«Benditos aquellos que, con su amor, me ayudan a esperar, tranquilo y sonriente, el día de mi partida». Esto lo dijo Leónidas (fue rey de Esparta, murió en el año 480 a C.)
Así lo entiendo, y el reciente fallecimiento de mi esposa es lo que me ha llevado a escribir para compartir ideas y creencias que me ayudan a sobrellevar el dolor que deja la pérdida de un ser querido.
La verdad es que aquí estamos de paso; estamos creados para la vida -que es eterna-. En este mundo pasamos un período más o menos breve y la verdadera vida comienza tras pasarlo. En ese tránsito, el ser humano no se halla solo. Ha sido esperado y recibido por aquellos familiares que le habían precedido y vienen a recogerlo. Me consuela saber que mi esposa era esperada por nuestro hijo Víctor, por sus padres y hermanos y que, con ellos, será feliz eternamente.
«La muerte es sólo un paso más hacia la forma de vida en otra frecuencia», afirma la doctora Kübler-Ross.
Cuando hayas perdido un ser querido, ten por seguro que te está guardando un lugar para ti en el Cosmos, en la Eternidad, llamémosle Cielo. Siempre, como cristiano, lo he creído así. También he leído esta misma idea en otras creencias y colectivos, tanto hindúes, como musulmanes, budistas, protestantes, judíos…
La doctora mencionada recibió más de 20 títulos honoris causa de universidades y fundaciones médicas por su dedicación al estudio de cuanto sucede, se sufra o se goza, en el umbral de la muerte y tras ella. Avala su profundo conocimiento sobre este tema el haberse dedicado a estar en la cabecera del lecho de miles de moribundos de distintas edades y condiciones en sus últimos momentos.
Por ello, Kübler-Ross pudo asegurar rotundamente que «todos llevamos el sello divino» y, en otro momento, «nadie muere solo«. Nos sirve de gran consuelo conocer estas verdades experimentadas por la doctora en más de 20.000 ocasiones.
Otro científico, Viktor Frankl, es quizás el que mejor ha estudiado las experiencias extracorporales. En su libro El hombre en busca de sentido describe sus vivencias en un campo de concentración. También dio a conocer relatos de personas que habían sufrido caídas en la montaña o de personas que estuvieron a punto de ahogarse. En ambos casos, contaban las experiencias visualizadas como una película de su vida, «en los pocos segundos de la caída o del apuro en el agua», reconociendo y asegurando que, en esos casos, no interviene el factor tiempo.
Desde antiguo se venían tocando estos temas, pero, a partir de la primera mitad del siglo XX, no sólo se habla, sino que la total dedicación de muchos científicos, doctores, psiquiatras, con aportaciones de pruebas irrefutables, y la colaboración de Robert Monroe, científico autor del libro Viaje fuera del cuerpo, se ha llegado a la certeza de que lo que conocemos con el nombre de muerte no es sino el paso a la vida.



Una explicación sencilla, interesante y con bibliografía para profundizar en el tema. Me ha gustado.