moreno y rockefeller 01

José Luis Moreno, en una de sus múltiples actuaciones con Rockefeller en los años 80.

Opinión

Toma, Moreno

Comparte este artículo:

En realidad, el hombre de la sonrisa exagerada y las cejas arqueadas al límite no hizo un papel en ‘Torrente 2: misión en Marbella’. Solo reprodujo su propia vida bunkerizada y oscura, presuntamente corrupta y depravada

El propio Rockefeller lo vaticinó hace más de 30 años: «Todavía está usted suelto. No se preocupe, que yo no le voy a delatar jamás. Usted tiene más trampas que el Real Madrid. Seguro que, si me mete una querella, la gana y yo, que soy un don nadie, 14 años de prisión. Y a usted, que lleva defraudando a Hacienda, a mí, a los trabajadores y a todo el mundo desde que nació, no le hacen hijo putativo del ayuntamiento de milagro». También le acusó (se acusó a sí mismo, porque Rockefeller era su alter ego) de manejar, ya en aquellos años primeros años de la década de los 90, dinero negro. «¡Toma, conciencia!», espetó el cuervo emperifollado. Monchito, por su parte, le llamó hace muchos años «empresario choricete». La vida misma.

De los tres muñecos de Moreno, a mí el que más me gustaba era Macario con su eterno «¡Qué contento estoyyyyyyyy!». Da grima que un personaje de la TV de tu infancia, que tanto hizo reír a grandes y pequeños, tenga un lado tan oscuro. Porque aquí han puesto ya el ventilador de heces a toda potencia: que si maltrató a una asistenta porque se le cayó un muñeco; que si tenía conseguidores de guayabos a los que prometía una carrera artística a cambio de cariño y atenciones… A perro flaco, ya se sabe. Monchito debe estar llorando en el baúl mientras Rockefeller se descojona y Macario… todavía no sabe de la misa la media. ¿Por qué siempre la realidad nos pega estos sopapos, superando cualquier guión que un Charlie Kaufman de turno pueda enjaretar con esmero?

La operación contra una red internacional que ha dado con los huesos de Moreno en la cárcel se ha desarrollado en Madrid y Barcelona y se esperan más de 50 detenidos, según han informado fuentes de la investigación. 

El empresario José Luis Moreno y sus socios llegaron a estafar más de 50 millones de euros con un entramado de sociedades mercantiles. Las primeras pesquisas apuntan que el empresario y sus compañeros contaban con más de 700 sociedades con las que se apropiaban del dinero de créditos bancarios y privados. Posteriormente, este dinero se desviaba para que no pudiera ser reclamado.

Al empresario y al resto de detenidos (entre ellos dos sobrinos de Moreno) se les acusa de los delitos de estafa, blanqueo de capitales, organización criminal y alzamiento de bienes. De hecho, el empresario madrileño era uno de los nombres que destacaban en el último listado de grandes deudores de la Agencia Tributaria.

El pizpireta expresentador, detenido en la Operación Titella, evitó el pasado jueves su ingreso en prisión preventiva tras pagar la fianza impuesta por el juez con avales hipotecarios. La defensa presentó garantías por valor de seis millones de euros, según han informado fuentes judiciales.

Productor de éxito

Famoso por sus actuaciones como ventrílocuo, entre las que destacan sobre todo las realizadas con sus muñecos Monchito, Macario y el cuervo Rockefeller, José Luis Moreno dejó de trabajar como ventrílocuo para dedicarse a producir programas de variedades que él mismo dirigía, como Noche de fiesta y series como Aquí no hay quien vivaLa que se avecinaEscenas de matrimonio y Aquí me las den todas.

En Noche de fiesta, era habitual que entraran llamadas pidiendo dinero o trabajo: «¡Ay, José Luis, dale trabajo a mi niño, que está parado!». Y Moreno contestaba: «No se preocupe, señora, eso está hecho, que se pase el lunes por mi oficina ¡guau, guauuu!«. Era ya una caricatura de sí mismo en los años 90. Este programa exudaba caspa a raudales, pero era el más visto los sábados por la noche… hasta que dejó de serlo. El declive era palpable por mucho que sonriera Juncal Rivero ligerita de ropa.

