ser feliz

La felicidad se consigue desde la paz interior.

Educación, Opinión

¿Ser, estar o tener?

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Si cada persona se preguntara: ¿cómo soy? Habría millones de respuestas, pues somos únicos e irrepetibles. Se puede pensar que la pregunta es algo baladí, mas no lo es. Tiene verdadera importancia que hagamos introspección, porque nos descubrirá tal como somos, nos acercará al «conócete a ti mismo» filosófico (Tales de Mileto, 624-546 a C). Y esto será el principio, conocer la materia de la que estamos hechos, conocer nuestra mente, porque de ella va a depender -diría al 100%- el rumbo de nuestra vida, y el que alcancemos la felicidad viviéndola de forma plena, sintiéndonos útiles

No lo dudes, hemos sido creados para ser felices. No esperes encontrar en este escrito un ensayo sobre la felicidad; pero sí hallarás palabras que te hagan reflexionar y algún que otro consejo. Hablábamos de ser felices, sigamos en ello.¿De qué depende que lo seamos o que no lo alcancemos?  Pues prácticamente, casi en exclusiva, de ti mismo, de la actitud que adoptes ante la vida. La idea o definición de felicidad es simple, sencilla: la enuncia cada persona cuando intuye su paz interior.  Esto llega cuando ha descubierto que el verdadero objetivo en esta vida es el empeño que se pone en ser cada vez mejor persona para ser útil a los demás. No hay nada más gratificante que ayudar.

El mejoramiento personal se va adquiriendo al cultivar y adoptar actitudes positivas; piensa en algunos ejemplos repetidos en refranes y escritos: «Si quieres recibir ayuda, presta la tuya; si deseas ser perdonado, perdona; si pretendes atención, escucha a los otros; para sentir paz interior, ten buena conciencia en tus actos…». Cultiva en ti pensamientos (o actitudes) positivos; lucha contra, y desecha los negativos.

«Mientras vivas, sigue aprendiendo a vivir»

Nos dejó dicho Séneca: «Mientras vivas, sigue aprendiendo cómo vivir». Aprender a vivir es aprender a ser (no a estar, ni menos a tener). Hay personas que luchan, corren, trabajan para obtener algo; pero cuando lo tienen, resulta que no les llena y van a por lo siguiente y no les satisface, y sigue así la cadena y no están satisfechos, porque el mero poseer no tiene finalidad en sí mismo, es algo exterior; persiguen metas sin alma, ignorando que la verdadera calidad está en el interior, que es necesario vivir con sentido. ¿Por qué a veces se vive tan rápido que no tenemos tiempo para pensar? 

Es necesario imponerse a sí mismo la disciplina para hacer lo que tienes que hacer -que no siempre es lo más cómodo, lo que te gustaría- pero que es lo correcto: a esta actitud le llamaremos responsabilidad. En la vida -con sentido- tan importante o más que lo que haces, es «el cómo o el por qué lo haces«; serás percibido -más que juzgado- por ese cómo o ese por qué. Da lo mejor de ti, recogerás el 100% de la estima de los demás. No hagas caso a la voz interior de tu ego. Tu tarea en toda la vida no será hacer muchas cosas, sino hacerlas bien o hacerlas para causar un bien.

No seas de los que van rápido por la vida: piensa

No quisiera pecar de reiterativo al contarte la siguiente historia y te ruego que, si ya la conoces, la ignores y sigas leyendo: tres hombres están trabajando en una cantera de piedras para la construcción; los tres trabajan duro y sudan.  Alguien que los observa lanza a cada uno la misma pregunta: «¿Qué hace usted?». Uno responde: «Ya lo ve, estoy picando piedras». Otro dijo: «Estoy ganando el jornal para mantener a mi familia». El tercer interrogado contestó: «Estoy construyendo una catedral». Son tres motivaciones, actitudes o modos de ser muy distintos para la realización de la misma tarea. No es difícil de entender. No seas de los que van rápido por la vida: piensa.

Las personas pueden ser clasificadas en normales o extraordinarias. Seguro que te planteas: de acuerdo, quiero ser del segundo grupo, ¿pero cómo se llega a ello? Mi respuesta es: trabajándotelo; porque si algo que importa se persigue con tesón, acaba consiguiéndose. Recuerda, por ejemplo, ¿cómo aprendí a montar en bicicleta? Pues actúa, ahora así, con las actitudes que quieras añadir a tu personalidad actual: la amabilidad – por ejemplo- se adquiere a base de ser amable en tu entorno más inmediato y, luego, amplía el círculo; te sorprenderás del resultado que logran las palabras de agradecimiento, de aceptación, de buen talante… Y llegados a este punto, te animo a ponerte en marcha: escribe una relación (no muy extensa) de varias actitudes que crees que mejorarán tu forma de ser, que te harán mejor persona; pon los medios para conseguirlas, no todas de golpe, hazlo una a una, con calma, con corazón. Te deseo un gran éxito.


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3 comentarios

  1. ¡Inspirador artículo! Me ha permitido poner pausa en este tiempo (que a veces siento pasa tan rápido) y pensar detenidamente… y así reflexionar sobre la importancia de la disciplina, de mirar hacia dentro para tomar consciencia de que tenemos control sobre nuestros pensamientos y en consecuencia mejorar, sanar, nuestra libertad y felicidad…gracias!

  2. Una reflexión muy clara y sencilla, gracias!!!

  3. Avatar Rocio R.

    Un artículo muy necesario, y que adquiere aún más valor cuando tomamos consciencia de que está escrito desde la experiencia de una vida entera. ¡Gracias!

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