subvenciones

Hay que replantear el tema de las ayudas y subvenciones.

Economía, Empleo, Opinión, Política

¿Vamos a vivir siempre de subvenciones y sin perspectivas de un horizonte laboral?

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Veía hace unos días un envío por WhatsApp que decía: «Seremos un gran país el día que la gente entienda que para ganar dinero hay que trabajar». Verdaderamente me dejó perplejo y a la vez muy contento, pues existe aún mucha gente que conserva el sentido común y ven la realidad política y social en que está sumida nuestra nación

Es insólito y a la vez indignante cómo nuestros representantes políticos, en vez de estar unidos y trabajar juntos por los ciudadanos con el fin de que todos podamos llevar a nuestras casas el pan diario, actúen de forma ilógica e irracional para condecorarse ellos mismos y sus partidos con medidas absurdas y electoralistas con el único objetivo de perpetuarse en sus poltronas y que no les falten sus buenas pagas y dietas el máximo tiempo. 

Llevamos unos años en los que los que nos lideran poseen poca formación y hacen uso de infinidad de asesores, 1.212 en los tres primeros meses del año con un gasto en nóminas de 17 millones y medio de euros. Para colmo de estos asesores, 532 son solo para la presidencia del gobierno, con el agravante de que, de esa cantidad, 177 tienen una titulación de graduado escolar

¿Cuándo vamos a tener políticos bien formados para que puedan dirigirnos con coherencia y justicia? ¿Por qué tanto gasto innecesario para dejar al pueblo en la máxima pobreza? 

La pandemia de coronavirus, según el informe elaborado por Cáritas y la Fundación Foessa, ha hecho que, en la sociedad española, 11 millones de personas estén en situación de exclusión social y seis ya en situación de pobreza dura, dos millones y medio más con respecto al año 2018. 

La política al servicio del ciudadano carece de veracidad

Debemos hallar de nuevo la honestidad como reto de gozo. Así encontraremos la libertad para difundirla a los demás. Exijamos que no nos den limosnas ni migajas, que nos faciliten trabajo y dignidad para desarrollarlo. Hagamos uso de las subvenciones para los que ciertamente las precisen. Es terriblemente destructivo para un país mantener miles de personas subvencionadas y no crear riqueza para aportar bienestar a nuestra nación. 

Hay que reducir gasto público. La deuda pública de España continúa creciendo, llegando a la cifra nunca vista de 1,43 billones de euros en junio. La Seguridad Social está en quiebra (cien mil millones de euros) y las autonomías siguen aumentando su deuda. Tenemos tres millones empleados públicos, un 43% de paro juvenil, 500.000 personas en ERTE con escasísimas posibilidades de volver al trabajo, subvenciones por doquier a sindicatos, entidades, asociaciones, etcétera, sin control y no olvidemos el excesivo gasto de los sueldos de nuestros políticos, mencionado anteriormente. 

¿Dejamos ahorcados con nuestras deudas a nuestros hijos y nietos? ¿Y, mientras, ahítos de impuestos para el resto de sus vidas?  

Quejarnos incesantemente de la inseguridad y los problemas no es motivo para quedarnos despreocupados, porque los inconvenientes siempre existirán. Hay que reaccionar ante tanto atropello, despilfarro y corrupción. Seamos humildes y justos, administrando bien nuestro dinero, que es de todos los españoles, de nuestros impuestos, y velemos juntos por la prosperidad de todos y no la de unos pocos.  

El resentimiento y la represalia han de eliminarse totalmente en esta sociedad agitada y manipulada. Descubramos de nuevo la honestidad como reto de complacencia con el fin de alcanzar la libertad y difundirla a los demásImpulsemos e irradiemos constantemente lo bueno y justo en nuestro entorno.


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