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El docente Tito Moral.

Educación

Un año del estado de alarma (II): «La pandemia se irá, pero ¿y los recortes en educación?»

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El docente gaditano Tito Moral rememora las luces y las sombras de los últimos 365 días desde el punto de vista educativo

Los docentes andaluces han estado, en cierto modo, en primera línea de batalla contra la covid, contra la irresponsabilidad ciudadana y contra el ninguneo de los políticos en este año que ha pasado desde el decreto del primer estado de alarma debido a la crisis sanitaria. Con la tiza y la mascarilla en ristre, han realizado un servicio fundamental para la recuperación de buena parte de la normalidad.

Quizá el acierto de los científicos al descubrir que los niños contagiaban un 80% menos que los adultos haya ayudado a que, al final, la vuelta al cole haya sido satisfactoria, pero en septiembre hubo mucha polémica y mucha tensión: padres que no querían llevar a sus hijos al colegio; maestros que no querían incorporarse a su puesto de trabajo; niños cumplidores y no cumplidores… Bien está lo que bien acaba (aunque todavía no haya acabado, pero parece que lo peor ha pasado) y el educador gaditano Tito Moral se convierte en portavoz del colectivo de docentes andaluces por un día para analizar todo lo que ha pasado… y lo que vendrá.

«Incapacidad de los responsables políticos»

El maestro de Primaria vio el estado de alarma como un mal necesario: «Viendo la incapacidad de los responsables políticos para remar todos en la misma dirección y para tomar medidas de forma solidaria respecto al conjunto de la ciudadanía se me hace imposible otra alternativa en un momento tan grave como fue el inicio de esta pandemia. Se necesitaba una respuesta proporcional a una situación inédita».

Moral define con cirugía de precisión las sensaciones de aquel mes de marzo que lo cambió todo: «Echo la mirada atrás y siento que hemos retrocedido en nuestro tiempo, que hemos perdido oportunidades. Siento que no estamos preparados para los retos. Parecía imposible pero, de un día para otro, las clases se suspendieron. Recuerdo la preocupación por los contenidos y las prisas por mandar deberes y trabajos… El profesorado se agobió por no poder acabar las programaciones y trató de continuar al mismo ritmo. Lo hacíamos con la mejor voluntad posible, pero es que no estábamos formados para esta situación. Se trataba de no parar, de que no cambiara casi nada cuando había cambiado casi todo«.

«Estos 12 meses han dado para pensar en lo que está de más y lo que falta, no solo en la escuela, sino en todos los aspectos de nuestras vidas. Esta ruptura es un lugar desde el que se abre la posibilidad de pensar con lucidez qué educación —y qué cultura— queremos de ahora en adelante. Sin duda, los centros escolares cumplen funciones de articulación de la comunidad. Son lugares clave para el procesamiento de información de las vidas humanas con nombre propio, donde importan las personas concretas: el alumnado, las familias y sus necesidades son más que un objeto de economía… porque así me he sentido cuando me han obligado a incorporarme a mi lugar de trabajo sin todas las medidas de seguridad en plena pandemia; con casos positivos y contagios en las aulas, sin reducir las ratios ni las distancias entre escolares, sin incrementar los recursos humanos en los centros…», agrega Tito Moral.

«Soy un firme defensor de la educación presencial, la considero insustituible, es un nexo de cohesión social y compensador de desigualdades»

Tito Moral, maestro de Primaria

Este gaditano que ejerce en un centro público onubense habla también de la telemática: «Soy un firme defensor de la educación presencial, la considero insustituible, es un nexo de cohesión social y compensador de desigualdades. Tras el confinamiento, una cosa quedó clara: ni el alumnado ni el profesorado ni las familias querrán sustituir la educación presencial por la virtual. Además, con las escuelas cerradas, vemos tremendamente agrandada la brecha social preexistente. Nos damos cuenta de cómo la escuela contiene y palía muchas desigualdades sociales que, en este momento, se hacen muy evidentes. Pero eso no debe ocultar que es necesario poner en marcha medidas reales que garanticen la seguridad de todos».

Pero ahora que empezamos a ver la luz al final del túnel de esta pandemia, el maestro de Cádiz se pregunta si la administración está preparando los pilares para una hipotética educación pública virtual que «palíe y no incremente» la brecha digital que se ha ocultado todo este tiempo.

Quizás este nuevo tiempo suponga devolver la escuela pública al lugar que le corresponde; quizás sirva para confirmar definitivamente su importancia en el entramado educativo general. «Pero, con o sin pandemia, en mi barrio, han cerrado dos líneas de sendos colegios públicos mientras se mantienen los conciertos de la Junta con los colegios concertados colindantes. La pandemia se irá, pero ¿y los recortes en la educación?», apostilla un inspirado Moral.

*EL LIBRE publicará mañana jueves el tercer y último reportaje sobre el primer aniversario del estado de alarma con testimonios de personas de otras profesiones que dan su visión de todo lo vivido

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