Ayer vi el filme ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos de oro’, estrenada por Disney a través de Marvel… Y ya empecé a sufrir algunos escalofríos conforme iba avanzando la película. Yo creo que Disney nos la ha vuelto a […] doblada
Sorteando el infierno económico de la crisis del 29, que ya se le venía encima, Walt Disney sacó a pasear poco después a su personaje más famoso en 1928: Mickey Mouse, el cual inmediatamente se transformó, simpático y pizpireto él, en un icono del éxito americano. Los resultados posteriores se pueden observar en películas como Blancanieves y los siete enanitos (1937), Pinocho y Fantasía (ambas de 1940), Dumbo (1941) y Bambi (1942), las cuales sentaron las bases del presente y el futuro del cine de animación a nivel mundial. Incluso en el terreno de la ideología que siempre transmite toda película, como producto cultural que es, tito Disney comenzó a erigirse como referente moral a través del celuloide: sus películas están fundamentadas en una edulcorada, empalagosa y endulzada ñoñería de barras y estrellas.
Si bien parece lógico que algunos cortes de las historias recopiladas por los Hermanos Grimm fueran omitidos en aras de la salud mental del público al que estaban destinadas, también es cierto que los pequeños podrían haber aguantado con soltura un par de asaltos antes de caer a la lona. Si bien escenas como, por ejemplo, la de las hermanastras de la Cenicienta queriendo salir del paso (nunca mejor dicho) cercenándose los talones para intentar que cupiesen en la delicada horma de sus zapatitos de cristal, también es cierto que se nos robó a muchos una visión más vívida de aquellos inolvidables cuentos de hadas.
Por otro lado, mientras continuaban sucediéndose los largometrajes, el éxito le venía a Disney por partida doble con los cortos y las series en los que figuraban la plana mayor de los amigos de Mickey cual cabezones dioses egipcios antropomorfizados. A saber: Donald, un ininteligible pato con faringitis crónica; Minnie, una versión andrógina y travestida de su novio Mickey; Goofy, un perro con orejas similares a los tirabuzones que les cuelga de la frente a los judíos ultraortodoxos; Pluto, un cánido de color naranja con reminiscencias del Inframundo romano que nos hace preguntarnos que… si Goofy es un perro, ¿qué demonios es Pluto? Aquí es obligado reconocer que esta paradoja, en realidad, corresponde a una diatriba existencial que ha copado el intelecto de los mejores pensadores desde el principio de los tiempos… de los tiempos de la Walt Disney. Y en cuanto al resto de personajes, no queda mucho más que decir en tan poco espacio. Si acaso hay que resaltar el papel de Daisy (véase Daisy et alter) como dócil ama de casa impropia de estos tiempos que corren y preocupada, desde su humilde rol doméstico, por no meter la pata.
El síndrome del donaire
Y es que el humor americano muchas veces no sirve para hacer gracia, a pesar de que se pretenda hacerla continuamente. Sufre lo que yo denomino el síndrome del donaire. Según Wikipedia, «la figura del gracioso o donaire es uno de los personajes comunes del teatro clásico español o comedia nueva lopesca durante el periodo estético de la historia literaria conocido como Barroco». Es un personaje cómico y bufonesco, cuya misión es contentar al espectador vulgar del corral de comedias; es realista y pragmático; leal, ingenioso y pícaro; es comilón y amigo del vino y las mujeres…
O sea, el clásico partenaire de la mayoría de las películas de aventuras de Hollywood. Un ayudante o auxiliar al estilo de Vladimir Propp pero con el componente hilarante. En Los 10 anillos… es el personaje de la actriz Awkwafina, que interpreta el papel de Katy (aunque, todo hay que decirlo, hay una ligera variación en cuanto a la inclusión del género femenino). Ese es el síndrome del donaire: el típico graciosillo, el que te deja la cara de vergüenza ajena y ameniza la acción con sus ocurrencias y dislates. Aquel importado por los estadounidenses con la aparición del invento del cinematógrafo desde principios del siglo XX (porque antes como que no, ya que poco Barroco tenían antes estos simpáticos y jóvenes americanos, sobre todo teniendo en cuenta que la primera compañía de teatro profesional nace en Virginia en 1752). A ese es al que me refiero y que aparece junto a Indiana Jones y el templo maldito, La momia o Arma letal…
No obstante, volvamos al sueño americano (no en el sentido narcótico que a veces producía). Ya por los 60, la compañía del ratón había ha ido fagocitando a la competencia de forma inexorable. Después, la bestia estuvo hibernando durante mucho tiempo, literalmente según algunos. Y un día del año 2009, se produjo la segunda venida: Disney había adquirido Marvel Entertainment por más de 4.000 millones de dólares… Y, para más inri, poco después Disney compraría, en 2012, Lucasfilm por 4.050 millones de dólares. Cual anticristo cinematográfico, la factoría Disney se había hecho con los dos estudios de cine más importantes de la industria del cine; al menos en lo tocante al género de aventuras y superhéroes: el donaire había vuelto. El graciosillo nos ha atrapado de nuevo. Como ocurría con las películas de Disney, estamos bajo alerta ñoña.
Mientras el espíritu de Marvel se pierde en cancelaciones sin sentido, como la de Daredevil en 2018 (probablemente la mejor serie de superhéroes de la historia), los estudios del ratón Miguelito comienzan de nuevo su tiranía, poco a poco, sibilinamente, con todo el campo a sus anchas y abonado para la vuelta de relevantes recursos como el gracioso (quien, probablemente, nunca se fue).
Yo, si fuera usted, leería las sinopsis de las películas y miraría tras el sofá… Porque nunca se sabe dónde va a estar escondido, acechando, algún graciosillo.
2 respuestas
Como siempre el h@mbre metiendo las narices y el resto de su cuerpo por todas partes…
Menos mal que deja algo intacto para nos,
lxs carrxñerxs.
Yo creo que es bueno estudiar el cine y cómo la gente se relaciona con él para saber exactamente cómo es nuestra cultura.
Suelo ir mucho al cine pero desde hace unos 3 años me he desinteresado por el cine de Hollywood. No quiere decir que no vaya a ver alguna película, pero si quiero coger conocimiento además de distraerme este es el peor sitio.
Por cierto, entre tanta mala película que hay en España y tan malos guionistas, me satisface muchísimo haber visto la película de El Patron