debu zarzuela

La icónica imagen del debut de Raphael en el Teatro de la Zarzuela, en 1965 (primera vez que un artista en solitario hacía un concierto en un teatro).

Cultura, Opinión

Yo soy aquel que tiene el corazón en carne viva cuando tú no estás

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Cae la noche y siento que es el momento de recordar, de repasar, de sacar las libretas de lo bueno, lo malo y lo regular, paleta de colores del alma decolorada por el paso del tiempo. Levanto la mano con fuerza ante el foco que me enfoca y vuelven a sonar los aplausos, abrazo intangible de personas que me arropan y que tratan de olvidarse de sus miedos e intrigas. Siento el ‘zoom in’ lento hacia mi rostro, que navegó de la infancia a los asuntos demasiado rápido

Críticas y más críticas llueven en cualquier estación del año, pero yo sigo a lo mío. Somos dos hojas que el viento juntó en el otoño, un sueño imposible que busca la noche para olvidarse del mundo, del tiempo… y de todo. Solo amando se puede soportar el devenir, el día-noche interminable.

Mi alma está hecha a jirones, deambulando de un país a otro, de un teatro a otro, de un autógrafo a otro. Un total de 60 años pisando con fuerza mi templo. De hecho, visto de negro, como los sacerdotes, desde que debuté en Méjico hace mil vidas. Los feligreses siempre se levantan al final de cada canción, algo que es muy difícil de presenciar en el mundo de la música. Las sacerdotisas de la primera fila marcan el camino a seguir. Nunca pensé que, a mis 78 años, iba a provocar esa emoción en la gente.

Tuve que nacer dos veces y reinventarme algunas más. Fui de Manuel Alejandro a Perales y del digan lo que digan al escándalo. Hasta actué para miles de personas en un festival indie, convirtiéndome en tendencia en redes sociales (ya hacía años que lo había conseguido en la vida real). Qué sabe nadie del trabajo que me ha costado llegar hasta aquí, manteniendo el matrimonio durante tantos años y la relación fluida con mis hijos.

El icono, la leyenda

Me he permitido la licencia de escribir estos cuatro primeros párrafos en primera persona entremetiendo letras de las canciones del gran icono, porque, en el fondo, todos somos Raphael. Todos buscamos disfrutar con pasión de lo que nos gusta; todos queremos esa aprobación del prójimo tan prolongada en el tiempo más allá del sticker fácil; todos queremos trascender y epatar, de una u otra forma; a todos nos ha enervado alguna vez que se chismorree sobre nuestra vida… En definitiva, dejar un legado, más allá de la propia progenie, que perdure por los siglos de los siglos.

Como dice Iván Ferreiro: «Hay que respetar a Raphael, aunque no te guste ni su música ni su estilo». Yo era de los que me reía a carcajadas, de pequeño, cuando Martes y Trece le parodiaba y no fue hasta el año 2003, al verlo en vivo en el Gran Teatro de Huelva tras su operación de trasplante de hígado, cuando mi expresión de sorna se tornó en admiración y emoción. Me descubrí a mí mismo levantado y aplaudiendo tras alguna que otra canción. Muy pocos cantantes en España han interpretado las letras de las canciones con esa intensidad. No es un concierto, es teatro musical. No es teatro musical, es un monólogo profundo que se hilvana con melodías y letras y se remata con un mutis por el foro, con una parada en seco y una mirada desafiante al graderío. Es una mezcolanza de modelo interpretativo de Stanislavski y el show de la revista que eclosionó en los años 70 y 80.

Miguel Rafael Martos es carisma ante todo. Y tiene claro que él siempre fue indie, porque desarrolló una perseverancia inusitada para imponer un estilo que se reivindica hoy más que nunca: talento, trabajo y no caer en el maniqueísmo. Aunque cante 100.000 veces Yo soy aquel, siempre hay algún matiz distinto, arreglos diferentes o ese toque antiguo que sigue sonando a nuevo. Raphael tiene un museo en Linares y, en su interior, aparece sonriente el disco de uranio que solo tienen Michael Jackson, AC/DC y Queen.

