urna vacia

Una urna vacía.

Opinión, Política

Votar, el opio del pueblo

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Al final lo más inteligente es decir que no sabes nada. Nada sobre nada. Todo es cuestión de la fe en lo que tengas delante. En España se cree en muchas cosas. Supongo que es por eso que se dice que Dios está en todas partes. España es un país creyente, si no, no tendría sentido que sigan viendo los telediarios, con la ilusión de encontrarse con la verdad de las cosas. Encender la radio para encontrarse con su ‘sacerdote’ de confianza, el que te dice las bondades que quieres escuchar y lo pecaminoso que es marcharse a la ‘iglesia’ de al lado, donde el micrófono tiene otro color, y no solo cromático. La ideología es la nueva religión

Que votar es un acto de fe, lo sabemos los que no sabemos nada. Uno se enamora de lo que piensa de cómo es la otra persona. Nos lo inventamos de la manera que más nos interesa y le atribuimos virtudes y facultades que solo existen en nuestra caótica imaginación. Yo ya sabía, que en lo que a mí concierne, las cosas que me imagino siempre son las mejores, y que por tanto no se pueden realizar. Votar es creer con 60 tacos que la madre de Bambi realmente murió, cuando todos sabemos que huyó con un ciervo con una cornamenta espectacular, propia de nuestra clase política más viejuna. La nueva normalidad comenzará con la muerte de ésta.

La fidelidad es una idea de la que te enamoras hasta que la olvidas. Cuando yo votaba, lo hacía por las mismas razones por las que seguía con esa mujer que me gustó un día. Me interesaban sus partes desconocidas, que eran todas, que me sorprendieran sus formas de actuar ante las distintas circunstancias. Que un día fuera tímida, como lo deberían ser los poetas youtubers y millenials, y dejaran la página en blanco, como se quedan sus mentes al escribir. Agujeros negros, como sus versos. Que, con el tiempo, se fuera soltando y mostrando más recovecos suyos, en cuyos salientes se vieran reflejados mis costados. Yo, como Santo Tomás, necesito tocar la «herida mortal» de nuestro sistema democrático para empezar a creer en él. Una vez muera, resucitará. Llevar tanto tiempo con esa mujer, que has olvidado las razones. Donde no hay amor, solo queda la fe. Y yo votaba porque pensaba que algún día esa mujer me recordaría las razones por las que lo hice. Me olvidé de los partidos políticos, de la misma manera que dejé a esa mujer, de la que resultó que tampoco sabía nada, salvo lo que me había inventado en aquel principio ya lejano. 

‘Masturbación’ política

Cuando el amor es real, el voto salta por la ventana. La partidocracia que sufrimos no conoce de sentimientos tan humanos. Seres robóticos, miradas grises, corazones castrados. Sexos que laten protegidos por nuestra ropa interior. El placer de hacerle el amor a nuestra clase política, un domingo electoral. Quedarse en la cama hasta dejarlos bien jodidos. Abandonarlos en una de sus habituales masturbaciones, pero esta vez el resultado de su placer no irá a parar a nuestros rostros, sino a sus papilas gustativas. Urnas de plástico vacías. Sólo llenas de aire, como las muñecas hinchables, las únicas a las que podrán seguir queriendo

El placer de ser libres no se puede comparar con ningún otro. Virginia Woolf ya lo decía con la frase que más daño ha hecho a todos aquellos que han querido imponernos sus normas inhumanas: «No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente«. Que nadie ose tocar la sensibilidad de nuestras mentes. El algodón blanco y puro donde se sostienen felices y libres, flotando en piscinas de aguas calientes y marinas. Nuestras ideas son animales acuáticos, caballitos de mar que galopan a la velocidad que huyen de la lluvia constante que les persigue. Ballenas gráciles, que se mueven con la soltura que da el peso que tienen. Físicamente, podréis seguir haciéndonos daño, prohibiéndonos movimientos, activos y pasivos, de mente y de cuerpo, pero no podréis convencernos, solo imponernos vuestros intereses. Algunos, a veces, para que estéis contentos, os daremos la razón como a los tontos. La megalomanía se cura en la cárcel estupendamente. 


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One Comment

  1. Avatar Manuela

    Simplemente, amen.

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