pablo y pedro

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

Opinión, Política

‘Spanisches’ Requiem

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Pocos recursos son tan útiles para entender la humanidad que nos rodea como la literatura. Clásica o contemporánea, histórica, novelada o futurible, da lo mismo. Siempre nos propone un ejercicio de bricolaje intelectual en el que, con nuestras propias herramientas y materiales, construimos mundos cercanos, lejanos o imposibles que en el fondo nunca dejan de ser una extensión de nosotros mismos, en el milagro de nuestra rotunda singularidad

Y toda esa literatura, la buena y la mala, se organiza con un cuidado exquisito en la eterna e infinita Biblioteca de Babilonia de Borges, siempre Jorge Luís Borges, de cuya órbita solo es posible salir a través de espirales concéntricas. La literatura, ventana al conocimiento a la que hay que asomarse con espíritu crítico y un pie atrás so pena de aquijotarse, nos lleva de la mano de Borges a mirar a la cara una de las más oscuras sombras de nuestra especie en su cuento Deustches Requiem. En él se aborda cómo la barbarie y la sinrazón son tan propias al género humano, que el holocausto acaba por ganar un cariz de circunstancia casi inevitable. Así, desde el púlpito de la Alemania nazi, nos resultó imprescindible cometer las mayores atrocidades para poder sacar en claro que, en efecto, se trataba de atrocidades. No eran alemanes, eran personas. No dábamos para más.

Pues de aquella pandemia ideológica, a esta nuestra pandemia que no me atrevo a calificar. Tal y como entonces, asumimos verdades no contrastadas, vivimos en la penumbra informativa, cumplimos con instrucciones de dudosa utilidad y nos dejamos llevar por líderes abyectos cuyo aliento huele igual que lo que besan. Altavoces e imágenes demasiado confusas… Vamos por caminos que no queremos recorrer, pero continuamos avanzando. Este es el Spanisches Requiem. Esta es la fría realidad de una piara que reza para que llueva el Día de San Martín. Al igual que en aquellos alemanes, de nuestra naturaleza se desprende, inevitable, que caminemos en el error por este valle oscuro, ensordecidos por el ruido blanco que nuestros medios de desinformación producen.

De poco parece haber servido que, entre psicotrópicos, Aldous Huxley nos legase su profético Mundo perfecto. Muchos de nuestros absurdos cotidianos ya los veía venir él, punto por punto, coma por coma. Intentó prevenirnos, pero quizás sea necesario tropezar de nuevo, tropezar como lo haría un alemán. El Spanisches Requiem, así como la gripe española en su día, se extiende fuera de nuestras fronteras por toda la sociedad occidental, y conste que reniego de consolarme en el mal de muchos.

En todo caso, por ahora hemos decidido no hacer nada. No dar ningún paso, no abrir esa puerta que nunca antes fue abierta y que si uno no abre, nunca nadie abrirá, quedándose cerrada para siempre en un lugar olvidado del universo, tal y como al oído nos susurraba Borges. Siempre Jorge Luís Borges.

Desde los medios y de manera latente, se traba mientras tanto nuestro paso. Para los de siempre, España va bien. Así, cuantas menos puertas se abran por parte de sujetos anónimos, mejor. Cuanto más convencidos estén los ciudadanos de que nada pueden alterar, cuantas más dudas tengan, cuanto más sientan que no están preparados, que no son capaces, en el fondo que son unos impostores, más dóciles serán. Se nos suministran altas dosis de un combo mediático que, en forma de realidades mejoradas, alimenta nuestro síndrome del impostor y, con él, nuestras dudas. Realidades mejoradas que nunca son la nuestra, a las que no pertenecemos y que merman la confianza de cada individuo ya sea por su aspecto, su grupo de pertenencia, sus orígenes, su trabajo, su forma de hablar… todo vale. El fin es fomentar poca confianza en cada uno de nosotros, no sea que decidamos abrir esa puerta, no sea que decidamos decir basta.

Gente brillante

Y el hecho es que tenemos un país que rebosa gente brillante, más de 40 millones de personas capaces de cambiar el mundo, de hacerlo mejor, mucho mejor. Personas que están agazapadas, dudando, con recelo en ocasiones, a decir lo que piensan o actuar como deben, o en el peor de los casos, agarradas a certezas itinerantes, circunstanciales, con las patas cortas. O sometidos a mentiras. Personas víctimas todas ellas de una realidad supuestamente mejorada que es la del marketing y a la que nunca acabamos de pertenecer por completo, ese es el truco. Compre, suscríbase… es la zanahoria que nunca se alcanza porque se ha colocado fuera del alcance. Mientras tanto, en el océano cada vez hay más plástico, más basura y más gente que huye de las bombas lanzadas por quienes se reparten el petróleo, petróleo que compraremos para repostar en nuestro coche con el beneplácito del personal. La realidad mejorada es insostenible, es una mentira, otra más.

Usted señor, señora, usted no es un impostor ni una impostora, usted es brillante. Y lo es a su manera, en lo suyo, por suerte para toda la humanidad. Independientemente de cuanto dinero se gaste en ropa o en su coche, independientemente de su salario. Independientemente de su nivel de inglés y de todo lo que aún pueda mejorar, porque puede. Eso no le define. Con su estatura, con su peso, con su familia o sin ella, con sus orígenes y con sus proyectos que nunca fueron ridículos. Nunca lo fueron. Usted es brillante. La criba tuvo lugar hace mucho tiempo, en el momento de su concepción, cuando dejó atrás a millones de aspirantes. La criba fue allí y no ahora. A partir de aquel exacto momento, usted se ganó el título de persona brillante. Por eso respire y levante la vista, tómese su tiempo y considere que siempre puede dar un paso al frente. Hay una puerta, su puerta, que le aguarda.


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