Raphael no es melódico, tecno, rock, pop o acid. Raphael es un género en sí mismo y, por eso, la serie documental de Movistar+ se llama Raphaelismo, un título que evoca a los movimientos pictóricos de principios del siglo XX. Los -ismos son movimientos creativos que se caracterizan por ser innovadores y experimentales. Todos los -ismos adquieren el sufijo para poder crear los nombres de las corrientes.

El Niño de Linares se sienta a la mesa de Sinatra, Tony Bennett, Tom Jones, Adamo, Edith Piaf y Jacques Brel. Nunca imitó a nadie, pero tiene una legión de imitadores -aficionados y profesionales- desde hace 40 años, y ha conseguido que sus canciones estén presentes en bodas, bautizos, comuniones, aniversarios, fiestas clandestinas de confinamiento… y karaokes. Lo dice Ángel Antonio Herrera en la miniserie: «El gran triunfo de un artista es que canten sus canciones en los karaokes«.

Él reconoce que ya se va acercando la hora de decir adiós a los escenarios, a las luces de neón y a los aplausos de fin de semana. Pero siempre quedará su impronta. Si Lola era torbellino y Rocío, un torrente inagotable, Raphael es la quintaesencia de la cultura popular de nuestro país.

Camisa y pantalones negros, cinturón plateado, chaqueta de cuero o de vestir, siempre oscura. Los músicos abordan una intro, la fanfarria heráldica que anuncia un terremoto. Señoras y señores, la sonrisa color blanco níveo aparece en escena y hay un micrófono en el escenario. Me siento embargado por una honestidad brutal, un obrero del canto, un hombre para el que el triunfo es hacer lo que le gusta y que a la gente le guste, sin más. Damas y caballeros, podrán vivir lo que el mundo nos da cuando el sol ya se esconde y descubrirán que el amor es mejor cuando todo está oscuro. Emulemos a Martos y cojamos las riendas de nuestras vidas, aunque estemos en una pandemia interminable. Démosle una patada al desaliento e imitemos los andares y los gestos exagerados de Rapha-Él. Vivamos nuestra gran noche, eterna, gloriosa y vivificante.


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7 comentarios

  1. Magistral, poético, elegante, conmovedor, rítmico. Una obra maestra.
    Felicidades, Paco Núñez!!!!!

  2. Avatar Lucia Ramos

    La canción como amiga,
    amante que glorifica.
    Tanto mata, como da vida.
    Sí, Rapha~él, es un mito vivo.

  3. Avatar svetlana

    El es Genio. Unico!

  4. Avatar Angeles Suarez

    Yo soy muy Rafaelista, pero prefiero escuchar a Raphael en disco, que verlo en directo. Solamente lo he visto una vez, y dije, ya no más.

    Los años no pasan en balde y ya está muy desgastado vocalmente.
    De todas maneras insisto que soy el fan número 1 de Rafael.

    Y, hablando de música, no sé por qué en España está no avanza, estamos trillados con los mismos temas, gracias al C Tangana y a la Rosalía, que nos van a sacar del estancamiento.
    Aunque la Rosalía no se si va a pinchar en su último álbum. Ha sacado una canción muy polémica de 3 palabras y las redes se le han echado encima.
    Es lo que le pasa a los divos, se creen que son dioses y que cualquier pamplina que digan vale.

  5. Avatar Lourdes Orihuela Fagundez

    RAPHAEL SIN DUDA ALGUNA CLARO QUE ES UN MITO VIVIENTE Y CREO QUE JAMÁS HABRÁ OTRO IGUAL

  6. Avatar Víctor Manuel Mendoza

    Maravilloso artículo sobre Raphael.

  7. Muy buen artículo, con mucha fuerza. Raphael muy «él». Y si, todos somos (o queremos ser) un poco Raphael.

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