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tren

Una persona mira por la ventanilla de un tren.

Opinión

Estar de viaje

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Robe cantaba que sólo necesitaba droga y amor. Otros piensan en viajar de manera física, donde sea, a cualquier lugar que piensen que les cambiará a ellos. No saben que sólo cambia el decorado y que ellos permanecen iguales, inalterables. Los cambios no tienen movimiento

Cambiarse de camisa no te teletransporta a París o Londres, sino que te abraza a un tejido hecho de algodón. El mejor viaje es el que no te exige moverte del sitio para sentirlo. La droga y el amor que cantaba Robe. La droga viaja dentro de uno y no es necesario que te dañe la salud. Hay quien se engancha a la aguja de los sueños, una burbuja que no explota, inmóvil, pues la inmobiliaria es una casa que se te cae encima, demasiado real, que te deja el cuerpo destrozado. Somos ruinas que buscan moverse para dejar los cascotes por el camino. Y en eso consiste viajar, en intentar quitarse la pedrada que cada uno lleva dentro de sí mismo.

Nuestra cabeza es un adoquín que estamos deseosos de lanzar contra un suelo nuevo, uno donde nuestros sesos se desparramen y besen sobre una nueva y alquitranada realidad. Yo prefiero drogarme mientras me tomo un café o una cerveza y miro cómo en la pared blanca que me pone límites, se forman pequeños montículos de una pintura que coloca de la misma manera que la primera vez que se puso una mano de ella.

Hay olores que te llevan al lugar más lejano del que te encuentras. Fragancias que son un continente, embriagadoras, dominantes, acaparadoras. La pintura de la pared forma figuras geométricas desconocidas para el matemático más avezado. Los ojos viajan por sus siluetas puntiagudas, rasco por encima de ellas y me destrozo las uñas. Ahora entiendo por qué Rosalía viaja tanto. Irse con la música a otra parte que te deje las uñas intactas. Del amor escribiremos otro día. Ese es un viaje sin retorno y yo ya no estoy para esos rodeos.


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