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el director

Un fragmento de la portada del libro 'El director', de David Jiménez.

Comunicación, Opinión, Política

Digo que el poder controla a la prensa

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Estoy leyendo y, por tanto, recomiendo el libro de David Jiménez ‘El Director’ (Libros del K.O, abril 2019). Jiménez -creo que ustedes, lectores sabios y articulistas monoparentales, sabrán quién es- fue director del diario ‘El Mundo’ entre 2015 y 2016

Es en el subtítulo del libro donde siento que es bella la laminación de David Jiménez. Sobre todo para quien todavía crea que es urgente volver a originar una prensa que se ampare, sin concesión alguna, en la imparcialidad, en la equidad, en la incorrupción, o dicho a la otra manera, en esas lejanías donde debe imprimirse esa hoja de periódico en papel -lo digital es en muchas ocasiones el dandismo de la actual prensa española que actúa como farsa o mascarización de lo cutre, del todo vale, de la vulgaridad en su extremo duro y jondo-.

Digo que no existe la independencia en el actual periodismo como arma de futuro. Sin embargo, estoy abierto a que me rebatan sin compasión.

Entonces dice así el subtítulo del libro de David Jiménez: Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de El Mundo.

Y digo que se ha de hablar ya alto y claro quien a bien así lo deseare con la intención preblanca de denunciar este periodismo que aúlla tras las dádivas, las mordidas, el juego de favores, esta respiración crónica y mancillada de muerte del editorialismo como muñeca rusa del establishment de este ya largo siglo XXI.

Hoy la prensa es únicamente una empresa, una multinacional, unos vitos y unos Corleone en esta ancha Sicilia que son los reinos de las Españas.

Si antiguamente los medios de comunicación eran los que, por ínclita soberbia de la inteligencia, controlaban al poder, a todos los poderes, ahora -créanme- son éstos los que manejan, sobornan, telefonean -ah, esas cenas tras los biombos de los restoranes- a la mayoría de los mass media. Hay, eso sí, quien se salva, a saber: ustedes averigüen, apuesten y puede que incluso acierten.

Entre todos estos poderes, el que para mí más diseña los titulares de todas las mañanas es el poder económico. La economía controla al poder político y éste, como Blancanieves con sus siete enanitos, descoyunta e impreca a estos capos que son los empresarios de demasiados -no todos- medios de comunicación.

Como esta tienda que vende relojes de oro o sellos de un franquismo atávico y endogámico que retorna, un periódico ya se compra y se vende con actitudes oleaginosas, mucilaginosas, grasientas o muy próximas al hampa.

¿Por qué creen que la prensa manipula al lector? ¿Acaso alguno todavía no se ha dado cuenta que el mangoneo o el vicio oculto de la tonsurada verdad de las cosas y de los casos ya se cuela en nuestras casas (la casa como pensamiento capturado y embridado)?

Sí, incluso lo puedo demostrar con datos, nombres, cifras y letras. Escríbanme si desean comprobarlo o censurarlo, a mí plin.

‘Villarejismo’

La prensa de hoy y quién sabe si del mañana ya es sólo un villarejismo, pero a escala astral, fantasía del Big Bang, submarinismo bajo todas las pútridas aguas que devoran nuestra iluminación crítica, osada, valiente o pura en su pureza de mariposa.

La prensa marchama todo lo que los banqueros, los comisarios, los ministros, el dinero que escribe cualquier portada, en fin, esta novela negra que todavía le queda por escribir a Manolo Vázquez Montalbán, quieren que salga y que sepamos sin ser consciente de la infamia que les impregna. Manolo dijo esto mismo que yo digo en un testamento televisado antes del infarto en Bangkok. Este club al que me refiero impone, exige, tripula, devora alrededor de nosotros como una maritornes convertida en la gran reina de la corrupción periodística.

Digo pues -y acabo o no acabo- que este villarejismo del XXI se ha clavado, como una dictadura oculta y exenta de ese IBI que es la ética del poder, en el periodismo español.

La prensa prometió contarnos la verdad, pero ¿existe la verdad en la prensa?

Escribo aquí, pues una Notas desde Aquilea estampadas por el exdirector de El Mundo, David Jiménez, antes de que El Cardenal le cesara por su exitosa corrección y su inconfesable gestión a la busca de la información sin posibilidad de asedio por parte de estos camorristas que rondan por los poderes, todos los poderes que hoy controlan los mass media como si controlaran la Metro-Goldwin-Mayer. Dicen así estas Notas aquilinas:

Si les describiera un país donde el Gobierno maniobra para despedir a periodistas incómodos, impone tertulianos en programas de radio y televisión y presiona a los directivos de medios de comunicación para evitar las críticas, pensarían que hablo de una república bananera. Ocurre en España. El mismo país donde el reparto de las nuevas licencias de televisión se hace a pocas semanas de las elecciones generales, en un intento de condicionar la línea editorial de las cadenas. El mismo, también, donde televisiones públicas pagadas por todos se utilizan como gabinetes de prensa particulares, al servicio de gobiernos que se quejan de que no les llega para educación o sanidad, pero no tienen problema en derrochar en propaganda…

La prensa prometió contarnos la verdad, pero ¿existe la verdad en la prensa?

El periodismo español es la nueva picaresca de este amarillísimo Siglo de Oro que va por ahí quemando la Torre de Windsor únicamente para ratonear unos papeles que podrían hacer estallar a todos estos reinos de todas las Españas. Estas Españas macanudas y borrachitas de Anís El Mono. España ya sólo es un anís adulterado por la desinformación.

¿Para cuándo la ley seca? ¡No me sean ingenuos! ¡Que nos conocemos todos¡ El periodismo español es la insoportable levedad del ser, una insoportable levedad que ha desmantelado todo sólido espíritu crítico.

Resulta que yo también nací en Brno, como Milan Kundera. Busquen en mi biografía. Quién sabe si a lo peor yo no soy yo, sino lo que ustedes quieren que sea. Y por ahí no hay orto por donde entrar. Pero se puede intentar. Me abro.


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Un comentario

  1. Jose Ramón Talero Islán

    Felicidades por su artículo…. Enhorabuena. Escribe usted la pura realidad… Saludos cordiales.

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