beatriz verano azul

Pilar Torres, en el rol de Bea en 'Verano azul'. / RTVE

Igualdad, Opinión

Todas con la roja

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El otro día leí un artículo que hablaba de las malas condiciones higiénicas que tienen que soportar muchas mujeres en Sudán para afrontar la menstruación

Tras las inundaciones lo han perdido todo y se ven obligadas a vivir en campos de refugiados donde no hay intimidad y donde los aseos no tienen puertas y están sucios. No pueden afrontar el gasto de compresas, tampones o copas menstruales y se apañan de muy malas maneras: algunas (muchas de ellas son cabeza de familia) dejan de ir a trabajar esos días, por lo que pierden un ingreso vital para subsistir. Otras se ponen muchos trapos o enaguas para taparse y, después de usarlos, no pueden limpiarlos en condiciones, porque tienen que hacerlo a mano y sin jabón, ya que no pueden pagarlo. Hay estudiantes que, por vergüenza, incluso dejan de ir a la escuela.

Todo esto me llamó la atención y también el hecho de que no se hable de ello entre las mismas mujeres, ya que entre ellas también se considera tabú hablar del tema (lo que me parece un error) y añade mas sufrimiento al hecho de no poder desahogarse con quienes pasan por lo mismo y podrían ayudarse unas a otras.

Estas cosas me hacen sentir una privilegiada, ser alguien que tuvo la suerte de nacer en el lado bueno del mundo. Damos por hecho que hay cosas (en este caso las compresas) que simplemente las cogemos si las necesitamos, pero no nos paramos a pensar que somos afortunadas por tenerlas.

Recuerdo aquel capítulo de la serie Verano Azul en el que a Bea le venía la regla. Creo que es de las poquísimas veces en la que se hace mención a la menstruación en la tele. Era un episodio algo cursi, cuando lo veía con mis ojos infantiles, pero también emotivo y bonito. La madre iba con mucha discreción a darle la compresa a Bea y a decirle al padre en la oreja que la niña ya era mujer. El padre se quedaba pensativo: «Ya tengo una mujercita», quizás imaginando el peligro que eso conlleva, ya que empezaba a salir con chicos.

El pobre Tito (su hermano) no se enteraba de nada y se preguntaba confuso si, antes del periodo, Bea no era una mujer… ¿Entonces qué era? Pero la reacción que me conmovió fue la de los dos chavales de la pandilla: Pancho y Javi, amigos y rivales, ambos enamorados de Bea. Cuando Tito se lo cuenta a los dos, no van a burlarse de ella, pero tampoco la dejan sola con sus «cosas de mujeres». Saben que no va a bañarse y que se siente rara… y la acompañan a dar un paseo por la playa.

Esa misma mañana habían ido ambos a contarle a Chanquete, cada uno por su lado, que estaban enamorados de Bea, y no saben cómo afrontar la situación y él les recita el mismo poema: «Que ni el viento la toque». Al final del capítulo, los tres se dan la mano y corren por la playa, mientras Javi y Pancho recitan la poesía. Algunos dicen que esta poesía es machista, de celoso posesivo, pero yo como espectadora (tanto de pequeña como ahora, que he visto mil veces la serie) no tuve esa sensación, teniendo en cuenta que los mismos chicos rivales ponen la amistad por encima del enamoramiento, siendo a la vez esa amistad la forma más pura de amor.

Es más, me pareció algo bonito aquel paseo y cuando le dicen la poesía lo sentí como si ambos la estuvieran protegiendo, cada uno a un lado, ahora que ella se sentía un poco vulnerable.

De aquellos 80 hemos pasado a esta época, en la que la novedad es que las reglas dolorosas van a considerarse causa de baja laboral… Con esto, lo único positivo es que se ha hablado del tema, porque muchos hombres piensan aún que «somos unas exageradas».

Lo que se ha hecho siempre es aguantar hasta que el cuerpo explote, y cuando te dan unas migrañas que no puedes soportar o estás muy débil o echas más sangre que un grifo abierto, entonces vas arrastrando al médico y le dices que por piedad, te de la baja. Te firma el papelito y la empresa ni se entera de si lo que tienes es regla u otra cosa, y tú esperas que, a la siguiente vez, «la de rojo» te dé una tregua y no te haga falta pedir baja.

Porque esa es otra cosa a tener en cuenta: no todos los ciclos menstruales son iguales en una misma mujer. Hay meses que se llevan bien y otros mal y depende de muchos factores (alimentación, sueño, estrés, las hormonas…), por lo que hay un reducido porcentaje de mujeres que sufre reglas dolorosas todos los meses. Y van asociadas a problemas como endometriosis y ovarios poliquísticos.

Ya digo que esta medida del gobierno no es de gran utilidad, pero al menos, ayuda a que se visualice el problema. De hecho, en medicina apenas se ha investigado sobre la menstruación, porque la mayoría de médicos son hombres a los que no les interesa ni les afecta.

En España, la catedrática Enriqueta Barranco, ha sido una de las pocas en investigar sobre este tema. Ha planteado que, con la menstruación, se eliminan contaminantes ambientales y le da una función más allá de la de preparar el cuerpo para el embarazo.

Si es así, debemos dejar de pensar que la regla es sucia y vergonzante, porque en realidad nos purifica, ya que elimina elementos que dañan nuestro organismo. Sólo queda esperar que se investigue y que podamos saber algo más sobre esta chica de rojo, incómoda y silenciosa, que nos seguirá acompañando a todas las mujeres gran parte de nuestra vida.


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