo, o son vírgenes, o les gusta practicar el nudismo casero, o directamente son unos guarros. No cuesta nada ponerse la ropa interior y una camiseta, además la silla donde te sientas te lo agradecerá. No habría que someterla a ciertas prácticas sin su consentimiento.

Estamos en el año 22 y hasta los dos patitos flotan sobre aguas tóxicas. Ambos murieron ahogados en sus propias mentiras el 1 de enero. Lo que pasa es que ambos prefieren disimular sus muertes. La verdad tiene muy poca vida. Otro año más que nació muerto, pero que prefirió no avisarnos para jugar a la eternidad finita con nosotros. A esos dos patos que simbolizan el año que llevamos voy yo a verlos cada semana al estanque del parque de El Retiro. Cuando me ven llegar se hacen más los muertos. Podríamos estar hablando de la muerte superpuesta, como la de los yonquis. O de la muerte sobreactuada, como Toni Cantó cuando hace de actor o de político.

A veces, miento, casi siempre, también miento, todo el rato, segunda verdad en lo que va de texto, y queridos lectores pueden estar de enhorabuena, fantaseo con que los patos son todas las personas con las que me cruzo o tengo cualquier tipo de interacción. Vivir en mi propio apocalipsis zombi. Como la canción con el mismo título que han sacado este año Los Planetas en su último disco. Hordas de zombis en los centros comerciales. Gastando el tiempo en gastar dinero. Desgastando sus almas y sus cuerpos, siempre errantes. Mirada franquiciada y monstruosa. Más feos que Frankenstein y pisando los tornillos de sus cabezas a cada paso que dan. Yo no quiero convertirme en una de esas criaturas horribles.

La única defensa que nos queda a los vivos es la soledad. Sabemos que todavía somos unos cuantos, pero desconocemos quiénes. Y preguntar en este caso no es la mejor opción. A nadie le gusta reconocer que es un zombi. Los que lo son, mienten. Los que no lo somos, no queremos pensar que la vida sea esto. Mientras tanto, seguimos relacionándonos entre todos.

Los distintos partidos políticos se reparten a los zombis para realizarles su particular lavado de cerebro. También tienen su propia emisora de radio y su periódico. Y que quede claro que no los estoy criticando. Todos estamos enganchados a algo. Yo lo estoy al café, la cerveza y la tortilla de patatas. Todo es mentira en estos márgenes controlados, y la verdad está ahí fuera, como decían al principio de cada capítulo de Expediente X.

Voy a ir terminando, pues la realidad es de un calor insoportable, que llena de sudor mi frente. A los que les gusta esa estación maldita llamada verano no les deseo nada malo. Me ayudan a catalogarlos en el lado de los zombis. Y esa es otra verdad irrebatible, y con esta van tres, y dicen que con esta va la vencida. Así que se acaba el texto. Disfruten de la temperatura. Mentirosos. Como yo.


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Un comentario

  1. Lucía Ramos

    «Una extraña confesión»
    Sigamos buscando vivos para el fín del mundo.
    Cuando la culpa no hace herida ni mancha, no existe Paraíso o Edén posible.
    La competencia oficial son dos subordinados a un solo yo.
    Caín mató a Abel, todos lo vimos hacer.
    La Soledad promete dejarnos a solas con
    la Purísima masturbación, ventaja frente
    al follar, que a veces desprevenidxs nos puede » joder».
    Hoy × Hoy, prefiero amar, porque lo más que amo, sigue siendo lo que no entiendo.

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