No es casualidad que se coloquen contenedores de basura junto a las perfumerías. Geles, champús, colonias, que conviven con sus hermanas, los muchos tipos de deposiciones humanas
La ciudad es un gato callejero que se lava con la misma precisión que busca entre los desechos algo de pescado podrido que echarse a la boca. Hoy me he comprado un desodorante que huele exactamente igual que el vagabundo que duerme en esta plaza por la que paso todos los días. Los vagabundos lo son porque no roban y menos lo harían con algo que les quitaría su principal seña de identidad. Los mendigos no piden oler bien, piden vino de garrafón en formato de tetrabrik. Algo de comida que ayude a tener las mínimas fuerzas como para ser consciente que todo apesta. La verdadera igualdad ha empezado por el olor.
La mujer que tiene enamorado a todo el barrio, cuya elegancia no nace de su vestimenta ni de su fragancia, se sienta al lado del vagabundo de la plaza, en el banco más próximo, y los ojos mordedores que la observan le hacen heridas imaginarias, iris ensangrentados sobre una piel lisa y suave. Solo la mirada vive en un estado permanente de cicatrización. No hay mejor compañía para la belleza que la realidad. Maridan como la mejor de las carnes con el mejor de los tintos, como ese pescado mojado en un vino blanco y excitantemente frío, como esas parejas que por fin se separan.
El vagabundo, cuando ha recolectado lo suficiente como para ser compañero de barra en uno de los bares del barrio, nos hace recordar a aquella mujer que parece inalcanzable, pues muchas veces las deidades son igual de miserables que un perfume barato que te deja en la piel el sarpullido de la realidad.
Con la llegada de la luna, cuando nadie los ve, sé que buscan juntos los cartones sobre los que van a pasar la noche, bien pegados, hasta dar envidia. Llevan tiempo haciéndolo en el mismo cuartillo que tiene el cajero automático de una sucursal bancaria. Y digo que lo sé, porque yo cada noche voy con un frasco vacío que destapo hasta llenarlo de vida. Algunos días aprovecho y saco dinero que malgasto en la perfumería. Morir poco a poco por embriagarme de la belleza anosmática.
Comentarios recientes