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Mark Knopfler, en un fotograma del video musical de 'Brothers in arms'.

Cultura, Opinión, Política

Un solo de guitarra de Mark Knopfler como mejor terapia

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Con la melodía cadenciosa de una de las mejores canciones de la historia, ‘Your latest trick’, recordándome tiempos mejores, lugares comunes y sentimientos puros lejos del mundanal ruido de la sinrazón diaria de 2021, de la confrontación provocada por el poder y de la estupidez televisiva llevada a la enésima potencia, rompo una lanza en favor de los desfavorecidos, de las personas que lo han pasado mal en la pandemia que, curiosamente, ya lo pasaban regular antes

No idealicemos la época A. P., porque de los polvos de la burbuja inmobiliaria, de los lobbies empresariales, de las llamadas a medianoche en Goldman Sachs y de los acuerdos con whisky japonés de por medio, vienen estos lodos de putrefacción de los servicios públicos. Por eso, ahora CaixaBank echa a a la calle a más de 8.000 trabajadores y no pasa nada. Todo vale desde aquella maldita crisis de 2008. Pero es imposible no recordar con una sonrisa en los labios la intensidad cultural, ese crisol inolvidable, de los años 80.

Nunca pude ver a Dire Straits en concierto. Era demasiado pequeño y ni siquiera se acercaron a Sevilla. Lo máximo, Madrid y Barcelona. Mark Knopfler, que sí tocó en el Estadio de la Cartuja en 2015, se niega a juntarse con sus viejos colegas por dinero, como hacen otros. Y yo me niego a ver a los grupos de tributo de la banda londinense. Pero aquel disco que se compró mi hermano, aquella maravilla llamada Brothers in arms, cayó en mis manos en 1985 y nunca se rayó a pesar de convertirse en mantra diario.

La canción que da título al disco es una oda pacifista cuyo video musical innovó al introducir dibujos a carboncillo en movimiento, como meses antes hizo A-Ha con su imperecedera Take on me. Mi hermano y yo bajábamos la persiana a la hora de la siesta y nos poníamos a escucharla con atención. En 1985 nadie conocía el concepto de mindfulness, pero nosotros ya meditábamos por aquel entonces. La música es esa rama de la cultura que puede envolver tu mente, tu cuerpo y tu alma a la vez, calmando y sanando muchas de las heridas vitales que laten en rojo oscuro en tu interior. Letras en inglés que eran incomprensibles para un niño de 9 años provocaban en mí una sensación reconfortante, un pellizco, que dirían los flamencos.

Brothers in arms condena las guerras como un sinsentido, el mayor de los absurdos en el marco del surrealismo militar. Si la confrontación política suele ser verbal salvo cuando alguno suelta el puño en algún parlamento, los disparos para vencer o sobrevivir son la cristalización de esa cizaña que se azuza desde los atriles y desde los congresos de los diputados (vean la gran película Senderos de gloria, de Stanley Kubrick). «Tantos mundos diferentes, tantos soles diferentes… y tenemos un solo mundo. Pero nos empeñamos en que sean diferentes y ahora el sol se ha ido al infierno», canta Knopfler. Amén.

Esa persiana que acurrucaba nuestros sueños a la hora de la siesta al son de Money for nothing o Why worry sigue en pie. Mi madre la arregló alguna vez, pero a sus 45 años de edad, sigue bajando y subiendo todos los días. Ya nadie pone el disco de vinilo de Dire Straits en el viejo tocadiscos familiar, pero da igual. Sigue grabado a fuego en mi cabeza, en el cajón de los mejores valores que se pueden inculcar. Y, ahora en Youtube, le pongo el solo de saxo de Your latest trick a mi hija de 5 años para que se vaya impregnando de esa joya que tenemos los seres humanos que es la cultura. Ni el cinismo galopante de Telecinco a la hora de explotar económicamente a una mujer maltratada que viste de rosa (cuando lleva casi 25 años dándole carrete a su presunto maltratador en todos sus programas basura) ni el enfrentamiento partidista de las vacunas ni las privatizaciones injustas ni los corruptos que están con la mosca detrás de la oreja por la creación de la Oficina Antifraude ni la mala educación generalizada ni la falta de honestidad podrán nunca con el poder de la buena música y su efecto sanador en las personas, tanto de los que la interpretan como de los que la escuchan.

Debemos buscar la inspiración en las expresiones culturales. Menos videos tutoriales de tres al cuarto de mindfulness y más canciones con mensaje de cantautores, de grupos clásicos cuyos mensajes no pasan de moda (Land of confusion de Génesis está más vigente que nunca). La cultura como medio indispensable para la formación de un criterio propio, el mejor resorte para poder combatir bulos, falacias, medias verdades e injusticias sociales y ahuyentar a todos esos lobos con piel (y traje) de cordero. Leer y escuchar buena música son dos patas de una mesa de roble muy duradera a prueba de golpes. Podrá astillarse, pero nunca ser derribada.

Sigue tocando, Mark. Improvisa con tus divinos dedos un nuevo solo. Tócala otra vez, Mark. Sí, ese riff de Sultans of swing o de Local Hero. De algún sitio tiene que venir la oración Música para mis oídos. Quiero dejar de ver calaveras en la espuma del mar. Quiero ser esas cadenas rotas que se convierten en una guitarra, arma insondable contra la opresión. Haz que estas montañas repletas de niebla se conviertan en brisa de amanecer en una playa con marea baja. Sabes que siempre tendré la persiana bajada para ti.


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3 comentarios

  1. Avatar A. Luís Delegado

    Genial, como siempre

  2. Avatar Luciano Pou Sabaté

    Muy bueno, Paco! Mark Knopfler me gusta mucho, y curiosamente pone la música (terapéutica como bien dices) por encima de la voz, que normalmente no sobresale y acompaña la música.

  3. Un aporte muy interesante. Muchas gracias por la información. Un cordial saludo.

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