Para rizar el rizo del juego macabro entre la realidad y la ficción, Santiago Segura ofreció a Moreno el papel de Spinelli en Torrente 2: misión en Marbellaun villano excéntrico y pasado de rosca, inspirado en genios del mal de la saga 007 como el Dr. No o Blofeld, pero sustituyendo su inteligencia por muecas grotescas, risotadas capaces de hacer que sus esbirros se meen encima y la inseparable compañía de un macaco llamado Luis Alberto que solo se alimenta de plátanos de Canarias. Es decir, una versión muy casposa del habitual enemigo bondiano, apropiada siguiendo los códigos paródicos de la saga de Segura.

El suceso de los albano-kosovares

Todo apunta a que Moreno se metió en negocios turbios cuando las deudas empezaron a llegarle al cuello. Ahí está el suceso de los albano-kosovares, un ajuste de cuentas de libro, aunque él se empecinara en negarlo. En diciembre de 2007 seis atracadores albanokosovares asaltaron la residencia de José Luis Moreno en Boadilla del Monte. En ese momento, Moreno se hallaba en la vivienda con algunos familiares y personal de servicio. Los asaltantes quisieron abrir las cajas fuertes de Moreno, pero este se negó a darles el código de apertura y se enfrentó a ellos recibiendo un golpe en la cabeza con un hacha.

Moreno enseña las heridas que le provocaron los albano-kosovares.

El cabecilla de los agresores fue detenido en Albania y extraditado a España, donde quedó a disposición del juzgado de Alcobendas, quien le puso en libertad por un «error judicial». El ventrílocuo era una especie de Jesús Gil con su fajo de billetes siempre preparado, pero más sibilino, con más cultura (cantaba ópera, sabía muchos idiomas) y sin afán de hacer carrera política.

Sus presuntos tres divorcios están tan poco claros como esa carrera de neurocirujano en la clínica La Milagrosa de Madrid durante cinco años, aunque en el hospital, como investigó La Vanguardia en 2006, no tengan registro de tal actividad ni Moreno figure en el Colegio de Médicos de Madrid. Su nombre ha aparecido en el caso Palma-Arena y alguno de sus socios figura en los papeles de Bárcenas. 

La ventriloquía, un asunto de familia

Moreno es hijo de un importante creador de marionetas, Natalio Rodríguez López Talio,​ que en los años 70 tenía en TVE un espacio infantil de guiñol llamado La familia de la abuela Cleta. Según una entrevista de archivo, José Luis Moreno se introdujo en el mundo de la música en la adolescencia, llegando a alcanzar el éxito como cantante de ópera. Es sobrino del gran ventrílocuo salmantino Wenceslao Moreno, conocido como Señor Wences, hermano de su madre, Josefa Moreno Centeno. El Señor Wences fue uno de los más renombrados artistas del género en los Estados Unidos, y el más longevo (murió a los 103 años).

Moreno ha manchado, con este presunto delito, el buen nombre de su progenie artística. Ver caer a un icono de tu infancia, que se ganaba la vida haciendo felices a los niños con sus divertidos muñecos, es desolador. Como diría José María Cano, el creador de Monchito recuerda a «un cuadro de bifrontismo que solo da una faz; la cara vista es un anuncio de Signal», con risa sardónica incluida. La cara oculta es un duendecillo verde y maligno rodeado de muñecos que son primos hermanos de Annabelle, la de la saga de Insidious. Es fácil imaginarse a la versión psicópata de Macario, con un cuchillo jamonero y los ojos inyectados en sangre, sacando a toda prisa las bolsas con los tacos de billetes. ¿Cómo un artista se mete en una organización criminal? ¿Es pura desesperación o se cree tan por encima del bien y del mal que está seguro de salir indemne?

El infierno por el que está pasando ahora Moreno lo vaticinó él mismo con la voz de Rockefeller. Hay que escucharse más a sí mismo, José Luis. El telón cae y nadie aplaude. Los cuervos te están esperando y no llevan sombrero de copa. Netflix o Amazon harán una serie sobre tu vida, pero tú no la producirás. Y alguien de tu ejército de asistentas encontrará a tus guiñoles envueltos en lágrimas. Dolor, veo mucho dolor.


Comparte este artículo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*