De momento sigue el culebrón de los aranceles, con diversos giros de guión más propios de una telenovela que de un país serio como se supone que la primera potencia mundial
Desde el famoso Día de la Liberación, las idas y venidas de la Administración americana sólo nos han dejado claras dos cosas:
- El plan de imponer aranceles a todo el que se mueva parece que va en serio, aunque afortunadamente hemos pasado de la inmediatez absoluta a una negociación, aunque con tintes poco esperanzadores si atendemos a los acuerdos firmados con Reino Unido, China o Vietnam.
- Aunque cueste creerlo y aunque no podemos saberlo a ciencia cierta (nadie está en la cabeza de Trump ni del personal de su equipo), parece que no había plan más allá de poner aranceles con el irrisorio objetivo de equilibrar la balanza comercial de Estados Unidos con sus respectivos socios comerciales.
Equilibrar la balanza comercial, ya sea de bienes o de servicios, no es posible entre dos países, porque cada uno comprará al otro aquellos productos o servicios en los que éste sea más competitivo. ¿Qué es más competitivo? Pues es muy fácil: dar un servicio de igual o mejor calidad que el de la competencia a igual o mejor precio. ¿Por qué los españoles van en masa a supermercados en vez de comprar en las tiendas de barrio? Pues entre otros motivos, porque en muchos productos (seguro que no en todos), el supermercado es más competitivo que su competencia. Aquí simplificamos mucho, porque puede que la tienda de barrio ofrezca productos locales o mayor variedad que un gran supermercado. Aquí hay margen para los pequeños, pero en los productos más comunes, normalmente no pueden competir.
Bueno y vayamos al grano. ¿Cómo van a afectar los aranceles a la agricultura y la alimentación? La última versión que amenaza con entrar en vigor el 1 de agosto son aranceles del 30% que, aunque a partir de cierto porcentaje, es como si das un golpe con el coche y acabas en siniestro total, que el vehículo esté más o menos abollado ya importa poco.
Como ya dijimos anteriormente, el arancel no es más que un impuesto para los ciudadanos de un país, así al ciudadano americano le va a tocar pagar más o consumir otros productos sustitutivos. Y si Europa responde con más aranceles, a nosotros nos tocará hacer lo mismo. Como si la subida de precios desde 2021 no fuese ya suficiente.
Inicialmente, si tenemos la suerte de que sólo EEUU nos imponga aranceles a nosotros, el problema es que las exportaciones de productos desde Europa a EEUU se van a reducir, sobre todo en aquellos productos que puedan producir internamente, sustituir por otros o importar de otros países con un arancel menor.
¿Qué productos exportamos más a EEUU? Pues esto es fácil: aceite de oliva, vino, queso, y por ejemplo especias, entre ellas la pimienta. ¿Es que España es una potencia productora de especias y, en particular, de pimienta? Pues especias producimos, por ejemplo, pimentón y aromáticas, pero pimienta no: la importamos, la seleccionamos clasificamos y envasamos y la reexportamos a EEUU. Este es uno de los miles de ejemplos en los que se demuestra que las cadenas de suministro globales son extremadamente complejas, y que tocar en algún punto puede generar efectos impredecibles. No digamos ya poner un arancel del 30%, que, de facto, es casi prohibir el comercio entre dos bloques tan importantes como Europa y EEUU o limitarlo exclusivamente a artículos de lujo.
Destacables también son las exportaciones de pescado y crustáceos procesados, que en los últimos años habían mostrado un crecimiento muy importante de las exportaciones. Dentro de estos sectores, aquellos que ofrezcan atributos más exclusivos y, por lo tanto, mayor precio, serán los que previsiblemente capearán mejor esta situación. Por el contrario, los productos dedicados al consumo en masa y que pretenden convencer al consumidor vía precio, se espera que sean los más perjudicados.
Para nuestra desgracia, poca capacidad tenemos en España y en Europa para decidir, presionar o influir sobre las decisiones de EEUU. Sin embargo, al menos en teoría, en España y en Europa algo sí que podríamos influir sobre nuestras decisiones, aunque mucho menos de lo que nos gustaría debido a la partitocracia en la que vivimos actualmente.
Si desde Europa deciden imponer aranceles adicionales a EEUU, vamos a sufrir principalmente en dos grupos de productos: Por un lado, la soja y por otro lado, los frutos secos. Alguien podría pensar «si yo no consumo soja, ¿Qué más me da?» ¿Consume usted carne? Para ser más específicos, ¿Consume usted carne de cerdo o de aves (pollo o pavo por poner un ejemplo)? Pues entonces no le da igual para nada. La ganadería intensiva española y europea es muy dependiente de productos ricos en proteína para la alimentación de los animales. Si se impone un arancel a las importaciones de soja, previsiblemente la carne de cerdo y de ave se encarecerán de forma bastante importante.
Los frutos secos
Si son consumidores de frutos secos o productos que los contengan, que por cierto son sanísimos, el precio también subirá, porque, aunque en España tenemos una gran superficie de algunos frutos secos como el almendro, la productividad de las explotaciones españolas está a años luz de las explotaciones americanas. «Pues que aumenten la producción, que para eso se les paga la PAC» como idea está genial, pero hay que ser conscientes de que para lograr ese hito, el consumo de agua del almendro es muy elevado. ¿Seguro que están ustedes dispuestos a ver el río Guadalquivir, Guadiana o Ebro bajar secos? La legislación actual no lo permite y, en ese punto, creo que no es un error, al menos no del todo. Sin embargo, el tema del uso del agua en España y el sistema de concesiones merece un artículo o una enciclopedia, y no lo podemos abordar en este artículo.
Si alguna idea quiero que quede clara en el lector es que cualquier producto, por sencillo que parezca, suele intervenir en múltiples cadenas de valor. Poner un arancel adicional a uno de estos productos puede provocar distorsiones de consumo, de precio o de ambas variables muy difíciles de predecir.
Si finalmente llegamos a sufrir los aranceles impuestos por EEUU, los sectores indicados sufrirán y sólo tendrán como opción buscar otros mercados en los que colocar aquellos productos que no puedan vender en EEUU. En el peor de los escenarios, si la UE responde con más aranceles, nuestros productores de carne de cerdo y ave y nuestra industria de los frutos secos sólo tienen dos caminos: o buscan otros proveedores de soja o frutos secos o suben el precio de sus productos.
Llegados a este punto hay que partir una lanza por nuestros sufridos empresarios y también por los empresarios americanos que importan nuestros productos. Si algo se ha sacado en claro de estas situaciones, es que estos malvados empresarios son los primeros en reducir sus márgenes para mantener en lo posible la cuota de mercado del producto.



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