posverdad

La posverdad es una pandemia que vive la sociedad desde hace años.

Comunicación, Cultura, Opinión

Verdad, bondad, belleza… y posverdad

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Hace años, me inscribí en un curso de verano en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander. Se titulaba ‘Verdad, bondad y belleza’. Se lo comenté a un querido amigo y con ironía me contestó: “Pero eso será algo de curas ¿No?”. Mi leído amigo, curioso intelectualmente, había conocido a los pensadores posmodernos y quizás consideraba que había llegado el momento de actualizarse, por lo que olvidaba a los filósofos de Atenas, sobre todo Sócrates, Platón y Aristóteles, que habían tratado ya este trío de conceptos, y expuesta la importancia de la Verdad, la Bondad y la Belleza como virtudes en la vida del ser humano

Hace unas décadas, muchas personas cultas o que pretendían serlo, quedaron encandiladas por las teorías surgidas a partir de los años 60 del siglo XX, especialmente en Francia, que criticaban el pensamiento antiguo.

En la actualidad, muchos ciudadanos que no han leído a Derrida ni a Foucolt ni a tantos otros, y que, sin embargo, poseen su propia concepción de la existencia y de las leyes, muchas no escritas, que regulan el mundo, observan que la sociedad presenta síntomas preocupantes de una relajación ética y que algunos de los valores tradicionales, que dieron resultado como forma de convivencia, son cada vez menos habituales.

Todo colectivo, para cohabitar en armonía y mantenerse en el tiempo, precisa de unos valores que lo sostengan, unos códigos éticos que permitan a los ciudadanos relacionarse entre sí en paz y concordia, y que impida que los más fuertes y poderosos atropellen a los más vulnerables, principios que deben ser transmitidos a lo largo de las generaciones.

Pero, a partir de los años 70 del siglo pasado, se desarrolla en la sociedad una visión escéptica donde el relativismo adquiere vigor, renegando de los pensamientos anteriores que considera anticuados, y criticando la tradición.

Visión nihilista de la vida

El trastorno que pueden ocasionar las teorías que surgen en los ambientes universitarios, donde los eruditos tienen su quehacer y sentido en la elaboración de hipótesis y especulaciones, es que, cuando saltan a la sociedad, algunos las abrazan con una literalidad y un entusiasmo dignos de la mejor causa, y hasta hay quienes creen que han encontrado por fin la Gran Respuesta.

Lo cierto es que aquellas ideas posmodernas que se gestaron en los ámbitos académicos irrumpieron con fuerza en el pensamiento de la población, y en los últimos decenios ésta ha cambiado profundamente sus hábitos y comportamientos con respecto a tiempos anteriores, pero no tan lejanos.

Se ha expandido en general, una visión nihilista de la vida y una relatividad en las actitudes y en las conciencias. Como respuesta, en los últimos tiempos se está esparciendo un clamor en la sociedad ante comportamientos que provocan oleadas de rechazo.

No obstante, este rechazo, aunque manifiesto, no parece haber detenido la situación que se lamenta. El ciudadano cabal soporta una serie de situaciones que no le satisfacen, pero se encuentra impotente para cambiarlas.

La verdad se ve amenazada cuando lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones. Para los posmodernos no existe la verdad, existe la verdad de cada quien, rechazan una verdad objetiva y todo es interpretable según las emociones individuales.

En 1992, el escritor Steve Tesich utilizó el término posverdad, por primera vez y afirma: “Son los ciudadanos los que acaban decidiendo qué quieren creer”.

En política, el fenómeno de la posverdad ha encontrado su mejor campo de cultivo. El Diccionario de la Real Academia Española, en su 23ª edición, define posverdad como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

Las tecnologías, que la posmodernidad considera la clave del crecimiento del individuo, han promovido espectacularmente la difusión de la posverdad, y así, Graylin advierte de una cultura donde unos pocos reclamos en Twitter tienen el mismo peso que una biblioteca llena de investigaciones.

En España, la mentira se ha asentado con naturalidad y los ciudadanos ya cuentan con ella. En la pandemia nos han mentido reiteradamente, nos han ocultado datos importantes, nos han manipulado sin pudor, pero las protestas más vehementes son las que protagonizan algunos jóvenes porque no les permiten hacer botellón.

La palabra dada no tiene valor, cuando los gobernantes y sus portavoces dicen una cosa y la contraria en la misma semana.

Mientras tanto, los más vulnerables, los más ancianos, los que con esfuerzo y sacrificio pusieron a España al nivel europeo, y muchos de los cuales mantuvieron con sus pensiones a sus familias durante la crisis, mueren en soledad y en muchas ocasiones mal atendidos.

El amor y la gratitud que merecen parecen no contar en un mundo donde el afecto se dirige a uno mismo en un individualismo feroz. El afán hedonista, que rechaza cualquier compromiso y justifica su derecho a evitarse molestias, los aleja de sí como objetos sin utilidad, una vez cumplida su misión de criarlos y mantenerlos.

En las últimas décadas, una de las profesiones más altas y dignas de deferencia y gratitud, la de profesores y maestros, ha sufrido una indignante y despreciable merma en el respeto que se les debe

Jamás se había producido una violencia tan cruel y gratuita, como la que manifiestan esos grupos de jóvenes que atacan brutalmente a sus compañeros más débiles con el sólo objeto de mostrarlo a través de las redes.

