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El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a su llegada a Rivne.

Opinión, Política

Nunca es tarde para comprender que la vida va en serio

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Se lamentaba en su intimidad Gil de Biedma de su torpeza para comprender que la vida iba en serio. Era torpe, pero su torpeza no hacía del poeta un hombre distinto, ni de quienes le leían individuos solitarios, ajenos al tumulto de gentes que corretean las aceras y acomodan sus posaderas en los asientos de los transportes públicos. Que la vida va en serio, hay quienes lo comprenden más tarde y hay quienes no se enteran en su vida, juntando sus días saltando de ficción en ficción

Pues parece que sí, que iba en serio. Y ahora que vemos con qué facilidad se liquidan países mientras los perros ladran siempre a una distancia prudente, nadie quiere pensar en poner sus barbas a remojar. Las barbas son las nuestras. Los perros somos nosotros. O mejor, nuestros representantes. Los dirigentes de nuestros occidentalísimos países, lo mejor de cada casa, y ya póngale usted la dosis de sarcasmo que quiera. Pablo Casado, nuestro fallido aspirante a filibustero mayor, se pellizca la oreja porque no se podía creer que, así, de un plumazo, al despertar el 24 de febrero su cara ya no estaría en las portadas de los matutinos. Quién se lo iba a decir. Se acabó el pasar fatigas. Ahora solo tiene que salir airoso del que será su último congreso de partido y listo. A volar. Este verano se saca un par de másteres (este es su ritmo, ya saben) y a dejar que las puertas giren como ruleta de casino.

La invasión de Ucrania le ha venido como agua de mayo, a él y a todo su partido, esa autoproclamada derecha española que en realidad no es más que el coto de amigos de Villarriba y que anda la pobre de capa caída. La susodicha autoproclamada parece que se va a encomendar al Sr. Feijoó, el hombre que susurraba a los traficantes. Confieso que esta situación de la derecha me hace recordar, con cierta ilusión, a la del movimiento conservador del primer tercio del siglo pasado. Y digo con ilusión porque fueron los movimientos conservadores quienes, abriendo los ojos y verificando la insostenibilidad de una monarquía abyecta rodeada de chupópteros inútiles al mando de un país sin mando, hicieron posible la instauración de la República, en una revolución totalmente pacífica. Efectivamente, la República nació conservadora y liberal, con el apoyo mayoritario de la clase media e intelectual y de la mano de Niceto Alcalá-Zamora, quien vio el parto desde la cárcel. Más tarde, el hábil Azaña supo cambiarle el paso a la voluntad de un pueblo pacífico con resultados tristes, tras lo que ganaría poso la idea de que la República fue un invento de rojos. Pero no. Las consignas tienen al personal cada vez más desnortado.

El caso es que no estaría nada mal que, un siglo después, la clase media e intelectual volviese a verificar la inutilidad del sistema político actual y la necesidad de remodelarlo para salir del atolladero. Para asegurarnos de que quienes toman las decisiones sean realmente quienes nos representan y que nos representen sintiendo el peso de la responsabilidad que cada decisión implica. Vuelvo a recordar el 15-M, un movimiento que aglutinó una gran parte de la población y que se contagió por Europa, Nueva York, las primaveras árabes… Pero se fue disipando, las protestas en Siria originaron una guerra cruel amparada por Rusia y decidimos mirar para otro lado. Hoy las balas silban más cerca, pero continuamos poniéndonos de perfil, como si estuviésemos asistiendo a una película desagradable.

De tiranos y pusilánimes

Hay dos tipos de países en el mundo: los que son gobernados por tiranos y los que son gobernados por pusilánimes. Así están las cosas. Y estos últimos, afrancesados del siglo XXI, no parecen tener el menor problema en entregar la cuchara al primer tirano que se les cruce a cambio, eso sí, de su correspondiente plato de lentejas. Las lentejas que no les falten. Es lo que estamos viendo. A nosotros, ya saben dónde nos ha tocado vivir, nuestro presidente no es un tirano ni el presidente francés ni el alemán ni tampoco sus respectivos opositores… La excepción que confirma la regla: Boris Johnson, que no es ni tirano ni pusilánime, sino simplemente descerebrado. Y puestos a elegir… Por cierto, no sé con qué cara saldrán hoy a la calle los independentistas catalanes que recibieron apoyo de Rusia. Los seres de luz, al final, nunca pasaron de animales de ciénaga.

Mientras los misiles cortan el cielo de Kiev, desde Occidente se ladran amenazas económicas. Es lo que hay. No consigo imaginar infierno más cruel que una guerra. Pero si alguien te amenaza y entra en tu casa disparando a dar y desbaratando todo lo que has construido, no me parece que ceder o dejarse acribillar sea una alternativa. Y es que aunque lo hayamos comprendido demasiado tarde, todos deberíamos saber ya que la vida va en serio.


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Un comentario

  1. Lucía Ramos

    Sí, dígalo alto y claro…
    Lo peor es que el mundo,
    se la ha tomado siempre a broma.
    Y,…quienes encuentran «risas»
    para cada tipo de» humor».
    Esto, ya sí que pasa a ser «verdaderamente»
    Serio, verdad?

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