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Un dibujo que muestra a una persona sensible. / GETTY IMAGES

Opinión

Sentido y sensibilidad

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Cuando se está en el subsuelo no hay miedo a que la caída pueda ser más profunda. Hay veces que el dolor es tan evidente que hasta brilla y saca chispas de una electricidad acuática. No hay conductor de energía que se pueda comparar al desamparo. La soledad sólo es acogedora en estos momentos, donde un zulo puede provocarte una sobredosis de oxígeno

No temáis la incomprensión, temed perder vuestra esencia. No dudéis de lo que sabéis que sois, dudad de lo que os dicen que sois. La tristeza no es mala compañera si se la compara con las personas que te la provocan. La rabia es luz natural si te hace producir una energía que no sabías que llevabas dentro. Dicen que muerto el perro se acabó la rabia, pero el refrán no dice que son los hijos de perra los que te la provocan. Marchaos con el conflicto a otra parte, cuando para el enemigo el conflicto sois vosotros. La huida hacia delante sólo tiene sentido cuando tiene esta razón de ser. Irse con la dignidad a otro lugar donde mimarla y hacerla más fuerte.

Dostoievski escribió Memorias del subsuelo. En mi recuerdo va sobre alguien al que se le ha parado su alma en el sótano de su ser. Está dentro de un ascensor imaginario y en una de sus paredes hay un teléfono al que llamar para este tipo de emergencias. Lo malo es que estamos en el siglo XIX y en este momento el teléfono móvil es un invento que ni a Leonardo Da Vinci se le hubiera ocurrido. En el siglo XXI este tipo de dolores siguen teniendo una solución que se desconoce.

El alma es la nada prehistórica que viaja en un cuerpo con forma de nave espacial. El dolor no es malo, lo es el miedo. Intentad no sentirlo. El miedo no es algo que tengamos de manera natural, sino que nos lo transmiten los demás. Cuando os deis cuenta de que una de esas personas generosas están deseosas de provocároslo, respondedles con la ceguera que demuestran sus corazones. Lo que no se ve no se debe temer. La imaginación puede sernos traicionera, pero no lleva detrás un cuerpo (humano).

No pretendáis ser felices

No pretendáis ser felices. El cobijo es lo importante. Ese estado de duermevela donde la realidad tiene forma de sueño hecho a nuestra imagen y semejanza. Cuando puedes tocar la calma, las olas del mar se convierten en colchonetas en las que flotar mientras se les refleja la luna. Es cuando ésta se descompone por su parte menguante y baja a darse unos baños. A veces es confundida con los tiburones, pero las aletas lunares en las sopas de los chinos amarillearían demasiado sus estómagos. Todo estómago debe ser una cueva abierta al hambre. A la física, a la poética, a la soñadora, a la viajera, a la romántica, a la artística… En definitiva, si te siguen rugiendo las tripas es porque el león que llevas dentro todavía tiene ganas de luchar.

No temas el vagabundeo callejero. Nadie mira al que no tiene a donde ir. Piérdete por las calles oscuras y estrechas. Busca a las ratas y trata de arrebatarlas el queso mohoso de sus bocas. No te gusta ver cómo se mal alimenta un animal de la dignidad de este. Bebe de manera moderada. La belleza sucia pierde todo su esplendor cuando se está embriagado y sólo personas como tú sois conscientes de su existencia.

El arte es un callejón sin salida. La parte de atrás de la sociedad. Lo que se oculta de quien no lo vería ni aunque lo tuviera a un palmo de la cara. Dejad que os ayuden, pero no se lo pidáis a cualquiera. Como dicen en las películas americanas, cuando una persona es arrestada por un policía, «cualquier cosa que digas puede ser utilizada en tu contra». Pues lo mismo pasa cuando se pide ayuda a quien no se debe, ten por seguro que será utilizado en tu contra. No ataques. Defiéndete. Sé sutil, grácil y liviano en las formas y en el fondo. Pasa desapercibido. Que no hablen de ti acabará siendo una bendición y, si sólo lo hacen de vez en cuando y es para criticarte, es que las cosas las estás haciendo demasiado bien. No odies. Déjate llevar. Las nubes grises son el asfalto que pisas, pero todas las nubes blancas son las almohadas donde recostar tu cabeza.

Algún día, en tu habitación, podrás recordar lo que fue, lo que será o lo que podría haber sido. Mirarás hacia la ventana mientras no haces otra cosa. El principio de Pascal y el final del ruido exterior. Dentro tendrás pocos enseres y el minimalismo se convertirá en tu única ideología y religión. Unos pocos libros y alguna libreta rellenada por ti mismo. Los ojos de Lucía que lo ocupan todo. Muestras de geles que te regalan con una sonrisa que no tiene precio, pero sí salario, esas musas que se mueven por la planta baja de todos los Corte Inglés.

Que no te molesten y no molestar es lo más higiénico que puede hacer el ser humano cuando no encuentra la bondad que debería corresponderle. Algún día este dolor te será útil, dice el título de un libro, pero como consuelo tiene poco tirón vital y filosófico. El dolor siempre es barato. Lo sufre todo el mundo y sabemos que los ricos pagan por lo exclusivo. El dolor coge valor cuando lo cuidas y te lo guardas para ti. El tonto lo es porque es ostentoso hasta para mostrar por qué lo es tanto. La sensibilidad nos cura del dolor que genera. Una retroalimentación que los que la gozamos y sufrimos sabemos que es lo único que hace que todo esto que he escrito haya tenido sentido.


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Un comentario

  1. Avatar Lucía Ramos

    Justo me estaba durmiendo
    Cuando encontré esto tan bello
    Déjate llevar me dije
    Lo repetí no sé cúantas veces …
    Y sentí llegar el profundo sueño.
    Gracias, poeta.
    Felices sueños para tí también.

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