sanchezzz

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el 40º Congreso del PSOE. / EFE

Opinión, Política

Sánchez anuncia, mirando al tendido, el fin de la prostitución

Comparte este artículo:

Capotazo mirando al respetable, gustándose en una faena que está siendo buena. El diestro Pedro Sánchez torea con ese saber hacer al que nos tiene habituados. El morlaco, negro zaíno, gacho, cornicorto y bizco, entra al engaño una y otra vez, mientras el maestro lo quita del tercio de varas como le da la gana para sacarle los mejores lances. La cuadrilla del matador, pintoresca por no decir otra cosa, le jalea tras las maderas. Pero sin duda, lo más asombroso es ver al propio toro babeando y gritando «olés» repetidamente. Sí, el toro

En ese momento habría querido despertarme, pero no era una pesadilla. Hubo congreso del Partido Socialista. ¿Se acuerda? Qué manera de gustarse, de quererse, de lanzarse gestos de cariño en los discursos, mejilla con mejilla emanando pompas en forma de corazones rosa, abrazos para los que faltan manos, porque los cuerpos andan fondones o porque las almas ya están escuálidas. Y por la noche, a exprimir el reloj en el hotel haciendo cábalas con los dedos para ver a cuánto tocan. Mamá, quiero ser ministra…

Hubo congreso y entre tanto gesto de amor, congratulación y buenismo, tuvieron tiempo para coger los altavoces y anunciar a las masas el repertorio de medidas populistas de pro que ya se sabe que siempre resultan. Entre ellas, la estrella en los medios fue la prohibición de la prostitución. Esta es de esas que queda siempre genial de cara a la galería. Ya puestos, podrían haber aprovechado y prohibir también los pobres, el extrarradio de las ciudades, las situaciones desesperadas, los cumulonimbos o el Júcar. Con este anuncio, el aparato se garantizaba una semana larga de discusiones a lo largo y ancho de las autonomías sobre el sexo de los ángeles, en este caso ángeles caídos.

La figura del putero

Cuando los políticos recurren a la figura del putero, tiran del estereotipo que tienen más a mano, el del crápula que gasta dinero negro en vicios con ayuda de un proxeneta que esclaviza y maltrata mujeres. El compañero de partido. Y efectivamente, de ese belén hay que erradicarlo todo. Pero eso no es la prostitución, eso es el abuso, la amenaza, la violencia, la trata de personas, en resumen, la delincuencia en su estado natural.

La prostitución puede ser otra cosa, una actividad ejercida por mujeres y hombres, llevada a cabo desde el mutuo acuerdo y el respeto entre trabajador y cliente, dejando atrás la demonización del sexo y sin obviar las situaciones difíciles que el trabajador pueda estar atravesando, que no desaparecen con la prohibición de la actividad (por situaciones difíciles se puede entender, por ejemplo, no tener trabajo y tener que afrontar el pago de hipotecas, facturas, comida…). Pero este asunto podría dar para un libro y no quisiera contribuir a esta discusión, artificialmente creada. No quiero entrar al trapo del maestro Pedro Sánchez y su cuadrilla de gráciles titiriteros.

Los peajes, el hachazo definitivo al ciudadano

No sé si se fijaron, seguro que sí, que pocos días después del felicísimo congreso los medios nos anunciaban en sintonía, así como quien no quiere la cosa, que lo de los peajes va p’alante. Que, bueno, que en el fondo no se preocupe porque no se va a llamar peaje, así que bien. Que usted va a pagar (un poquito más) por conducir y también por los productos que se transportan por carretera. Así, el pago por el uso de las autovías ha pasado de ser una desfachatez a tomar carta de naturaleza. A pelo, sin consentimiento previo, ni mutuo acuerdo ni medidas anticonceptivas.

Claro que, por lo que sea, este asunto se les pasó mencionarlo en el congreso del partido… por lo que sea. Y mientras le vamos sacando punta a lo de la prostitución, la ley mordaza y demás temas de dudoso beneficio, aprovechan para volver a meternos la mano en la cartera y que no nos enteremos. El pago por uso de autovías nadie lo ha votado, a nadie se lo han preguntado y nadie lo ha visto en ningún programa electoral. Eso sí, quizás a alguien en Europa le ha parecido una buena idea y listo. Todo por el pueblo, pero sin el pueblo y desde otro pueblo. ¿Qué no les va a gustar? Pues entretenlos con lo que sea, que discutan entre ellos y, entre tanto, se lo colocas.

Y así, con estas estrategias de distracción, nos van toreando unos y otros, que todos son toreros, cada cual con su estilo. Y cada vez que nos llevan al engaño, medio país grita olé. En relación a los peajes, servidor no sabe si nos los vamos a comer con patatas (lo habitual) o si, por fin, nos vamos a plantar y decir esta boca es mía. En todo caso, le diré algo que no es ninguna novedad, y es que no importa si es o no aficionado a los toros: todos sabemos lo que al final les pasa.


Comparte este artículo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*