Guionistas como David Plana y Eva Baeza, de la serie ‘Mercado central’, adaptan los libretos de los nuevos capítulos para reducir al mínimo las escenas de contacto corporal debido al Covid-19
Marlon Brando y María Schneider desnudos y entrelazados; Sharon Stone y Michael Douglas retozando entre sábanas; el triángulo amoroso de Victoria Abril, Jorge Sanz y Maribel Verdú… El último tango en París, Instinto básico y Amantes son solo tres exponentes de las miles de películas con las que cuenta la Historia del Cine con la pasión y el sexo como elementos recurrentes. Imposibles de rodar, por cierto, si hay un enemigo invisible, microscópico y potencialmente letal pululando en el ambiente.
Tras 54 días de confinamiento, ahora más relajado, los guionistas de cine y series empiezan a plantearse la necesidad de retocar algunas escenas para cumplir con el distanciamiento social. Es el caso de Mercado central, un serial patrio que ameniza las tardes de la 1.
«No solo retocamos los guiones para reducir el contacto físico de las tramas amorosas o de las relaciones entre personajes sino también reducimos las secuencias en las que el número de actores es elevado o están intercambiando elementos», confiesa Joan Noguera, director de esta serie protagonizada por Antonio Garrido y Lola Marceli, entre otros, que volverá al set de rodaje el próximo 18 de mayo.
¿Dónde está la línea roja?
Pero, ¿dónde está la línea roja? ¿Hasta dónde querrá ceder el contador de historias para no desvirtuar su obra? No solo las películas tórridas se verían cercenadas. También filmes de colegas del tipo American Graffiti o Fiebre del sábado noche, en las que un actor está todo el tiempo con el brazo echado por encima del hombro de otro intérprete y se meten seis en un mismo coche para quemar la noche.
La escritora de cuentos onubense Desireé Acevedo ofrece su opinión como contadora de tramas literarias: «Pienso que las historias pueden tener multitud de formas y sentidos y, cambiar un poco la manera de contarlas no adultera de ninguna forma al resultado final. Que quieran retocar algunas escenas para que haya poco contacto debido a la situación que estamos viviendo es comprensible. Y creo que las personas que se dedican a escribir los guiones tienen creatividad suficiente para darle un sentido a lo que están contando».
«Es como si las películas preparadas antes de marzo no se pudieran rodar ahora, como si fueran de época»
Juan Apolo, guionista de cine y TV
Por su parte, el guionista sevillano Juan Apolo, que trabajó durante 20 años en las producciones de ficción de Disney Channel España y en la serie 7 vidas, no cree que la película que ha guionizado antes de la pandemia junto con Nacho La Casa, Sevillanas de Brooklyn, se pueda grabar con los parámetros sociales de ahora.
«Es como si las películas preparadas antes de marzo no se pudieran rodar ahora, como si fueran de época. Sería absurdo. Hay que esperar a ver qué condiciones da el Gobierno en los rodajes y, si son muy estrictas, nos pasará como a los hoteles: si solo se puede abrir el 30%, el hotel no va a abrir. Si quieren poner dos metros de distancia entre actores y, si uno se pone malo, cuarentena, no se podrá rodar. Ahora mismo hay un poco de psicosis y hay que tener paciencia», expresa Apolo.
Si esta medida de reducir al mínimo los contactos corporales se aplica en demasía en los rodajes, se corre el riesgo de privar al espectador de uno de los objetivos fundamentales de ver cine: olvidarnos de la realidad por un rato. Porque un beso como el de John Wayne y Maureen O’Hara en El hombre tranquilo no se puede hacer por ordenador.
También habría que ser creativo para escribir un guión de intriga a lo Hitchcock. Ya no vale la muerte por estrangulamiento como en Crimen perfecto. Ni a cuchillo como en Rambo, porque hay que acercarse demasiado. Ni a puñetazos y patadas, como en American History X. Tendría que ser con veneno diluido en una bebida caliente o con la pistola con silenciador de toda la vida.
Finales de obras maestras como Cinema Paradiso, en el que los labios más laureados del Hollywood dorado tocan directamente al corazón del cinéfilo, no serían posibles hoy por hoy si se instaura el distanciamiento social en los rodajes. A no ser que el protagonista sea un fantasma, como Patrick Swayze en Ghost y su beso sin roce corporal a Demi Moore. Dicen los gobernantes que habrá tests para todos. Esa medida aumentaría la seguridad en los platós. Pero, como se dice en cierta película con Atreyu como protagonista, eso es otra historia.
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