Muchos aplausos se han oído dedicados a los sanitarios en el último año, pero los índices de agresiones a estos profesionales se había convertido en una vergonzosa e indecente rutina.

Pertenezco a una generación donde, en el colegio, se recibía de pie al profesor. En las últimas décadas, una de las profesiones más altas y dignas de deferencia y gratitud, la de profesores y maestros, ha sufrido una indignante y despreciable merma en el respeto que se les debe.

La buena educación, que tenía la misión de hacer más grata la convivencia, está desapareciendo, y no digamos la cortesía, que hace tiempo fue abandonada en el más oscuro de los desvanes.

El feísmo se apodera de todos los ámbitos, la necesidad de expresarse, de proyectar una imagen que impacte en el entorno y reclame atención, alcanza los límites de lo grotesco. En arte, se persigue el disgusto y el impacto que causa en el espectador, no existe un canon de belleza porque se considera burgués y cualquier objeto pretende ser artístico. Algunas instalaciones y collages dejan estupefacto a cualquier espectador.

Pero estas situaciones que se habían generalizado empiezan a generar voces de protesta cada vez más persistentes, y algunos se atreven al fin, a exponer su criterio.

Los seres humanos necesitan certezas donde sustentarse. La verdad es esencial, porque sin ella no hay justicia, sin justicia no hay esperanza y la esperanza es imprescindible para poder vivir.  Albert Camus afirmaba: “Sólo una cosa en la Tierra parece mejor que la justicia; y es, si no la verdad en sí, la búsqueda de la verdad”.

La bondad supone para la humanidad su mayor seguridad y certidumbre y es el valor ético por excelencia. La bondad conlleva muchas otras virtudes: empatía, compasión, cuidado, altruismo, amparo, tolerancia y todo aquello que conduce al individuo a hacer el bien a otros. Sin bondad es imposible que una civilización se mantenga.

El afán de belleza ha acompañado a los hombres en toda su historia. La belleza es el misterio que ilumina al mundo, ella alza el espíritu de los humanos hacia esferas más perfectas y los inspira para hacerlos mejores. Para Platón, era el esplendor de la verdad.

Habremos de confiar en que vengan días, en que esa rebelión que se apunta, en contra del ideario escéptico, cínico y relativista, que no añade beneficio, sino que trata de desmoronar los principios éticos que mejoran a la sociedad, restituya el pensamiento auténtico del sentido del mundo. Verdad, bondad y belleza continúan vigentes.


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7 comentarios

  1. Avatar Jose Ramón Talero Islán

    Enhorabuena doña Mercedes por este extraordinario artículo.Mil gracias por transmitir tanta belleza literaria,tanta cultura y tanta verdad….

  2. Avatar Matilde Casares López

    En esencia Mercedes , verdades como templos. Pienso que mucho tiene que ver con la descristianización, desacralización y la crisis de fe, debido a las doctrinas nihilistas o otras filosofías hedonistas y mundanas donde el «yoismo» se ha impuesto al bien colectivo, desde el punto de vista cristiano. Son filosofías destructivas de los principios que aprendimos de pequeños donde imperaba el respeto, que abarca todo modo de proceder. Se han ido imponiéndo poco a poco y de forma muy sutil el sinsentido social acompañado de un perverso y demoníaco proceder, donde todo está permitido y se relativiza. Tiempos convulsos, mi querida Mercedes. Me encantó tu brillante exposición. Un beso inmenso y ¡ojalá te lean muchos! Porque hace mucha falta.

  3. Avatar Manuel Calleja

    Extraordinario artículo, Mercedes, en la forma y en el fondo. Lo he leído dos veces para disfrutarlo de nuevo. Mi más sincera y afectuosa Enhorabuena. Un fuerte abrazo.

  4. Habremos de confiar que vengan días…
    No sé, Mercedes, si será así. Al menos, este artículo maravilloso nos hace confiar en que sigan llegando palabras como las tuyas, que nos permitan sentir más cerca la verdad (que no la posverdad) y su lado brillante, que no es otro, como tú dices, que la belleza.

  5. Avatar Amelia

    Acertada y brillante, como en todos tus artículos querida amiga. Es un placer compartir tus opiniones y tenerte como amiga 10. Un besazo virtual, deseando que sea en vivo y en directo…

  6. Avatar Michael Lugo de Armas

    Bravo Mercedes. You have described the main pathology of our times. You give hope to people who are the victims of those who are the » People of the Lies » again Bravo.

  7. Avatar Fernando Mesquida

    En estos tiempos oscuros el artículo de Mercedes nos llena de luz y esperanza. Porque ha sabido, con una lucidez fuera de lo común, hacernos ver cuales son las causas por las que nuestro mundo parece estar yendo a la deriva. Y como un faro pleno de ideas nos guía para poder discernir lo auténtico, lo que hizo avanzar a las sociedades, y nos ayuda a desenmascarar a tantos impostores que nos han llevado al mundo en que vivimos. Esta sociedad liquida, en palabras de Bauman en la que todo perdió su solidez. Se derrumbaron los pilares que nos sostenían, nos viene a decir Mercedes de manera elegante y sin dejarse nada en el tintero de sus certeras apreciaciones.
    Mercedes ha levantado su voz diáfana , y sería necesario, sumamente crucial, que fuera secundada, porque palabras como las suyas nos dan la mano para guiarnos y salir de aquella caverna de Platón para encontrarnos los reinos de la Verdad, la Bondad y la Belleza, los más excelsos a los que puede aspirar un ser humano.

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