Es muy triste -y a la vez genera una gran impotencia- ver a diario cómo somos manejados al antojo de los que, con sus hilos, de igual modo que las marionetas, nos dirigen en este gran espectáculo de nuestro entorno. La vida teatralizada de los ciudadanos sin que la persona pueda afrontar libremente su razón y respetabilidad; en resumidas cuentas, su dignidad
Son bochornosas las actuaciones sin respeto de nuestros políticos en el Congreso de los Diputados (representación de todos y cada uno de nosotros), mal ejemplo para generar odio entre la ciudadanía. Una cosa es el odio y otra muy distinta la indignación. Ésta debe realizarse ante una ilegalidad, porque la intención legitima de esta irritación o indignación es el bien de la justicia.
Hay un dicho que corre por todos sitios y se le atribuye a Buda, pero no es de Buda, y dice el texto: «Aferrarse al odio es como tomar un veneno y esperar a que la otra persona muera«. No consintamos ser una herramienta política de aquellos que exhiben el poder.
Las convicciones reales y la libertad individual nunca deben perderse
Nunca debemos perder nuestras convicciones reales ni la libertad individual. La dignidad de las personas es lo más grandioso que se tiene, contiguo con la libertad.
Cuanto más ilusa esté la ciudadanía, más fácil resulta cautivarla, mentirle. Hay que buscar un equilibrio cultural, exigiendo siempre e invirtiendo en educación. Aquí esta la clave del progreso y de la libertad individual.
Derechos, libertades y radicalización
Leamos, debatamos, busquemos, preguntemos, observemos, pero no permitamos nunca que nadie piense por nosotros.
¿Dónde están realmente nuestras libertades y nuestros derechos y deberes?
La injusticia y la impotencia se apropian de nuestra sociedad, la necedad social; envidias y odios afligen el alma de la humanidad y terminarán con nuestra civilización.
Un comentario
MAGNIFICA REFLEXION. Si todos tomaramos esta medicina, otro gallo cantaria y una democracia plena habría.