No se olvida ese revuelto en las tripas queriendo tener esperanza, no se olvida esa impotencia, el insulto rabioso de mi padre y las lágrimas de mi madre
No se olvida ese silencio provocado por la noticia de que un chico de Ermua, llamado Miguel Ángel Blanco Garrido, tras unos días de secuestro, a la hora que los terroristas habían amenazado hacerlo, alrededor de las 16:00 horas, era ejecutado. Un asesinato radiado, un disparo anunciado, una familia destrozada, la de Blanco, la de todos los españoles que sintieron en sus carnes esa cuenta atrás ignominiosa, televisada para aumentar el drama.
Una previa de luto que acabó con el resultado previsto, porque el Gobierno de Aznar no cedió ante el chantaje del acercamiento de presos: dos tiros en la cabeza. Fue un 12 de julio de 1997, pero aguantó con vida hasta el día 13, hace hoy 25 años.
No se olvida que en casa estábamos pegados a la televisión, a la hora del telediario y, unos 10 minutos más tarde se comunicó la noticia. Se hizo el silencio. Recuerdo que lloramos e insultamos de rabia. Un país entero se preguntó: ¿por qué? ¿Por qué la locura de unos pistoleros tiene atenazada a España? El miedo se tornó en rabia y los españoles taparon la calle, el principio del fin de una banda armada que nunca debió existir y que se ha llevado por delante a mucha gente: policías, militares, guardias civiles, políticos, empresarios y ciudadanos de a pie, sin olvidar los heridos de los atentados que todavía, en la actualidad, soportan las secuelas en sus cuerpos y mentes.
No se olvida aquella manifestación multitudinaria en Huelva y en toda España
No se olvida la rabia que salió a la calle. Recuerdo la manifestación en Huelva en la que fui acompañado de mi madre.
Que nadie olvide, que recordemos siempre que hubo unos años de miedo, de mucho miedo en este país nuestro. Que nadie olvide cuánta gente inocente murió por el terrorismo de ETA. Que nadie olvide y que los jóvenes sepan qué pasó aquel día que la sangre de ese chico se cubrió de millones de manos blancas elevadas al cielo al grito de «¡basta ya!», entre otros, para que, de una vez por todas, llegara la paz.
Desde que la banda terrorista ETA asesinara a tiros el 7 de junio de 1968 al guardia civil José Antonio Pardines Arcay en Villabona (Guipúzcoa), han pasado 54 años, 3.500 atentados, 864 muertos y 7.000 víctimas. Tras un reguero interminable de sangre, ETA realizó el anuncio del «cese definitivo de su actividad armada» el 20 de octubre de 2011. Se disolvió definitivamente el 4 de mayo de 2018.
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